Retorno
al perro que me ladra
a la
interminable resaca
a la neblina de creer
a
mis vecinas
que me llaman me repiten convencidas
esta vez sí es verdad
a la
picazón que urge
al impaciente rumor de estas palabras
al barro que le da forma original a nuestros nombres
al
desierto que se prolonga
en la insatisfacción de los que con esperanza
se marcharán del Sur
El
verano me murmura algo al oído
los perros saben de qué hablo
y mueven la cola
Chifa
Felicidá:
Mis
hermanas y yo venimos por un plato de comida
revuelta y refrita
como la historia del Perú
La
mezcolanza es mi patria
Recalo
en delicados cortes
de una silenciosa debilidad que alegremente
engullo
Todos
mis huesos y arterioesclerosis
bombean al unísono
la letra de un mal sabor que paladeo
y derrito
Y
quien no lo ha probado no lo entiende
y quien no entiende este amor
no sabe de la desazón
de
este inmenso plato de arroz que me mira desde su cerro
Felicidá
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