"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 20 de mayo de 2026
RÓMULO AUGUSTO MORA SÁENZ
Por
qué no tomo más
Le
dije ¿Por qué has toma’o? ¿Por qué has toma’o hijo de una gran?
¿Por qué has toma’o?,
Y mi pobre hijo dando los ojos vuelta por el espanto me dijo
-No me pegue, no me pegue papasito, no me peeque,
Yo he toma’o, yo he toma’o, yo voy a seguir tomando,
Yo voy a seguir tomando porque quiero verla,
Quiero verla a mi madre como uste’ la ve.
-Comprenden ¿POR QUÉ NO TOMO MÁS?!
ISAAC ROSENBERG
El
vertedero del hombre muerto
Los
carros en picado sobre la senda rota
resonaban con su carga oxidada,
erguidos como coronas de espinas,
y las estacas herrumbrosas como viejos cetros
para contener la riada de hombres brutales
sobre nuestros queridos hermanos.
Las
ruedas se tambaleaban sobre muertos tendidos,
pero no les dolía, aunque crujieran sus huesos,
sus bocas cerradas no emitían queja.
Allí yacen amontonados, amigo y enemigo,
hombre nacido de hombre y de mujer,
y los obuses lloran sobre ellos
de noche en noche y ahora.
La
tierra los ha esperado,
todo el tiempo de su crecimiento,
inquieta por su descomposición:
¡ahora por fin los tiene!
En la fuerza de su fuerza
suspendidos — detenidos y retenidos.
¿Qué
feroces imaginaciones encendieron sus almas oscuras?
¡Tierra! ¿han entrado en ti?
En algún lugar deben haber ido,
y arrojado sobre tu dura espalda
está el saco de sus almas
vacío de esencias heredadas de Dios.
¿Quién los lanzó? ¿Quién?
Nadie
vio la sombra de sus espíritus agitar la hierba,
ni se apartó para dejar pasar la vida a medio usar
fuera de esas narices condenadas y de esa boca condenada,
cuando la rápida abeja de hierro ardiente
sorbió la miel salvaje de su juventud.
¿Y
nosotros, arrojados a la pira chillante,
caminamos con pensamientos intactos,
nuestros miembros afortunados como alimentados de icor,
siempre pareciendo inmortales?
Quizá cuando las llamas nos golpeen con fuerza,
un miedo ahogue nuestras venas
y la sangre sobresaltada se detenga.
El
aire resuena con muerte,
el aire oscuro escupe fuego,
las explosiones no cesan.
Sin tiempo ya, hace unos minutos,
esos muertos avanzaban con vida vigorosa,
hasta que la metralla gritó: «¡Fin!»
Pero no para todos…
Algunos,
en dolores sangrantes,
llevados en camillas soñaban con el hogar,
cosas queridas borradas por la guerra de sus corazones.
¡Tierra
maníaca! aullando y volando, tus entrañas
abrasadas por el fuego dentado, el amor de hierro,
la impetuosa tormenta de amor salvaje.
¡Oscura Tierra! ¡Oscuros cielos! balanceándose en humo químico,
¿qué muertos nacen cuando besas cada alma muda
con relámpago y trueno desde tu corazón minado,
que el propio hombre cavó y sus dedos ciegos soltaron?
REYNALDO LACÁMARA
Muralista
En
un ramo de rostros
está lo vivido y lo deseado
con la brocha se alzan los anhelos, los dolores, la bandera;
y en una ola viene el invento más puro
la verdad del que tiñe la memoria
sin transigir con los dolores.
El
futuro viene en la luz danzando.
FÉLIX LUIS VIERA
Candorosas
putas de mi patria
Candorosas
putas de mi patria
lejos, desde esta gigantesca ciudad yo las saludo
yo las amo en la distancia
muchachas que soñaron como yo una vez con el porvenir del oro
equitativamente repartido.
Putas mías
putas filólogas ingenieras médicas economistas lánguidas
licenciadas
que se han vendido a un italiano gordo dueño de un taller de mecánica
a un gastronómico sueco
a un trailero mexicano
a un canadiense que corta el césped de los jardines ajenos
a un español especialista en longanizas
a un portugués ratero
yo las quiero putas mías
yo las quiero y les canto y soy vuestro defensor
muchachas
adolescentes
cuyos padres les dijimos que el hambre jamás entraría en vuestro reino
puesto que era
asunto de otras latitudes
cuyos padres les aseguramos
que aquellos que hoy las poseen por cuatro dólares
eran miserables sin valor para construir un porvenir ausente del oprobio
cuyos padres les aseguramos
que cantaríamos a las cinco de la tarde
cada día
en las colinas que levantábamos donde habríamos de cultivar flautas y
guitarras
Putas de la patria mía
muchachas adolescentes licenciadas en proyectos perdidos
yo las quiero
y las convoco a seguir amando cuando llegue el momento.
JOSÉ PARRILLA
Rey Beber
Escribidme
la muerte, apuntad al suelo las pistolas; enten-
ded, entended la tragedia del vaso alto con whisky y la con-
ciencia de su belleza.
En la mesa, hay un cenicero de metal, corazón, colillas con res-
tos de saliva, rouge, música, besos, pista de Rialto, noches, noche,
frío, sábado, puerto, mujeres, hombres, policías, pitadas, cantos.
Busco
un ratón, un avestruz, o un indio.
Busco
las patas de una prostituta joven, en un cabaret blan-
co, y busco vacas con garganta, ternura colgada de la come-
ta, en manos del muchacho verde.
Que
hacen a esta hora las niñas de los patios, ester, y
mary, y betty y ann onetti.
Pueden haber muerto de repente con una muerte tierna de
sombrilla.
Pueden estar llorando, despacio, o abriendo y cerrando los
ojos para conocer la oscuridad de la noche.
Una
niña mea en cuclillas después de catorce años de
nacer. Qué ruido.
Todos
están muertos detrás de las paredes, todos van a
morir lentamente, como el agua, o las tres y diez de la maña-
na, con una muerte tierna, sin sonido, de sombrilla.
URIEL CASSIANI
Luciérnagas
bajo las uñas
Recién
adormecida la tarde, padre
santigua pequeños limoneros,
varasantas, trupíes, bongas.
Sonriendo despacio confiesa:
Abuelo enseñaba después de cortar el arroz,
de reunir sosiegos para repartirlos a los suyos,
o mientras descifraba el porvenir ajeno
en el rumor del fuego levantado por los leños.
Mostraba con rezos, los otros rostros de la luz.
Padre soñó una herencia para su hijo
Aunque esta fuese humilde.
Me comprendió por los tiempos,
negado para ciertos asuntos de la luz:
Sólo sirvo para cortar girasoles,
simular con ellos pequeños soles en las manos,
atrapar luciérnagas para esconderlas bajo las uñas,
despertar temprano, esperando sorprender un fuego
más inocente que sus oraciones o el alba.
