martes, 25 de agosto de 2026


 

RUBÉN ALABARCE

 



Araña del olvido

 

Aborrezco que te amo.

La boca empañada balbucea,
aún lacerada en esta pelea
para que tu nombre por doquier
se encofre en lorquianas canciones,
momentos de un ayer
donde la ropa se arrancó a jirones.

Aborrezco que no te amo.

En una fosa
de amor ya enterrado,
sin aire se derrumba
mi piel abatida
bajo un verso callado.
Guarda en silencio,
sepulturero,
con clavos de acero,
mi ahínco quebrado.

Aborrezco que te olvido.

Embriagado en el recuerdo,
en una colina sin nombre,
hallo en las damas de noche
aromas de antiguas casas;
tu presencia en mi ojo.

De: “El polvo del telar”

 

NAIA ESTIBALIZ

 

 

 

No siempre sé escribir

 

En ocasiones olvido palabras
por exceso de uso.
Las malinterpreto,
si es que en algún momento
fui capaz de bieninterpretarlas,
las araño,
las mantengo en la lengua
o retumban en mi paladar
más de lo debido.
No siempre sé escribir.
Reconozco que mis dedos
se traban,
a menudo las ideas
se me enredan
y trastabillo y tiemblo
y más que palabras
sólo encuentro nudos.
Es cierto, no siempre sé escribir.
A veces faltan idiomas nuevos
que rezan,
que apuran,
que apuntan,
y disparan.
Idiomas que, si me preguntan,
juraría que no conozco.
No siempre sé escribir,
ninguna palabra alcanza
si lo que quiero decir
es tu cuerpo
y arena entre los dientes,
y penumbra,
y todos los atardeceres,
y memoria en las pestañas,
y mañana
no seré quien soy
si hoy
he sido nosotras.

De: “Bajo una luz amarilla”

 

ANDREA BERNAL

 

 

 

Mundo

 

El mundo deshaciéndose en un cordel.
Mientras no miramos
quién lanza lluvia,
envuelve,
detiene el tiempo o lo persigue.
Cuando un mundo se descubre ciego,
otros mirlos ya lo atrapan.


RUBÉN J. TRIGUERO

 

 

 

La esperanza es del hombre

 

Desesperado,
lleva consumidos cuarenta crudos inviernos
y está agotado tras otras doce horas de trabajo.

Pero aún no tiene sueño
o al menos no quiere dormir,
porque dormir
es echar a perder la poca libertad que aún le queda.

En un cuarto desbordado,
ebrio de vino barato
y con la vigésima quinta sinfonía de Mozart
sonando en una radio que no sintoniza del todo,

aporrea con todas sus fuerzas,
aporrea enloquecido
una vieja máquina de escribir.

Sus dedos
son martillos que golpean un yunque.

Cada pulsación es un rugido,
verso a verso
construye su música.

No son poemas, es una vida.
Es su sangre la que está impresa en cada hoja sucia.
Hojas que condensan toda su historia.

Las amontona y las envía una y otra vez.
Gracias a Dios,
la esperanza es del hombre,
redime al hombre,

y acumula cartas de rechazo,
lágrimas y derrotas a partes iguales,
aunque tal vez, aún no sea demasiado tarde,

no, mientras
siga golpeando las teclas de su vieja máquina de escribir
no, mientras su corazón siga latiendo

.       y cada noche,
.       una gota de esperanza
.                   siga alimentando su espíritu.

De: “Incierta belleza del viento”

 

 

GONZALO ZURANO

 

 

 

Llanura

 

Patea una piedra
por la calle todavía húmeda.
Trata de mantenerla en su trayecto,
un viaje más o menos recto hacía algún lugar.
La piedra frena y lo espera
con la decisión que sólo puede tener
una piedra.
Piensa en las cosas que se alejan,
el calor de los cuerpos en una mañana perdida
hace años,
conversaciones en voz baja en un balcón de madrugada,
una botella de vino a medio tomar.
Patea la piedra, que se mueve sin quejas
como si lo fuera escuchando.
Él se dice para sus adentros que algunas cosas vuelven.
Ella se detiene un momento
bajo la sombra del cordón.
Una charla sin idioma
en el silencio de la siesta.

De: “El desarmadero”

 

AZUL URDANETA

 

  

 

A cuerpo entero

…and we are in bed /together /
.            laughing and we don´t care /about anything…

           
Charles Bukowski

 

 

A cuerpo entero es esta entrega
sin retrasos sin excusas
esta loca adicción de pedir siempre más
y cada pared retumba y luego enmudece
y el tronco del respaldo de la cama
se parte en la batalla y se hunde
y va a parar al fondo de este mar bravío que somos
en la vigilia y en el hambre angustiada
de cada parte de la piel
y la palabra deseo se sonroja y se va
o a veces se queda asomada
en la rendija de la puerta y mira
y cuando los huesos crujen
yo me siento frente al espejo
y nuevamente te recibo
y cuando la tierra tiembla
estábamos ya corriendo
en este desatino de tus besos
y mi intento de salir a superficie y respirar
y en los pocos instantes de mediana quietud
los pálpitos internos de la piel
es la luz que se mantiene encendida
en la línea tenue de tus ojos y los míos
y las paredes se sacuden de nuevo
y se agrietan para que el grito
busque su camino y deje
de decir su nombre
y cuando mordemos la orilla
de la noche el cuerpo
ya cruzadas las fronteras del cansancio
es transeúnte insomne y sin destino
y cuando mira atrás siempre me encuentra
en la desnudez de no saber siquiera lo que somos
pero dices te amo y me vuelvo eco
y nada se detiene por mucho tiempo
y la vida se sostiene en el aire y vuelve
como las olas del mar

De: “Halo y otros poemas”