Luciérnagas
bajo las uñas
Recién
adormecida la tarde, padre
santigua pequeños limoneros,
varasantas, trupíes, bongas.
Sonriendo despacio confiesa:
Abuelo enseñaba después de cortar el arroz,
de reunir sosiegos para repartirlos a los suyos,
o mientras descifraba el porvenir ajeno
en el rumor del fuego levantado por los leños.
Mostraba con rezos, los otros rostros de la luz.
Padre soñó una herencia para su hijo
Aunque esta fuese humilde.
Me comprendió por los tiempos,
negado para ciertos asuntos de la luz:
Sólo sirvo para cortar girasoles,
simular con ellos pequeños soles en las manos,
atrapar luciérnagas para esconderlas bajo las uñas,
despertar temprano, esperando sorprender un fuego
más inocente que sus oraciones o el alba.
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