lunes, 29 de junio de 2026


 

BORÍS HRÍSTOV

 


 

Tristeza

 

Adónde ir, dónde escondernos en la ciudad,
en esta sala estival de espera.
Ni un ave se atreve a cruzar el aire;
si la chasqueas, cualquier piedra se encenderá.

Transcurren lentas las horas de la tarde,
como si alguien aprendiera a tocar;
y se quiebran contra los barcos azules
tatuados en nuestro pecho.

Bajo el sombrero ardiente del sol
de dos en dos sin fin erramos,
con la espera eterna y triste
de pensadores de provincia.

Se seca el río, pero seguimos plantados
en el silencio fervoroso del puente.
Y largamente filosofamos, discutimos
sobre la flora y fauna del océano.

  

De: “El solitario”

 

 

BERNARD SPENCER

 

 

 

Parte de la abundancia

  

Cuando ella lleva la comida hasta la mesa y se inclina
—haciéndolo por amor— y sirve la sopa con su buen
olor que hace cosquillas, o el frito guiñando desde el fuego,
y yo levanto la vista, quizá de un libro que estoy leyendo
o de otro trabajo: hay una importancia de la belleza
que no puede explicarse por el aquí y el ahora,
y me asalta, aunque nunca separada de la bienvenida
de la comida, ni de la gracia de sus brazos.

Cuando pone un manojo de tulipanes en una jarra
y vierte agua y aparta hacia un lado
los tallos erguidos y las hojas que se oyen crujir,
o los afloja, o los sostiene en alto para mostrármelos,
de modo que veo el enredo de sus cuellos y cálices
junto a los rizos de su cabello, y el cuerpo contra el que reposan,
y el tallo de la pequeña cintura alzándose
y floreciendo en la forma de los pechos;

Ya sea trayendo las flores o la comida,
ella ofrece abundancia, y es parte de la abundancia,
y ya la vea inclinándose, o apoyándose con las flores,
lo que hace es tan antiguo como los siglos, y ella no es simplemente,
no, sino hermosa de esa manera.

 

PERCIVAL EVERETT

 

 

 

18 Molto allegro

Fa menor

  

Un calabozo, una fosa,
Una almohada sin cabeza

Esfuérzate hasta el descanso, anhela
Ese hoyo

Ese final, hondo, hondo,
Ponedme con la cara hacia abajo

La luz baja, la oscuridad
abajo en ese hoyo

El hoyo donde
El agua es llana

  

De: “Sonetos para una tonalidad perdida”

Versión de Mariano Peyrou y Daniel Peyrou

 

ALFREDO ZITARROSA

 

 

 

 

Dile a la vida

  

Para tanta soledad me sobra el tiempo;
dile a la vida que viva;
tu recuerdo no se muere ni yo siento
más que penas conocidas.
Para tanta soledad me sobra el tiempo;
dile a la vida que viva.
En mi alma muchas veces un momento
se abre una puerta dormida,
yo no sé si sacudida por el viento;
sé que se cierra enseguida,
y en la celda donde vivo
siempre encuentro tus flores desvanecidas.

Cuando volvamos a vernos
no sangrarán tus heridas;
yo he pagado tu dolor con el infierno,
tu amor con toda mi vida.
Para tanta soledad me sobra el tiempo;
dile a la vida que viva.
No me traigas esas flores ni preguntes
si te arranqué de mi vida,
en la negra oscuridad donde te hundes
mi corazón te vigila.
No me traigas esas flores ni preguntes
si te arranqué de mí vida.
Tus amores, nuestro amor y el
pensamiento,
son canciones enemigas;
yo sé bien cuáles son mis
sentimientos,
no quiero más despedidas.
Para tanta soledad me sobra el tiempo
y el tiempo sí que te olvida.
Cuando volvamos a vernos, etc.,
dile a la vida que viva.

 

EMILIO ORIBE

 

   


Invocación del poeta a la noche

  

Noche, profunda noche, dame tu leche eximia
para llenar con ella la copa de las rimas.

Noche, pánica noche, dame tus uvas negras
para colmar el vasto lagar de las ideas.

Noche, orgullosa noche, dame tu ceño adusto
para imprimirle eterno carácter a mi orgullo.

Noche, insondable noche, dame tu sombra enorme
para estar defendido del odio de los hombres.

Noche, callada noche, dame tu astral semilla
para ilustrar el barro de la esperanza mía.

Noche, virgínea noche, dame tu himen perfecto
para arrojarlo al fondo de mi fe, y esconderlo.

Noche, cóncava noche, dame tu curva etérea
para hundir en los cielos las luces de mis flechas.

Noche, gallarda noche, dame tu pelo undoso
para llorar a solas ocultándome el rostro.

Noche, materna noche, acógeme en tu seno
para encontrar más pronto la aurora que yo espero

Noche, ¡gigante noche! tú me darás mi aurora.
Más que todos tus dones, ¡quiero esa luz gloriosa!

Si no me das la joya que germina en tu entraña,
noche, egoísta noche, mejor no me des nada!

Ya te lamentarás, si no me satisfaces.
Ya te lamentarás por siglos a millares.

Oh, noche, pues, verán tu perenne desgracia
las esfinges que obstruyen el camino del alba.

¡Oh noche! Yo te invoco y dicto mi sentencia:
si no me das mi aurora, quedarás sin estrellas.

Pues rasgaré los bordes de tu urna invertida,
antes de tiempo! ¡Triunfe la eternidad del día!

 

INMA CHACÓN

 

 

 

Proemio

 

Volverán a dibujarse las estelas
en el azul del tiempo.

Volverá la espuma a dividir el horizonte
entre lo que se quedó por vivir
y lo vivido
entre la caricia del sueño
y el abrazo del agua:
el mar
(estrecho
para las manos amigas
y prohibido
para los que no pueden rozarlo con los labios).

Volverá el viento que nos mece
y nos arrastra

la luna
en cuarto menguante y retadora

los dragones alados

el foso navegable
que nos protege de miedos antiguos

la frontera
donde nos golpeó la visión de la miseria

el laberinto
donde nunca nos perdimos
con su olor a especias
y a sherezades
que no vivieron las mil y una noches.

Volverán
yo sé que volverán

la memoria será generosa
como siempre
y guardará el perfume
de todos los frascos derramados.

  

De: “Fronteras”