domingo, 19 de febrero de 2023




 

OSWALDO ESCOBAR VELADO

 

 

Elegía infinita

  

I

Antes muy poco sabía de la muerte;
creía que los muertos
morían indiscutiblemente.

Y es que pensaba que la vida era
como una ondulación; un movimiento;
un agitar de sangre
cruzándonos el cuerpo.

Y eso me decía: si el corazón detiene
su palabra, el pomo de la sangre
se quiebra como un vaso y la vida
se escapa.

Antes creía que morirse era
un convertirse en polvo; un retornar
al barro conmovido;
un volver a los ríos, ser nuevamente
arena
o sonoro
guijarro.

Pero hoy que has muerto,
mi dulce muerta
viva,
ni eres polvo,
ni arena,
ni sonoro guijarro.

Tú no has hecho sino entrar,
definitivamente, con leve roce
de ángel
por la anchurosa
puerta de la vida.

Desde que tú cerraste la humedecida
hiedra de tus ojos,
entonces, aprendí,
lo que vale la luz, lo que vale todo
el encendido fulgor de las estrellas.

Yo creía que los lirios
eran suaves, pero toqué tus manos
en el sombrío muro de la muerte
y entonces supe
lo que es la suavidad de transparente.

No sé por qué lloramos muertos
a los que como tú
viven perennemente a nuestro lado,
inmortales en la luz que los sostiene.
Impulsando nuestros pequeños
actos cotidianos.

Mostrando
la difícil luciérnaga
de la bondad del hombre.
Para mí tú no has muerto.
Es imposible que te crea muerta.

 

VII

La vida
no es una mujer bailando en un espejo;
ni tampoco un payaso en el país del oso.
No es un hombre que llora frente a una lámpara
ni un gerente que firma cheques y luciérnagas
ni un soldado que apaga su magnolia de sangre
en la trinchera.

La vida es algo más; trasciende de la carne
y entonces toma su verdad eterna,
su palabra de niebla se deshace
y surge inapagable para siempre
más allá de la muerte y de la sombra.

La vida verdadera se sostiene
en los ojos dormidos de los muertos.
No tengo a nadie
que comparta conmigo
la mesa de mi angustia; mi rodaja
de luna que en mis sueños
había; ardo en mi soledad
como una lámpara; lloro
como el viento llora
pasando entre los árboles;
soy un mar asombrado quebrando
sus espejos; todo lo que quería
se perdió para siempre. De qué sirven
los cuadros familiares: de qué el negrito
alegre comiendo su sandía;  de qué la orquídea
sin tu mano pura y de qué la cosecha
de la finca; de qué mi cigarrillo
inseparable si su ceniza
permanece muda; de qué mi llanto al fin
si no tengo pañuelos; de qué mi novia en junio
si yo muero en mayo; de qué la vida
sin un muro alegre de violetas;
sin tu sonrisa iluminando todos
los senderos del mundo.

Estoy casi a la altura
donde la razón apaga su luciérnaga
o esconde su semilla. Estoy a un paso
de la niebla y voy a herirme
en esta soledad sin litorales.
Sin embargo,
hay algo que me impulsa
a continuar viviendo.
Y yo sé que no estoy equivocado:
es el amor al pueblo
que me viene de ti como una rosa
imperativa y dulce,
necesaria y eterna.

Con este amor tan grande
es imposible que te crea muerta.
Y sin embargo lloro hasta romper la noche.

 

NOVICA TADIC

 

  

3

  

En un patio cualquiera,
yace una gallina
crucificada.

 

De: “Pequeño catálogo de imágenes”

 

JUAN RAMÓN MOLINA

 

  

Nada es todo

  

Hermano mío en el arte y en la lira sagrada,

que de la vieja estigia, sentado en un recodo,

me dices que las cosas de este mundo son nada,

pero que las del otro, las del celeste, todo.

 

No siembres esa lívida seta emponzoñada

en mi jardín de sueños, con tan amable modo,

sino una vid de vida, de racimos cargada,

que de alegría deje el corazón beodo.

 

ELISA HUEZO PAREDES

 

  

Se hace tarde

  

Se hace tarde ya.
Repentinamente caen las sombras
pero no me sorprende ni entristece
la cercanía de la noche.
El amanecer fue lento en su avance.
El mediodía esplendoroso, ardiente
deslumbrante y veloz.
Luego fue disminuyendo la luz cegadora
como si la catarata del tiempo
lo fuera opacando poco a poco.
Llegó el crepúsculo maravilloso
y se adueñó de todo prontamente…
Ha sido tan hermoso
que querría verlo surgir de nuevo
con sus ópalos y violetas teñidos
de oro y grana.
¿Se ha detenido más de la cuenta
para que yo le siga viendo?
Cuánto tiempo más durará
alejando la noche y continuar luciendo
sus increíbles carmines y azulosos púrpuras?
El crepúsculo sigue todavía
pero la noche extiende ya casi
su brazo poderoso.
Se hace tarde a pesar de los fulgores
y sorpresivos destellos.
Pero yo no estoy triste ni sufro pesadumbre
por la cercanía oscura que vislumbro
Cuando la noche llegue, inevitable,
yo estaré dormida.

 

 

TOMÁS ANDRÉU

  

 

Luz en la penumbra

  

Allá abajo, en la oscuridad,
mi pensamiento tropieza y, lerdo, se desploma.
Una luz se ahoga y es lodo sobre los ladrillos.
Tengo ojos en el tacto,
veo lo que no soy.
La pequeñez es un sueño grande:
tiene la estatura del ala de un águila hecha carroña.
El horizonte tiene rostro, es un camino sin sentido,
un reloj que marca ciegamente un tiempo,
el sueño roto de un niño que nunca nació,
una estación sin tren.
Lo bueno de ser bello
es que la tierra te abraza con fuerza:
es una loca que ve hijos en cada puñado de polvo.
Abajo en la oscuridad, el pensamiento canta
Y la angustia, estoica, sonríe victoriosa.
Agradecé a esta libélula de luz, agua y sal.
Toda la mirada que te brindó mientras robaba polen,
aquí, abajo en la oscuridad,
donde el miedo acaba.

 

RENÉ E. RODAS

 

 

Trueque

  

«Poco tengo que ofrecerle a tu poesía». Así dijiste:
«Mi amor, mi juventud». Te conté de un amigo que habla
del “lucrativo negocio de la poesía”. Y hoy fue cierto.
En ti mis versos han encontrado quien ame su canto.

 

De: “La balada de Lisa Island”