Un
modo de mostrar el mundo
Acorralado
siento la soledad de un preso
a duras penas condenado
a ver por las rendijas de sus ojos
el día pero no los años,
la noche pero no los sueños,
las sombras pero no los cuerpos.
Y entre rejas, que son mis versos
-con sus mismas muñecas como esposas
y grillos ambos pies-,
hasta soy prisionero
de mis propias palabras.
A veces le hablo a las paredes
incluso cuando callo
y estas cuatro paredes me comprenden.
Por eso yo las amo.
No piensan aunque sé que existen
y entre ellas vivo preso pero libre.
Yo
plasmo mi desolación
en estas palabras.
En estas palabras que después tropezarán
con gente en busca de consuelo.
Para que al menos en la soledad de mis palabras
alguien pueda sentirse acompañado
más que yo de mí mismo.
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