domingo, 1 de marzo de 2026




 

IRIS TREE

 


 

De todos los que murieron en silencio, lejos,
cuando la compasión andaba ocupada en otras cosas,
ocupada en palabras, inventando cómo matar,
perturbada con derechos, errores, gobiernos y reyes.

Los pequeños muertos que conocieron un amor tan grande,
cuyas vidas fueron dulces para sí mismas, pastores
de esperanzas, ambiciones, maravillas —en rebaño—
sobre las colinas del tiempo, que ahora son tumbas donde se entierran.

De toda la ternura que fluyó hacia ellos,
una Vía Láctea manando del pecho de su madre,
estrellas fueron en su noche, y ella el tallo
del que florecieron—ahora estéril, dejada sin bendición.

De todos los besos brillantes que ellos dieron,
salpicando un resplandor secreto en las manos que adoraban,
ahora sofocados en la oscuridad de una tumba,
con el beso de la soledad y las cintas del abrazo de la muerte.

¡No más! —Y nosotros, los dolientes, no osamos vestir
el negro que envuelve en secreto el dolor del corazón,
sino que debemos ceñir el púrpura y alzar banderas brillantes,
vermellones de honor, un tren ensangrentado.

No osamos llorar, quienes debemos ser valientes en la batalla—
“Una muerte más, un día más, un palmo más de tierra—
los muertos vitorean y los tambores fantasmas resuenan…”
Los sordos son mudos y los mudos no pueden entender…

De todos los que murieron en la oscuridad, lejos,
no queda de ellos sino el AMOR, que triunfa ahora,
con los brazos en cruz hacia el día naciente,
las rosas rojas de la pasión ciñendo su frente.

 

 

JON SILKIN

 

 

 

La ciudad que somos

  

Y cuando ella no llegó, fui y compré
violetas carnosas y silenciosas que la ciudad mancha
con benceno, polvo y un dejo de suciedad picante.

Y al lavar su forma pausada cada noche,
su sombra tiñe mi mano de púrpura. Whitey, murmura.

La belleza es magistral. No te dirá
lo que hará, hace lo que
quiera contigo. Ella, sobre mí,
sobrecargando mi afecto con un temblor urbano,
ira, violación y dulzura, más de lo que jamás supe hasta ahora,
y aprendo la reciprocidad. Whitey.

 

 

AMIR HOUSHANG EBTEHAJ

 


 

El arte de transitar el tiempo

  

El mundo no comienza ni termina hoy.

Triste y feliz, oculto estás tras una cortina.

Una vez en el camino, no te desesperes por la distancia.

Arribar es el arte de transitar el tiempo.

Un viajero experimentado en ruta hacia la puerta del amor.

Tu sangre deja su huella en cada paso.

El agua quieta pronto se hunde en la tierra,
pero el río se convierte en un mar.

Esperemos poder alcanzar el objetivo.

Tantas flechas han volado desde este viejo arco.

El tiempo me enseñó a dejar ir el afecto por tu cara,
por eso estas lágrimas se tiñen de sangre.

Cuán vergonzoso es este interminable ciclo de décadas.

El tiempo trata el corazón humano como un juguete.

La caravana de tulipanes que cruzaba esta pradera
fue aplastada bajo las pezuñas de los jinetes del otoño.

El día que se ponga en marcha el aliento de la primavera,
flores y pastos nacerán de orilla a orilla.

Montaña, hoy escuchaste mi grito.

El dolor en este pecho nació con el mundo.

Cuántos alabaron la hermandad pero no la vivieron.

Dios, ¿cuántas leguas entre la lengua y la mano?

La sangre gotea mis ojos en este rincón perdurable.

La paciencia de cada día exprime día a día mi vida.

Vamos, Sayeh, no te desvíes del camino.

Una joya está enterrada debajo de cada huella.

 

 

MATÍAS ROMERO

 

  

El sueño

  

El sueño es un ensayo de la muerte,
incursión en el mundo ultraterreno,
viaje diario del alma a su hondo seno,
para ver si algo encuentra allí por suerte.

Cada día viajar y regresar,
sin hallar en la cama nada nuevo,
hallo en el sueño lo que al sueño llevo
y confundo el vivir con el soñar.

Pero no, yo sé bien que allí en la almohada
existe de seguro una salida
hacia la dimensión desconocida
y no al abismo absurdo de la nada.

Cada noche que yo voy a dormir
hago un ensayo para bien morir.

 

HARLEY EZEL

  

 

Solo observar

  

Amueblado los asientos de una función,
un smoking negro infligiendo temores,
las acuarelas se vuelven blanco y negro,
consejos voraces de una sola voz apagada,
dispersados los alientos de lobos feroces.

Sin poder amar…
Sin poder avanzar…

Sin poder pronunciar palabra alguna,
solo anhelo continuar conmigo,
sin atisbar qué sucederá,
estrambóticos payasos me llaman,
me abstengo para no caer en delirios prolongados.



ALICE LARDÉ

 

  

El baño

  

El oro de mis trenzas desato presurosa,
en tanto que armonioso se mece el carrizal;
y cual estatua hecha de pétalos de rosa
se copia mi figura esbelta en el cristal.

Mi pie toca la linfa y al salpicar el agua
se borra la figura y el retacito azul
de cielo que en las ondas con ella se copiaba,
y quedan solamente temblando hebras de luz.

De pronto se percibe un ruido en la arboleda
y estalla, vigorosa, mi risa musical…
he pensado un instante en el cisne de Leda,
mientras que me sumerjo feliz en el cristal…