miércoles, 13 de noviembre de 2019


FERNANDO FERREIRA DE LOANDA





Kuala Lumpur

a Alvaro Mutis



Arrastrado por la fuerza que lleva a las aves a emigrar,
mudo y estático,
se quedaba mirando los navios y los aviones que
llegaban y partían dándoles procedencia o itinerarios
coralinos.

De tanto soñarse pasajero, humus pretérito, cicatriz de
un deseo
remoto, tripulante o clandestino, cultivaba la
frustración, abonándola
y regándola, para segregar repetidamente el nombre de
las ciudades lejanas
en donde las imaginaba.

Envejeció a la sombra cauterizada de la continuidad
obsesiva, con el
imponderable ponderable para fustigarlo, y, opiado,
las manos, fuente de gaviotas,
ya no vibraban cuando nos hablaba de Kuala Lumpur,
los cuernos de la luna.

Sabiendo que jamás tendría alas para volar, aletas para
nadar, volvía
todos los sábados, en la tarde, al punto de observación,
donde, subyugado,
moría preferentemente una semana. Ebrio, trazaba
mapas, definía concavidades,
y bajo el peso del malogro levantaba la copa y
brindaba: kuala Lumpur, kuala Lumpur,
como algo inasible, más allá de los límites de la razón.
Y a los amigos
hablaba de Bélgica, Trinidad, Hong Kong y Port-Said
con intimidad y colores
tales, del clima y del comercio, de las calles y de las
mujeres, de los prostíbulos
y de los atardeceres, que jamás alguno se mostró
incrédulo, marineros, marginales,
prostitutas.

Hablan de su muerte; hace dos meses que no aparece:
si se mutiló, no fue del todo;
vive, fragmentado, en cada uno de nosotros, míseros y
sedentarios, adventicios
firmes en el suelo, maniatados por compromisos, a lo
superfluo.

No era humano: pájaro de ala quebrada, pez retenido
en el acuario, o vegetal,
quién sabe?


1980


MARCO ANTONIO MONTES DE OCA





New York cut
Para Ramón Xirau



Puedo ver al silencio
Completamente muerto
Con un par de escobazos.

Pero el signo que se revuelve tras la pesada caperuza
Aquello que ara y al mismo tiempo germina
Lo claro
Lo que se llama claro
Nunca lo he podido ver.

Los dioses dictan a la noche
Lo mismo que nos decimos
A nosotros mismos:
El claror indiviso ha sido siempre
Su propio gato encerrado.
De Se llama como quieras



ANA AJMÁTOVA




  
Todo me ha sido arrebatado



Todo me ha sido arrebatado: el amor y la fuerza.
Mi cuerpo, precipitado dentro de una ciudad que detesto,
no se alegra ni con el sol. Siento que mi sangre
congelada está.

Burlada estoy por el ánimo de la Musa
que me observa y nada dice,
descansando su cabeza de oscuros rizos,
exhausta, sobre mi pecho.

Sólo la Conciencia, más terrible cada día,
enfurecida, exige cuantioso tributo.
Y para responder, me cubro el rostro con las manos,
porque he agotado mis lágrimas y mis excusas.


(Sebastopol, octubre de 1916)


ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN





Cuerpo



Se intentó lo posible, lo imposible:
negarlo, sublimarlo, resaltar su vigor,
su decaimiento.
Soldar la intolerable dualidad,
exaltar en las artes sus más bajas funciones
a fin de redimirlo una vez cuando menos
de los grilletes de la opacidad.

Fue inútil. Ahí está marcando el paso,
imposible es poner cotos a un fundo
lluvioso, soleado, sibilante, en silencio.
Es igual: terco siempre y correoso,
reñido a muerte -sólo ésta fatal-
con cuanto aspire a límite o a cifra.


De: "Cordura"


DIANE WAKOSKI





Historia



Un hombre me preguntó
la historia de mi vida.
Dije
que yo no tenía
historia.
Que todas mis historias eran vidas,
como hongos,
aparentemente sin raíces,
aunque las esporas, microscópicas, que bailan
    en la tierra
como mi mano roza tu cara mientras
duermes,
               ya no son misteriosas;
y recordé que todas mis historias son una sola,
dejando a una mujer con un puñado de plata
que se vuelve luz de luna
desvanece como el aire,
desaparece con el sol,
permaneciendo ella con sus manos abiertas
y la poesía que es música,
una canción que nos ronda a todos
es lo que le queda,
su realidad misteriosamente,
quizá microscópicamente, ida
                                             para aparecer en otro
terreno pantanoso.
Yo busco al mago que entienda
lo que es invisible
al ojo desnudo,
que lea la poesía como un texto
para una nueva especie de jardín,
que convierta la luz de luna
en un puñado de plata,
en algo sólido y real,
no en ilusión,
no en viejas historias,
no en la vieja versión de la vida,
no en hongos venenosos.

Hongos,
comibles,
hermosos,
que dejan caer las esporas
y dan vida
justamente
como nosotros.
La historia de mi vida
es
que continúa.


SILVIA EUGENIA CASTILLERO





Sirenas VII



Estoy sitiada por el agua. Sus corrientes imprimen en mis piernas remolinos de oleaje. Un vaivén de algas se traga mis manos, siento hilvanarse a mi cuerpo peces de marea alta, y todo el océano invade este instante, con su textura de vulvas que se abren, su conmoción de jaramugos nadando y los caminos de cuarzos chispeantes. Veo los ojos desorbitados de los peces mutantes, la flora en silencio parece desmembrarse en harapos, hincharse en su muerte. Los erizos negros, de un negro lustroso, parecen más punzantes a mi lado.

Sólo un instante, cerrado sobre sí mismo, trae a mi cuerpo este galope de agua.