lunes, 18 de mayo de 2026


 

RÓMULO AUGUSTO MORA SÁENZ

 


 

Quereme chinita

 

Quereme chinita
como yo te quiero….
No sias remilgada, no sias tan esquiva,
puñao de virtudes, piacito de cielo!…
Decíme una cosa: ¿Por qué te desgustas
cuando yo a tu laíto me asiento?;
por qué no dejarme que pase la tarde
viéndome en las niñas de tus ojos negros

 

 

ISAAC ROSENBERG

 


 

Al regresar, oímos a las alondras

  

Sombría es la noche.
Y aunque tenemos vida, sabemos
qué amenaza siniestra acecha.

Arrastrando estos miembros angustiados, solo sabemos
que este camino envenenado conduce a nuestro campamento —
a un pequeño y seguro sueño.

Pero escucha: alegría — alegría — extraña alegría.
¡Mira! las alturas de la noche resuenan con alondras invisibles.
Música cayendo sobre nuestros rostros alzados.

La muerte podría caer de la oscuridad
tan fácilmente como la canción —
pero solo la canción cayó,
como sueños de un ciego en la arena
junto a mareas peligrosas,
como el cabello oscuro de una muchacha que no sueña ruina,
o sus besos donde una serpiente se oculta.

 

REYNALDO LACÁMARA

 

 

 

Valparaíso

  

(La semilla)
Eres
un sol entregado a los almendros
una simiente que el año confirma,
esta es tu primera arcilla.
El minero de Marga-Marga
aún le arranca estrellas a la noche
con una mano colgada
a un gesto indócil de pregunta.

Entre las amargas entrañas
la primavera más injusta.
El destino subterráneo
prepara al hombre de sal.

 

FÉLIX LUIS VIERA

 

 

 

Mis hijos me envían cartas como si el hijo fuera yo


Mis hijos me envían cartas como si el hijo fuera yo,
me aconsejan que no beba, que fume poco, que no salga en las noches,
que escuche rancheras y corridos
en soledad.
Un año sin ver a mis hijos tiene el peso de todas las guerras,
me ha matado mil veces,
un millón de veces he visto mi sangre correr por los tragantes.
Mi hijo es dorado como una espiga dorada
y sus ojos tienen el color emergente después de la furia,
él ha sido tierno y cuando tenía 9 años
yo le escribí un poema pidiéndole que nunca abandonara esa ternura
y así lo hizo,
él fue mi gran amigo y me enseñó a jugar como yo no sabía
y hoy seguimos siendo amigos y si ya no podemos jugar juntos
nos escribimos cartas con las reglas del juego que vendrá,
estamos tan seguros de la esperanza que ya no nos importa la esperanza.
La voz de mi hija se escucha por doquier en la enorme ciudad,
es la voz de tantas muchachas y del Primavera que canta en el fresno
y son sus ojos los del colibrí que a diario viene a saludarme en la ventana,
yo he visto su voz en los cientos de aviones que parten el cielo de la noche,
he escuchado sus ojos
en los violines que dictan la penúltima lágrima,
en mis cartas le he dicho que se cuide de los poetas de la patria,
que se cuide de los poetas,
son los poetas los que afirman que la patria es una naranja
son los hacedores de nuevos emblemas
son entes peligrosos que anidan debajo de los nidos
son veleidosos, promiscuos, inconstantes
y siempre se hallan seguros de amar a la hija del poeta,
pero son también le digo quienes saben fabricar la pólvora que salva las
heridas,
son los que aman.
En mis carta le aviso
que se cuide del Cuervo:
que le obedezca
que le asienta,
las barbas del Cuervo están teñidas de azul
y con ellas el caza a las muchachas que andan en busca de su príncipe,
y con sus ojos rojos
mata.
Mi hijo y mi hija
nunca han tenido una pecera.

 

JOSÉ PARRILLA

 

 


 

NENA MÍA estamos desnudos

casi
y tu boca y tu lengua son /como este aire
apresado por mi mano en tus axilas,
nena con los cigarrillos los muslos
el pequeño pintado vientre
los besos escapados del humo
tuberías
mientras yo siento un dolor
/de cabeza
una luna maquinista
un amor dorsal de pitadas densas
bronce del amando tu sexo
tu ahora
tu disposición ojos antebrazo
y quererte a las cuatro y media /de la mañana
en el patio de mis piernas
conmigo y
y te quiero por el ojal del alba
por el recuerdo de un ángel /parturiento
por tu calor de tren de naipes
por el por la duda el despido
y tu cara aún y
mi boca en tu boca tu sexo.

 

URIEL CASSIANI

 

 

Camino de girasoles

  

Regresaron los muertos,
con noticias.
Con razones de la luz.
Cada uno de ellos, una rosa en sosiego.
Una estrella naciendo.
Escucho su hondo descanso
como una música nueva que cae.
Sorprendo rostros conocidos.
Descubro un camino de girasoles
marcado de la sala hasta el patio.
Regalaré mis libros…
La cama de lienzo,
el guardapaño,
las sonrisas sencillas,
los saludos más sublimes.
Porque antes de la próxima luna llena
marcharé en la fila con ellos.