"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 12 de enero de 2026
LUIS DÍAZ
en
esta familia tenemos un historial médico en el que abundan las mujeres con
depresión y los maridos que no escuchan que están demasiado ocupados mirándose
al espejo intentando sacarse los pelos enquistados de la barba estos mismos
hombres llegan a su vejez deseando quedarse viudos pero cuando sus mujeres
mueren se pasan lo que les queda de vida llorando se vuelven blandos como peras
podridas solo quieren que les cojan la mano ahora que las tienen suaves ahora
que ya no las usan para trabajar
De:
“Hombres con un diente de leche”
DOMINGO ZERPA
Los
arriendos
Hace
varios años,
señor tata cura,
que vengo escuchando
tu sermón de Pascua;
cada año la misma
procesión doliente,
y la misma queja
que se va del alma.
Cada
año la tierra
desnuda y sedienta
nos quita el granero,
nos priva del agua;
y en la altiplanicie
pastores y arrieros
bebemos las gotas
piadosas de tu habla.
—Amados
hermanos—
nos dices, sumiso.
—Amados hermanos:
tengamos paciencia,
recemos por todos
un Ave María,
roguemos al cielo
por nuestras haciendas.
Amados
hermanos,
repiten los cerros,
como conmovidos
por nuestras plegarias;
hasta las estrellas
tiemblan más medrosas,
y la luna llena
se pone más blanca.
Hace
varios años,
señor tata cura,
que vengo escuchando
tu sermón de Pascua;
cada año las mísmas
gotas de mis ojos,
y la voz que triste
muere en mi garganta.
Mas
hoy, ya no puedo
quedarme en silencio;
de adentro me dicen
que grite con ganas,
y adentro yo tengo,
señor tata cura,
mis padres ancianos,
mi esposa, mis guaguas.
Los
otros, quién sabe,
tal vez no los tengan,
y si los tuviesen…
yo no digo nada;
sólo Dios, que es grande,
dirá si merecen
guardarles respeto,
mirarles la cara.
Ayer,
por la tarde,
llegaron al rancho,
con botas lustrosas
y espuelas de plata;
a mi cacchicito,
que salió a torearlos,
de cuatro balazos
tiráronle antarca.
Apenas
me pude
reponer del susto,
cuando me gritaron:
—¡Coya mala traza,
pagá los arriendos
si no quieres verte
más pobre que el diablo
que perdió las astas!
Y
como temblando
yo les contestase:
—Perdón, por ahora,
me encuentro sin plata,
sin otros centavos
que estos brazos fuertes
que pueden servirles
para cualquier changa…
Los
hombres de botas,
sin oír mis ruegos,
en cuatro minutos
quemaron mi casa…
Señor tata cura,
déme unos remedios
para estos guascazos
que tengo en la cara.
LUIS ALBERTO ARELLANO
Invoque
al demonio por la mañana.
Encuentre razones para poblar la Antártida.
Tuerza sus pezones en el sentido de las manecillas
de un reloj digital.
Cambie de servicio de telefonía de vez en cuando.
Divierta a sus invitados con la colección
de historias caníbales que su familia guarda
en un arcón de plexiglás a la vista de todos.
GRACIELA MATURO
Un
Viento hecho de Pájaros
Toqué
la piedra, su opaco testimonio
anhelando su lenta seguridad compacta,
la dura perfección de su silencio.
Pero un viento volvía con crines musicales
saludando a los árboles,
removiendo los posos de mi tiniebla amarga.
Y naufragué en el aire delgado y transparente
siguiendo su hebra de oro,
buscando los minutos esquivos como peces,
naciendo en el asombro
desde el polen que crece a través de mis ojos,
desde la red de sombras que me cerca la sangre.
Un viento hecho de pájaros y de presentimientos
una marea añeja de sales y de gritos
arrasando mis tallos,
doblándome la frente con su lengua de plomo.
Suben los viejos días, las vidas en espera
de su predestinado, encendido minuto,
el agua de las sonrisas extinguidas,
la ciega podredumbre de todo entonces.
En vano es que enarboles pálidas estructuras,
que traigas su húmedos cántaros confiados, familiares,
para esta arena trágica.
Nada apaga esta sed,
este bárbaro ciervo alimentado de astros,
sorbiendo la médula de los días,
cabalgando en sus noches.
Quiero rasgar mi piel para conocer su rostro
imponerle una niebla de sosiego,
beber sus bellos ojos de lava ardiente,
nutrirlo en piedra, en ordenados muros.
Dónde nace este pájaro incesante
nebulosa de espumas,
enjambre de raíces y de fábulas…
MAX JACOB
Nocturno
Silbido
húmedo de los sapos
ruido de las barcas en la noche, remos…
ruido de una serpiente entre los juncos,
de una risa ahogada por las manos,
ruido de un cuerpo pesado que cae al agua
ruido de pasos discretos de la multitud,
bajo los árboles un ruido de sollozos
ruido a los lejos de los saltimbanquis.
HALINA POŚWIATOWSKA
la
cosa más pequeña
de
la combinación de elementos
surge una molécula de proteína
de la molécula de proteína
surge un organismo vivo
una flor
un árbol
un mono
un ser humano
los
átomos de los elementos bailan
su baile
es un plasma vivo que resucita
sonriente
con dolor
sonriente
las
partículas de los átomos
se estiran como gatos
antes de saltar
el salto es tensión
la condensación de la ola
más pequeña
¿a la vida?
¿por la muerte?
De: “Himno
idólatra”
