lunes, 29 de junio de 2026

EMILIO ORIBE

 

   


Invocación del poeta a la noche

  

Noche, profunda noche, dame tu leche eximia
para llenar con ella la copa de las rimas.

Noche, pánica noche, dame tus uvas negras
para colmar el vasto lagar de las ideas.

Noche, orgullosa noche, dame tu ceño adusto
para imprimirle eterno carácter a mi orgullo.

Noche, insondable noche, dame tu sombra enorme
para estar defendido del odio de los hombres.

Noche, callada noche, dame tu astral semilla
para ilustrar el barro de la esperanza mía.

Noche, virgínea noche, dame tu himen perfecto
para arrojarlo al fondo de mi fe, y esconderlo.

Noche, cóncava noche, dame tu curva etérea
para hundir en los cielos las luces de mis flechas.

Noche, gallarda noche, dame tu pelo undoso
para llorar a solas ocultándome el rostro.

Noche, materna noche, acógeme en tu seno
para encontrar más pronto la aurora que yo espero

Noche, ¡gigante noche! tú me darás mi aurora.
Más que todos tus dones, ¡quiero esa luz gloriosa!

Si no me das la joya que germina en tu entraña,
noche, egoísta noche, mejor no me des nada!

Ya te lamentarás, si no me satisfaces.
Ya te lamentarás por siglos a millares.

Oh, noche, pues, verán tu perenne desgracia
las esfinges que obstruyen el camino del alba.

¡Oh noche! Yo te invoco y dicto mi sentencia:
si no me das mi aurora, quedarás sin estrellas.

Pues rasgaré los bordes de tu urna invertida,
antes de tiempo! ¡Triunfe la eternidad del día!

 

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