"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 18 de marzo de 2023
MARCELO MOREYRA
Ciudad
de arena
Se
desangran las estrellas
en los jardines de Oriente
las ventanas se han quebrado
arriba ya no es celeste
en los ríos flotan ojos
las montañas ya no duermen.
Ali
Babá, confundido
en los escombros se pierde
en cada piedra encantada
más ladrones aparecen
para incendiar su turbante
y embriagarse con las mieles.
El
desierto ya sucumbe
bajo los buitres de siempre
en las calles y las plazas
los ángeles ya no crecen
sus piernas fueron cortadas
con filosos barriletes.
En
la ciudad de los vientos
llega la calma de muerte
llega el arroz con cianuro
la savia blanca, la peste
las sectas liberadoras
la libertad en papeles.
Al
pueblo de antigua magia
le irán sacando los puentes
robando sagradas prendas
de dioses y de mujeres,
con aliento petrolero
con jeringas y billetes
sobre las cruces y ruinas
resplandores de Occidente.
El
amo del mundo busca
mucho más de lo que tiene
saldrá luego por los niños
los paraísos agrestes
a deglutir la memoria
y a vomitar en las gentes
a encadenar las palomas
los templos y amaneceres.
Bagdad
ya no queda lejos
es una marca en la frente
es un lamento de arenas
y de quimeras que duelen.
La paz ya no queda cerca
los lobos por ella vienen.
DANA GELINAS
Lápida
para una mujer liberada
Como
Diana, primero una flecha
al centro de un hombre;
como Penélope,
tejer la tela de araña;
caminar siempre un paso atrás,
como Eurídice;
salir del baño, como Afrodita;
leer de noche, como Minerva;
amar a una bestia, como Pasifae;
cultivar en exclusiva la tierra de tu casa, como Gea;
predecir la infidelidad, como Casandra;
vengar al marido, como Hera;
memorizar uno a uno los rasgos de Narciso, como Eco;
todo para morir en tu país
sin que te lapiden…
como a una extranjera.
ÁNGEL MARÍA GARIBAY
El Ahuehuete
PATRIARCA
de los árboles, tus frondas
sacudidas por vientos milenarios,
asemejan girones de sudarios,
o nupciales, deshechas, blancas blondas.
¿Quién
dirá los recuerdos que tú escondas?
¿quién los archivos hallará en tus varios
enormes troncos? ¿quién en los santuarios
penetrará de tus raíces hondas?
Tú
guardas el silencio de los siglos,
de mil razas repites el lenguaje
y, año tras año, inconmovible avanzas.
Fingen
tus ramas lúgubres vestigios,
mas tu florido trémulo follaje
es un pulmón cuajado de esperanzas.
ALBERT SAMAIN
La
ranita
Al
recoger un fruto de la hierba en que explora,
Cloris ha descubierto de pronto una miedosa
ranita que, temiendo con razón por su suerte,
en la sombra se suelta de pronto como un muelle,
abre y cierra las ancas, y en menos que un instante
da un salto entre las fresas, pasa entre los tomates
y corre hacia la charca donde, husmeando el peligro,
una a una sus hermanas pronto se han sumergido.
Ya diez veces ha estado Cloris por atraparla
debajo de su mano bruscamente cerrada;
pero otras diez veces, más rápida y más lista,
ha logrado esquivar sus dedos la ranita.
Cloris la tiene al fin; ¡Cloris canta victoria!
Con los ojos azules de su madre, la hermosa
ríe de cara al azul; bajo el ancho sombrero
corre el arroyo doble de sus rubios cabellos;
tras el velo de oro, rosas en sus mejillas;
y en sus labios se muestra la más clara sonrisa.
Es curiosa y observa, no puede no advertirlo,
el extraño contacto del cuerpo vivo y frío.
La ranita la mira fijamente, temblando,
y Cloris, que ya arriesga poco a poco la mano,
se conmueve al sentir, vuelto loco de miedo,
el corazón que late con fuerza entre sus dedos.
BARRY GIFFORD
Mi Padre
El
día
que él murió,
mi
abuelo, el padre de mi madre, se sentó
en la cocina
a
beber
té;
había
migajas de pan
en su regazo
mientras
lloraba.
Hijo de la muerte, miré
por
la ventana
de la sala
en
busca del gran
coche azul.
ROXANA CRISÓLOGO
Retorno
al perro que me ladra
a la
interminable resaca
a la neblina de creer
a
mis vecinas
que me llaman me repiten convencidas
esta vez sí es verdad
a la
picazón que urge
al impaciente rumor de estas palabras
al barro que le da forma original a nuestros nombres
al
desierto que se prolonga
en la insatisfacción de los que con esperanza
se marcharán del Sur
El
verano me murmura algo al oído
los perros saben de qué hablo
y mueven la cola
Chifa
Felicidá:
Mis
hermanas y yo venimos por un plato de comida
revuelta y refrita
como la historia del Perú
La
mezcolanza es mi patria
Recalo
en delicados cortes
de una silenciosa debilidad que alegremente
engullo
Todos
mis huesos y arterioesclerosis
bombean al unísono
la letra de un mal sabor que paladeo
y derrito
Y
quien no lo ha probado no lo entiende
y quien no entiende este amor
no sabe de la desazón
de
este inmenso plato de arroz que me mira desde su cerro
Felicidá
