lunes, 8 de mayo de 2023


 

PABLO ABRIL DE VIVERO

 


 

Patética

 

Caída del éxtasis,
en el atardecer, entre pasiones e incendio,
música de silencio.

Tu frente se eleva como el fuego.

Se oyen los ríos, la corriente de la libertad y del paisaje.

La hoja independiente, la gota de agua,
iguales a un cosmos o poema.

Estás allí donde la sangre canta,
en lo desnudo del aire, en la vena del alba.

 

 

ANTONIO CILLÓNIZ

 

 

 

Un modo de mostrar el mundo

 

Acorralado
siento la soledad de un preso
a duras penas condenado
a ver por las rendijas de sus ojos
el día pero no los años,
la noche pero no los sueños,
las sombras pero no los cuerpos.
Y entre rejas, que son mis versos
-con sus mismas muñecas como esposas
y grillos ambos pies-,
hasta soy prisionero
de mis propias palabras.
A veces le hablo a las paredes
incluso cuando callo
y estas cuatro paredes me comprenden.
Por eso yo las amo.
No piensan aunque sé que existen
y entre ellas vivo preso pero libre.

Yo plasmo mi desolación
en estas palabras.
En estas palabras que después tropezarán
con gente en busca de consuelo.
Para que al menos en la soledad de mis palabras
alguien pueda sentirse acompañado
más que yo de mí mismo.

 

ALBERTO URETA

 

 

 

El dolor pensativo

 

Se quema el tiempo sin cesar. Las horas
caen hechas ceniza
y ruedan al abismo de la nada
las dichas y las penas confundidas.
Cada hora que se quema es una lágrima;
alguna vez, muy rara, una sonrisa,
y siempre una amenaza que nos sigue
y nos acecha al borde de la vida.
Si es que sufres más tarde,
si el destino de una ilusión te priva,
piensa -el poeta te lo dice-, piensa,
que al volar de los días,
cuando el pasado sea ante tus ojos
como una flor marchita,
han de quedar tan sólo
de todos tus dolores y alegrías
un recuerdo muy tenue que se esfuma
y un puñado de polvo hecho ceniza.

 

 

BENITO BONIFAZ

 

 

 

 

Al pueblo arequipeño

  

¿Venganza? ¡No! Que la venganza infama,
Y es magnánimo el pueblo y generoso,
Y el pueblo fuerte, el pueblo valeroso,
No se venga jamás.
¡Justicia! ¡Sí! Que la justicia es santa,
Y el pueblo como Dios es justiciero;
Por eso ha escrito en su pendón guerrero:
¡Justicia y Libertad!

 

 

ARTURO CORCUERA

 

 

 

La luna y su antiguo habitante

  

La Luna no es astro,
la Luna no es blanca,
la Luna no sale de noche,
la Luna no es redonda,
Ia Luna no será habitada,
la Luna nada tiene que ver con las mareas
ni con los cosmonautas,
la Luna es una flor amarilla hecha de vapor niquelado,
la Luna es el atisbo inquietante de Narciso desorbitado y loco,
a la Luna en su mansedumbre sólo le falta el cisne,
en los crepúsculos la Luna funde su metal
para enchapar la cola de las sirenas,
una mujer desnuda sumergida en un estanque
es la otra cara de la Luna,
por la cascada sabemos que la Luna precipita sus represas,
las bestias engullen la Luna en los abrevaderos,
presa de pánico la Luna acepta que los lobos
acicalen el colmillo en sus escamas,
la Luna es el ojo del náufrago en el temblor
supremo del sobresalto,
los lancheros decapitan la Luna con sus remos,
la Luna es la sombra amoratada del ahogado
persiguiendo sin sosiego a los navegantes,
la Luna ronda los sueños,
la Luna es el atajo por donde huyen los enamorados.

 

 

 

KILKU WARAK’A

 

  


 

Aflicciones de un desdichado

  

Pajarraco nocturno
Avecilla del alba
¿Qué es lo que presagias
En tu canto triste?
Si ya murió mi padre
Si ya partió mi madre
Por qué vas pregonando
La cercanía fatal
De nefastos nubarrones
El desembalse feraz
De la lluvia de lágrimas

Sanguinarios matarifes
Se llevaron a mi padre
El viento de la muerte, el de gélido soplo
Me arrebató a mi madre

De la noche a la mañana
Surgimos ocho párvulos
Que chillando sin fin
Clamaban por sus padres

Y al otro lado
Del río del llanto, arreados
Por la gélida brisa, los críos
Nos apiñamos allí
Para el júbilo de los infames

En el fragor de la tormenta
El mayor de los hermanos
A cada cual nos revivía
Con bocanadas de calor

Ahora también él se desvaneció
Embebido por las tinieblas de la muerte
Tan sólo ambulamos siete:
Apoyados unos
En la fuerza de otros

Oh pajarillo de las laderas
Tristísimo cantor del día y la noche
¿Qué has de contarme hoy?
¿Agoniza, tal vez, mi gemelo
Se desgrana quizás
Cual tierno choclo?

  

Nota: Kilku Warak’a, Seudónimo de Andrés Alencastre Gutiérrez