"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 20 de enero de 2026
GERMÁN ESPINOSA
Observación
de paso
Voy
a tomarle el pulso al día
e indagar cosas de la calle.
Niebla
azul en la madrugada
y el hollín que asciende en la tarde.
Mujeres
armadas de acíbar,
hombres que van hacia el desastre.
Locomotoras imposibles
cuyo silbo enrarece el aire.
Qué hago viviendo en esta tierra
que no pisó jamás mi padre
RALPH CHUBB
Viva
efigie de la raza humana
Viva
efigie de la raza humana,
la más bella en forma, en espíritu como una espada,
¡Muchachos! Lloro al veros tan deshonrados,
arrancados de vuestro parque de arroyos y praderas
para morir en la sangrienta piedra del altar del comercio.
Lloro solo por vosotros; a nadie más le importa.
¿Qué clase de amor es ese que más os ama
cuando menos sois vosotros mismos? Yo amo en vosotros
la misma disolución que otros odian.
Amo al animal voluntarioso en vosotros;
vuestra traviesa maldad es mi deleite.
Os amo como amo a la salvaje ardilla,
a la salvaje tórtola que el horrendo cazador asesina,
al ruiseñor que matan para comer su lengua,
a la juguetona foca, cuyo pellejo sus hembras roban.
Juventud, que del linaje humano podéis cantar más dulce,
no osáis alzar vuestra voz por miedo al escarnio,
porque no sabéis distinguir amigos de enemigos.
Hay un arte en la desobediencia.
Rescataos a vosotros mismos, luego salvar a vuestra hermana querida,
más débil que vosotros, que los ghouls han esclavizado por completo.
Vosotros, ghouls, que adoráis la mediocridad,
vestís la bella carne con fealdad,
vosotros mismos todo panza y trasero por mala vida
(llamadlo buena vida, guiñad, y todos asentís)
¿Convertís la imagen de Dios en indecencia?
Deliciosa forma de juventud, amo vuestra vista,
vuestro tacto, vuestro sonido, vuestro aroma, vuestro sabor, vuestro todo—
vuestra cabeza, con cabello rebelde, mejillas y barbilla suaves,
labios, orejas y fosas nasales tiernos, ojos luminosos,
pestañas y cejas, garganta y nuca,
hombros y axilas sabrosas con sudor,
pechos anchos con pezones, brazos, muñecas y manos,
vientre y ombligo, espalda y omóplatos,
acariciables nalgas bien formadas, ingles y caderas,
genitales colgando en un racimo abajo,
muslos gruesos y rodillas, espinillas, tobillos, pantorrillas y pies.
Hablo a la mujer.—¡He aquí vuestro rey!
¿Más bello que vosotras, que los aduladores necios lo nieguen!
¡Observad su mirada altiva, las espadas de luz centelleante
que juegan en torno a su ceño esbelto y ansioso!
Todo lo que vosotras tenéis, él tiene en mayor medida
de bien y de mal, en carne y espíritu a la vez.
En especie sois lo mismo, en medida menos—
salvo en vuestra diferencia. ¡Gloriosa madre, cómo
mi corazón se funde en vuestro corazón de llama rojiza!
El amor del hombre y el joven es como dos fuegos,
de madre e hijo, dos arroyos fuertes y suaves,
el amor del hombre y la doncella, un riachuelo lento.
¡Oh! Mi mente nada; todas las imágenes se disuelven
en motas danzantes. A través de una multitud abigarrada
fluyen y brillan; ahora un gallardo joven,
desnudo, triunfante, apartando con su pie
un montón de maderos, instrumentos destrozados,
libros, estatuas rotas, palacios derrumbados;
y mujeres, niños y hombres mayores
inclinándose ante él y todos gritando:
“¡El más digno de plena vida es quien disfruta la vida más plena!”
Y él respondió en lo alto: “¿Hay alguien aquí
de ser más pleno que yo? ¡Me inclinaré ante él!”
ANA PÉREZ CAÑAMARES
Nunca le preguntes el camino a quien ya lo
conoce:
corres el riesgo de no perderte.
Najman de Breslev
Si
hay continentes en el charco helado
si
el liquen es la selva en miniatura
si
el gato juega como un travieso Buda
si
imparte el cuervo lecciones de física
si
también por las vistas se elige el lugar del nido
si
en los brazos del aire sestean los vencejos
si
ilumina la luna los pasillos del bosque
si
al elefante muerto le hacen un velatorio
(si
hay saber y empatía
más
allá del lenguaje
gozo,
deleite, placer
de
la mano de lo útil):
aquel
que piensa que lo sabe todo
mejor
dé media vuelta
y se
enfrente a su sombra.
De:
“Seronda”
LISETTE VEGA DE PURCELL
Caléndula
Mi
cuerpo se fundió con la flor de la montaña
Los grillos cantaron una estridente sinfonía
Y yo en el centro de la flor carnívora
veía cuando la sangre del venado fluía
como líquido de líquenes envenenados.
