jueves, 27 de julio de 2023


 

MARTA ELOY CICHOCKA

 

 

 

Árbol de Alejandra

 

1.
mis poemas los hago
con mucha paciencia
una poeta no tiene
apuro no debe

2.
palabra a palabra
verso a universo
de la página a la pared

3.
en la jaula del tiempo
un amor llama a otro
una muerte a otra muerte

4.
la jaula se ha vuelto pájaro
qué haré con el tiempo
qué haré con el amor

5.
en el umbral de mi mirada
crece el árbol
transparente y no
da sombra

6.
el tallo es un cono de luz propia
centelleante en las tierras resecas
entre la opacidad general

7.
hoy me pregunté
cómo sería el mundo si
no hubiese nacido ale
aleja alejandra

8.
crece el bicho sin raíces
ligeramente obsesivo
descuartizado cada luna nueva

9.
el poder poético es tuyo
lo sabes lo sabemos
todos los que soñamos contigo

10.
dice que no sueña
dice que no sabe del sueño
del odio del amor
de la muerte

11.
ven vení quédate
un verso llama a otro
escudo de armas parlantes
elegante y agresivo

12.
dice que le tiene
odio al amor
a la muerte dice
que se aleja

13.
el verso se balancea
y oscila como un barco
gracias a vos y un poco
gracias a mí

14.
mi bicho quién te llamó ale aleja
alejandra protectora de los hombres
devoradora de las mujeres

15.
dice que la muerte
es amor es odio
dice que no
tiene sueño

16.
son tuyos o no los sueños
o inyecciones o mascarillas
o pastillas de seconal

17.
dice que un odio
llama al otro dice
que no hay odio sin
amor dice que basta ya

18.
quien corrió en moto y chocó
se echó al sol se desmayó pero
nadie lo supo y ahora le duele
todo

19.
ella no tolera más las
perras palabras el odio
la locura la muerte

20.
la maga no escribe
remedios la bella tampoco
mi bicho no sabe

21.
quien siente mucho
se jode y no encuentra
palabras y entonces no
habla y es esa su condena

22.
el árbol pagará
pagará el poema
la jaula pagará
pagará el bicho

23.
el verso se balancea
y oscila como un barco
entre el sueño y el seconal

24.
me desnudo
en el umbral
de mi memoria

25.
el poema que no digo
me come y me bebe
el bicho que no nombro
me devora y me olvida

26.
doy el salto
de mí al alba
pero no hay luz

27.
más allá de cualquier zona prohibida
crece el árbol para nuestra triste
transparencia y no sabe

28.
explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome
con el bicho descuartizado

29.
ella se canta y se encanta
ella se cuenta casos y cosas
ella se sella y se aleja

30.
no es verdad que vendrá
un cono de luz propia al final del túnel
no es verdad que no vendrá

31.
en la sombra del árbol
de alejandra una tribu
de palabras mutiladas

32.
mi bicho
fuiste tan abajo
pero no hay fondo

33.
el árbol se ha vuelto pájaro
qué haré con el poema
qué haré con el bicho

34.
aquí vivimos
con una mano
en la garganta

35.
cúrame alejandra no hagas
que tenga que morir
ya

36.
di el salto
de mí al alba
pero no hubo luz

37.
alejandra aleja ale
jandra debajo
estoy yo

38.
ven vení
quédate
en mí


De: “Alejandra Pizarnik y sus múltiples voces”

 

REZA TALABANI

 

 

 

DE MI VERGA aprende la humildad.
Cuando ve un rostro lindo, se levanta.

 

Versión del persa por Jiyar Homer, David Shook y José Luis Rico

 

 

DANIEL MÅRS

 

 


verde eléctrico

rosa ardiente

me he casado mil veces
cada uno de quienes a los que he amado
ha sido mi marido

juntos hemos flotado por el lago
les he mostrado una foto de París

allí se confeccionan trajes
los tenores caminan sobre la cuerda
fuera del camerino

en algún lugar también debe de haber una foto de mi mano
bajo la imagen está escrito:
mi mano

¿de verdad será posible?

París

mi mano

De: “Verde eléctrico”

Versión de Petronella Zetterlund

 

YAROSLABI BAÑUELOS

 

 

 

Merienda con Virginia Woolf

No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien,
si no se ha cenado bien.

Virginia Woolf

 

Hay mujeres que desayunan sin la ansiedad de los relojes,
coronadas por las lilas llevan a sus labios perfumados
nectarinas y frambuesas;
cenan filete de lenguado o cordero guisado con trufas y perejil,
celebran banquetes donde se deshuesan faisanes,
toman el té con galletas de jengibre,
almuerzan estofado de cerdo o salmón a las brasas.
Mujeres que riegan un jardín de tubérculos,
pasan el domingo comiendo roast beef y budines de Yorkshire,
fabrican hermosos picnics junto a estanques japoneses:
no pueden faltar las ostras, mermelada de naranja,
el vino y la cesta de pan.

Hay mujeres suplicando a la Virgen para acabar con la oscuridad
y la hambruna.

Mujeres que descuartizan conejos y alimentan a sus perros
con el olor salvaje de la sangre.
Mujeres preocupadas por la inmensidad de los cuerpos,
por las costillas ajenas.

Obesidad: esa epidemia silenciosa que oprime al mundo.

También existen muchachas sedientas que nacen en ciudades sin ríos,
que asan codornices para otras señoras
aunque solo han desmenuzado en su boca mollejas de pollo.
Mujeres que no pueden
comprar racimos de uvas o encender un fuego tierno
para cocinar sopa de garbanzo,
que nutren sus inviernos con los tamales de la esquina
porque la masa es más barata que la fruta.
Mujeres que siempre durmieron en una habitación ajena y masticaron
las migajas podridas de todos los banquetes.

 

SANDRA SANTANA

 

  


EN LA abertura

emerge “agua”
cuando queréis agua.

Así aprendisteis
todos a nombrar
la ausencia;

ignorando
los términos
de vuestras posesiones.
 
De: “La parte blanda”

 

ASTRID VELASCO

  

 

 
Soledad

 

1.

Temo que me infecte
con sus dientes púberes de princesa desflorada.
No volverá el blanco a su boca
ni los jazmines que escalaron de su falda hasta el cabello
serán imagen para la memoria.

 

2.

Mantenla lejos, madre,
sálvame de las promesas caducadas,
ampárame de las infaltables compañías que no querían estar.

 

3.

Se alimenta de la tierra,
borda estúpidos pregones
hasta llegar al dios que no desea nuestros rezos:
“compra, compra”.
Espera que seamos uno con la marca y el santo vendedor,
se congratula de las tarjetas de crédito,
y de tu caída, sobre todo de tu caída.

 

4.

Estos días,
se instaló en mi piel.
Observo a su minúscula lepra
desgranarme
para vaciar mi tiempo.
Ha marcado su territorio en mis labios, la muy perra,
ha dejado a la memoria
opacarse fuera de mi cuerpo,
golfa que abre las piernas
sin ofrecer sus besos.

Es mi tiña, mi vergüenza.
 
De: “Un espejo que mira hacia dentro”