XIV
Señor,
tu palabra guarda
los alientos de oro
de las espigas
y resplandece en el corazón
del hombre
nos libera de hecatombes: quédate aquí Señor.
De:
“Abedules de luz”
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
XIV
Señor,
tu palabra guarda
los alientos de oro
de las espigas
y resplandece en el corazón
del hombre
nos libera de hecatombes: quédate aquí Señor.
De:
“Abedules de luz”
XVIII
En
plena noche te imploro, Señor:
¡De mis tristezas vengo
y a la esperanza voy;
eres el río caudal
Señor del Alba
que nos ampara!
De:
“Abedules de luz”
VII
Si
el rocío desliza
en las hojas
proclamando tu nombre, Señor
elevaré mi grito
a tu corazón de amor,
implorándote la salud.
De:
“Abedules de luz”
X
Confiados
en ti Señor,
cruzaremos la tempestad
en la luz de tu palabra;
en tu presencia
que es suave brisa,
a tu regazo.
De:
“Abedules de luz”
XIII
Tu
mirada Señor,
luz de esperanza
nos alumbra el alma,
así como el sol, al olivo irradia:
así úngenos, cúbrenos,
sálvanos Padre Dios.
De:
“Abedules de luz”