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lunes, 29 de noviembre de 2021

DIEGO VALVERDE VILLENA

 

 

Metro de Chicago

 

 

A lo largo del viaje
la mujer de tu vida se te escapa repetidas veces,
siempre en el lado opuesto de la vía,
en el otro andén,
en la otra cola,
saliendo del museo o del restaurante cuando tú entras:
un segundo de vacilación es suficiente.

 

martes, 23 de noviembre de 2021

DIEGO VALVERDE VILLENA

 

 

Un poema

 


Mis ojos y mi boca recorren tu cuerpo como ejército de insectos.
Pierden pie en el mercurio de tu piel, se levantan
vadean hoyuelos persiguen atajos
caen en las trampas móviles que tiendes
clavan banderas de ardor y de deseo
en las cotas vencidas
almacenan pedazos de tu calor para pasar el invierno
anegan cada rincón con miles de patas diminutas
pueblan todo con rigor milimétrico
parcelan en hexágonos tu piel de cera
trazan mapas detallados, abren caminos
arman pontones para vencer
el vértigo de tu hermosura.
Conquistan para rendirse,
para postrarse
como bárbaros arrodillados ante la faz del Basileus.

 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

DIEGO VALVERDE VILLENA

 

 

 

Mapa

 

 

Ese mapa que me diste
de tu corazón
es como uno de esos mapas turísticos:
todo lo hermoso
está cerca
y las calles son cortas
y las rutas diáfanas.

Pero luego
las distancias no corresponden
hay calles que no están señaladas
y los caminos son complejos
e intrincados.

Y ya es muy tarde, porque me he adentrado
en la ciudad, y no hay vuelta
atrás.

Tus ojos miran muy lejos
y ya no me sirven de referencia.
Me he perdido
irremisiblemente.

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

DIEGO VALVERDE VILLENA

 


 

Escondidas

 

 

El territorio es el mundo.

En cuanto al tiempo,
no basta contar del 1 al 100.
Puede pasar mucho
–créanme–
mucho tiempo.

La multitud de rostros
aturde.

Cuando uno ha contado más de 3.547
–si llegó a tanto–
suele desistir
desesperanzado,
o creer que el juego no existe.

Es bueno no dejar de ser niño
y creer en los juegos.

 

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

DIEGO VALVERDE VILLENA

 

 

El zarpazo de Dios

 

 

De un zarpazo Dios te muestra el mundo.
Él lo hace así, como jugando,
y te inocula el veneno de la percepción.
Ya toda la belleza se ofrece ante tus ojos
y el amor posible
y la fe necesaria para que hagas milagros.
Tu piel muta y también tus colmillos
y la caza menor te deja insatisfecho.
Dios con su zarpazo te ha hecho de los suyos
y estás absoluta, tremendamente solo.