domingo, 25 de enero de 2026


 

VERA BRITTAIN

 

 

La mujer superflua

  

Fantasmas clamando por los corredores de los años,
recordando palabras
cuyos ecos murieron hace mucho,
y el musgo amable creció
sobre las piedras afiladas y manchadas de sangre
que cortaron nuestros pies en los antiguos caminos.

Pero ¿quién aguardará mi llegada?

Largos días atareados donde muchos se encuentran y se separan;
empujadas a un lado,
horas recordadas de esperanza;
y calles de ciudad
oscurecidas y ardientes con multitudes ansiosas
apresurándose a casa, donde espera el respiro.

Pero ¿quién me buscará al caer la noche?

La luz, desvaneciéndose donde las chimeneas cortan el cielo;
pasos que pasan,
sin detenerse en mi puerta.
Y, muy lejos,
detrás de la hilera de cruces, sombras negras
extienden largos brazos ante el sol que agoniza.

Pero ¿quién me dará mis hijos?

 

ALEXANDRA DOMÍNGUEZ

 

  

El violín de Aída

  

Mi madre tocaba el violín junto a la ventana los días de lluvia.
Con mirada atenta calculaba la mecanografía secreta del grillo
que hace sonar las cuerdas bajo el arco de crin.
El profesor de música la contemplaba en silencio,
hacía de pronto un gesto brusco con la mano
y ella se detenía y él le indicaba como debía repetir otra vez la pieza.
El invierno era largo, todas las tardes durante una hora
mi madre tomaba clases de violín. El violín de mi madre
era un Schuster & Co. que tengo yo ahora en mi casa.
A eso de las cuatro subía por la cuesta el maestro de música,
con parsimonia y paciencia se disponía a enseñarle la lección del día,
las mariposas negras del pentagrama, las estrellas de la partitura.
El invierno era largo, durante una hora mi madre tocaba el violín, llovía.
A eso de las cinco el profesor daba por concluida la batalla,
cerraba su carpeta, cogía su abrigo, intentaba encontrar la puerta.
Yo lo veía desde la ventana bajar por la cuesta como si se fuese abrumado
hasta que se perdía entre los árboles su lenta figura vestida de negro.
El invierno era largo, a eso de las seis mi madre abría de nuevo el estuche,
sacaba su violín, comenzaba a hacer sus deberes de música, llovía.
Algo ocurría entonces que no debe ser comprendido,
algo que jamás debiera ser explicado,
la música del cielo, el canon de la lluvia hecho luz en sus manos.

 

 

GRACIELA MATURO

 

  

Joan Báez canta

Fray Luis de León

  

Joan Báez canta, canta.
Su voz es una lanza de amor que horada el aire
y abre un estuario de de oro con lirios y amarantos.
Allí mi amor se pierde
se pierde en el amor.
Joan Báez canta la balada
del amante que aún no ha regresado
del perdido en la noche
de la dulce, pálida enamorada
que espera entre lo algodonales de Virginia.
Canta Joan Báez los cantos de los pueblos
su hermandad de naufragio.
Canta un canto de piel oscura y suave
canta un canto de miel
y llora un canto
que habla de que un hombre va a morir
y es un sollozo
de amor, una gota de fuego que vibra y resplandece.
Las lágrimas son zarzas de dolor, pero ahora
son perlas satinadas que ruedan
por lo oscuro del alma.
Joan Báez canta, canta.

 

EMMANUEL HOCQUARD

 


afuera
Recuerde

las ruinas
la hierba seca
el sol a las tres
fatiga
y la casa del poeta trágico

 

 

CLAIRE GOLL

 

Nunca más

  

Nunca más una rosa será una rosa,
en lugar de ella, tiernos pétalos de flores revolotean:
marchitos párpados de muertos.

El sol está sepultado contigo,
La luna -ahogada en el estanque de lágrimas-
no saldrá más mientras yo viva.

Nunca más un mirlo será un mirlo,
los suaves pasos de los difuntos
apagan para siempre su canción.

La extraviada sonrisa de las estrellas
-en peregrinaje desde hace tres siglos-
eleva mi dolor hacia la noche.

Nunca más seré la amiga del viento.
Yo lo maldigo
a causa de su olor a podrido.

 

 

MAX JACOB

 

  

La lluvia

  

El señor Yusuf ha olvidado su paraguas
El señor Yusuf ha perdido su paraguas
A la señora Yusuf le han robado su paraguas
Tenía un pomo de marfil su paraguas
Me ha entrado en el ojo el pico de un paraguas
¿Acaso no he dejado mi paraguas
Ayer tarde en vuestro paragüero?
Tendré que comprar un paraguas
Yo que nunca utilizo paraguas
Tengo un guardapolvo con capucha para la lluvia
Señor Yusuf tiene usted suerte de apañarse sin paraguas.