Esa
flor era la perdición de mi morada
Envuelto en el silencio vegetal del bosque de la cima
Llovían setas moradas tiñendo el aire de caléndulas
Oh flor perversa,
Explica el revés de tu significado.
Todos
los elementos en concierto danzan
La danza macabra de la Muerte.
De:
“Eterno movimiento”
EDWARD CARPENTER
A
la orilla
Toda
la noche junto a la orilla.
El agua oscura, las largas líneas blancas de espuma avanzando, el susurro y el
golpe, los jadeos del mar, el olor punzante del océano,
el gran aire lento moviéndose desde el horizonte distante, la inmensa maravilla
del espacio, y el suave dosel de nubes.
Los golpes desmayados continúan—la somnolencia del océano continúa:
las largas inhalaciones—las cortas, bruscas exhalaciones—el silencio entre
ellas.
Soy un pedazo de la orilla: las olas se alimentan de mí, vienen a pastar sobre
mí;
Me alegra, oh olas, que vengáis a pastar sobre mí.
Soy un pequeño brazo del mar: el mismo sueño tambaleante continúa—siento las
olas a mi alrededor, me extiendo a través de ellas.
¡Qué delicia! Me extiendo y me extiendo. Las olas ruedan a través y sobre
mí—estallan en mi rostro y mi cabello.
La noche está oscura arriba: no las veo, pero las toco y escucho su risa
burbujeante.
¡El juego continúa!
¡Los extraños efluvios que se expanden continúan!
De pronto soy el Océano mismo: el gran viento suave se arrastra por mi rostro.
Estoy enamorado del viento—alzo mis labios hacia sus besos.
¡Qué delicia! toda la noche, y eras y eras enteras, extenderme hacia el
deslizante viento.
Pero ahora (y siempre) me enloquece con su contacto; me levanto y me revuelvo
en mi lecho, y extiendo mis brazos frenéticamente por las orillas.
Ya no estoy seguro de cuál es mi propio trozo particular de costa;
todas las bahías y ensenadas me conocen: me deslizo dentro y fuera bajo el sol
por la hermosa línea costera;
mi cabello flota leguas detrás de mí; millones juntos, mis hijos, estallan
contra mi rostro;
oigo lo que dicen y estoy maravillosamente contento.
Toda la noche junto a la orilla;
y el mar es un mar de rostros.
Las largas líneas blancas suben—rostro tras rostro llega y cae ante mí—
golpe tras golpe. ¿Es dolor o gozo?
Rostro tras rostro—¡interminable!
No lo sé; mis sentidos se embotan; un trance cae sobre mí—
¡me estoy desprendiendo!
Soy un pedazo de la orilla:
las olas se alimentan de mí, pastan sobre mí, mi sensación se concentra
extrañamente en cada punto donde me tocan;
me alegra, oh olas, que vengáis a pastar sobre mí.
Estoy desprendido, me desengancho de la costa;
me he vuelto libre—floto fuera y me mezclo con el resto.
El dolor, el agudo deseo aferrado, ha terminado—siento seres como yo a mi
alrededor, me extiendo a través de ellos, me fundo en un mar de contacto.
La libertad y la igualdad son un hecho. La vida y el gozo parecen haber
comenzado para mí.
¡El juego continúa!
De pronto soy el gran Océano viviente—el terrible Espíritu de la Inmensidad se arrastra
por mi rostro.
Estoy enamorado de él. Toda la noche, y eras y eras, y para siempre, derramo mi
alma hacia él en amor.
Me extiendo más y más para siempre, para poder tocarlo y estar con él en todas
partes.
No hay fin. Pero una y otra vez me enloquece con su toque. Me alzo y arraso mis
límites.
Sé, pero ya no me importa, cuál es mi propio cuerpo particular—todas las
condiciones y suertes son mías.
Por la siempre hermosa línea costera de la vida humana, por todas las orillas,
en todos los climas y países, por cada recodo y ensenada,
bajo la mirada de mi amado Espíritu me deslizo:
¡Oh gozo! por siempre, siempre gozo.
No tengo prisa—toda la eternidad es mía;
con cada uno me detengo, con cada uno moro—contigo moro.
El aliento tibio de cada vida asciende junto a mí;
tomo el hilo de los dedos cansados y continúo con la labor;
los pensamientos más secretos de todos son míos, y míos son los pensamientos
más secretos de todos.
Toda la noche junto a la orilla;
y el aire fresco sopla con el alba.
La noche mística se desvanece—pero mi gozo no se desvanece.
Me levanto y arrojo una piedra al agua (oh mar de rostros, en vosotros arrojo
este poema)—y me vuelvo tierra adentro por la playa susurrante.
EDILBERTO DOMARCHI
El
silencio no es oro
Cuando
tiembla de impotencia reprimida
y no se rompe el cráneo
contra la muralla de cemento
para condenar al ladrón
con toga y zapatos,
cuando se harta y bebe como un puerco
cuando deja pudrirse
el trigo en el granero
cuando compra una torre y calla
al ver a los pillos fumando sangre
y se muere tranquilamente en su cama.
