El
dolor pensativo
Se
quema el tiempo sin cesar. Las horas
caen hechas ceniza
y ruedan al abismo de la nada
las dichas y las penas confundidas.
Cada hora que se quema es una lágrima;
alguna vez, muy rara, una sonrisa,
y siempre una amenaza que nos sigue
y nos acecha al borde de la vida.
Si es que sufres más tarde,
si el destino de una ilusión te priva,
piensa -el poeta te lo dice-, piensa,
que al volar de los días,
cuando el pasado sea ante tus ojos
como una flor marchita,
han de quedar tan sólo
de todos tus dolores y alegrías
un recuerdo muy tenue que se esfuma
y un puñado de polvo hecho ceniza.
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