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viernes, 26 de febrero de 2016

OTILIO VIGIL DIAZ




Visión lunar



Señora luna yo te he visto:
sobre las cumbres altivas;
sobre las cataratas bravías;
sobre los ríos musicales y errabundos;
sobre el mar veleidoso y pérfido;
sobre las lagunas extáticas;
sobre las envergaduras de las naves perdidas;
Señora luna yo te he visto:
sobre los caminos polvorientos y sabios;
sobre las ruinas solitarias;
sobre el plumaje de los cisnes dormidos;
sobre la pampa inmensa;
sobre las tristezas de las necrópolis;
sobre los campamentos bárbaros;
sobre el marfil de los cadáveres;
sobre los charcos de sangre;
sobre las carroñas de las bestias;
sobre los jardines solitarios;
sobre el espejo de las fuentes olvidadas;
sobre el dolor de los hospitales;
sobre el arabesco de los frailes;
sobre los pámpanos de las fiestas;
Señora luna, yo tengo un anhelo exótico y profundo:
quiero verte dormida, sobre las gemas de sus ojos y sobre las pálidas ojivas de sus manos góticas.




sábado, 20 de febrero de 2016

OTILIO VIGIL DIAZ




Tímpano de la montaña



Mi querida,
que es una negra retinta,
dulce y armoniosa como el cuello de una cítara
de ébano,
con pulpa de coco en la sonrisa
y esencia de mandrágora en los dobleces,
me aguardó en la talanquera
para decirme:
«el cabrón ha muerto».
En un lecho de piedras,
junto a los corrales,
pulido por su cuerpo velludo y rijoso,
está tendido el padre
y señor
del aprisco.
La luna de anoche amortajó su cadáver,
y el sol de esta mañana,
calentó las esponjas de sus barbas patriarcales.
En los libros de amor de Publio Ovidio Nasón
aprendió el arte de amar,
y conquistó mil borregas
con la siringa de Pan.
Para que no coman de su lúbrica carroña
famélicos canes,
le haremos exequias griegas en la sabana.


domingo, 14 de febrero de 2016

OTILIO VIGIL DÍAZ,




Rapsodia 
Para Guillermo González



Árboles de la villa blanca de San Carlos:
uno,
dos,
tres,
cuatro,
cinco;
cinco aortas llenas de sangre;
cinco basílicas de misteriosas sombras donde descansa mi ánimula desgarrada por las zarpas atorrantes de la hora;
cinco ánforas de perfumes que lactan las blancas y azules serpientes de mis sueños y mis quimeras;
cinco jarrones de verdes y perfumados aceites de frescura;
lámparas piadosas, jocundas a veces y a veces tristísimas;
estáticas a veces, y a veces movibles como velámenes;
a veces repujadas de oro de estrellas o de plata lunar;
¡estradivarios metafísicos, simbólicos violencelos!... al pasar el viento sus crines por la urdimbre de vuestros ramazones, he sentido el misterio de las selvas solitarias;
las arengas de Matatías, el guerrero bíblico;
  las quejas de Leopardi;
    las lágrimas de Kociusco;
      los siete sellos de Emerson y las crueldades de Marte;
Árboles de la villa blanca de San Carlos;
en la armonía pitagórica de la alta noche, he sentido los festines de Nínive y Babilonia;
he visto los estercoleros de Job y los círculos candentes del Dante;
a Mercurio y Schiarlock pesando oro;
a Moloch y Nernrod bebiendo sangre:
a Artel y el Marqués de Lafayette estribando en el pegaso alado...
Árboles de la villa blanca de San Carlos:
cipos fantásticos de mi nostálgica necrópoli ideal, yo he cincelado en vuestras cortezas y en mi alma: no hay que perder la esperanza...




lunes, 8 de febrero de 2016

OTILIO VIGIL DÍAZ




Profesión de fe



Cansado de alambicar mi arte y mi vida, aspiro a simplificar mi vida y mi arte;
quiero realizar este milagro sin reducir mis desequilibrios
ni suprimir mis cálcinomas interiores;
hacer la cifra sin contarla;
tener lo mismo:
uno,
cien,
mil,
que un millón o nada;
vivir cerca de los animales, y muy lejos de los hombres;
tener por música, la música del mar, la música de las estrellas y la música de mis clavicordios interiores...



martes, 2 de febrero de 2016

OTILIO VIGIL DÍAZ




Arabesco



Yo no deseo glorias ni riquezas: solo anhelo
perpetuarme en un poema rojo como tus labios,
blanco como tus manos.
Yo no deseo glorias ni riquezas: solo anhelo
perpetuarme en un poema sereno como tu frente,
sedoso como tu pelo,
búrneo como tu garganta,
heroico como tus senos.
Yo no deseo glorias ni riquezas: solo anhelo
perpetuarme en un poema breve como tus pies,
nephante y rítmico como tus ansias: un
poema que tenga: el alma de Jesús
de Nerón, de Nietsche
de San Francisco de Asís
de Santa Teresa de Jesús
de Lucrecia, Cleopatra
y Salomé...