El
arte de transitar el tiempo
El
mundo no comienza ni termina hoy.
Triste
y feliz, oculto estás tras una cortina.
Una
vez en el camino, no te desesperes por la distancia.
Arribar
es el arte de transitar el tiempo.
Un
viajero experimentado en ruta hacia la puerta del amor.
Tu
sangre deja su huella en cada paso.
El
agua quieta pronto se hunde en la tierra,
pero el río se convierte en un mar.
Esperemos
poder alcanzar el objetivo.
Tantas
flechas han volado desde este viejo arco.
El
tiempo me enseñó a dejar ir el afecto por tu cara,
por eso estas lágrimas se tiñen de sangre.
Cuán
vergonzoso es este interminable ciclo de décadas.
El
tiempo trata el corazón humano como un juguete.
La
caravana de tulipanes que cruzaba esta pradera
fue aplastada bajo las pezuñas de los jinetes del otoño.
El
día que se ponga en marcha el aliento de la primavera,
flores y pastos nacerán de orilla a orilla.
Montaña,
hoy escuchaste mi grito.
El
dolor en este pecho nació con el mundo.
Cuántos
alabaron la hermandad pero no la vivieron.
Dios,
¿cuántas leguas entre la lengua y la mano?
La
sangre gotea mis ojos en este rincón perdurable.
La
paciencia de cada día exprime día a día mi vida.
Vamos,
Sayeh, no te desvíes del camino.
Una
joya está enterrada debajo de cada huella.
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