lunes, 12 de enero de 2026

GRACIELA MATURO

 

  

Un Viento hecho de Pájaros

  

Toqué la piedra, su opaco testimonio
anhelando su lenta seguridad compacta,
la dura perfección de su silencio.
Pero un viento volvía con crines musicales
saludando a los árboles,
removiendo los posos de mi tiniebla amarga.
Y naufragué en el aire delgado y transparente
siguiendo su hebra de oro,
buscando los minutos esquivos como peces,
naciendo en el asombro
desde el polen que crece a través de mis ojos,
desde la red de sombras que me cerca la sangre.
Un viento hecho de pájaros y de presentimientos
una marea añeja de sales y de gritos
arrasando mis tallos,
doblándome la frente con su lengua de plomo.
Suben los viejos días, las vidas en espera
de su predestinado, encendido minuto,
el agua de las sonrisas extinguidas,
la ciega podredumbre de todo entonces.
En vano es que enarboles pálidas estructuras,
que traigas su húmedos cántaros confiados, familiares,
para esta arena trágica.
Nada apaga esta sed,
este bárbaro ciervo alimentado de astros,
sorbiendo la médula de los días,
cabalgando en sus noches.
Quiero rasgar mi piel para conocer su rostro
imponerle una niebla de sosiego,
beber sus bellos ojos de lava ardiente,
nutrirlo en piedra, en ordenados muros.
Dónde nace este pájaro incesante
nebulosa de espumas,
enjambre de raíces y de fábulas…

  

 

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