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sábado, 26 de enero de 2013

DINO G. SALINAS




  
¿Dónde está el niño que yo era?...



¿Dónde está el niño que yo era?, ahora que sé el por qué, para contárselo. Para que ilumine con su mirada mis diamantes tallados, esos que nadie mira.  Para que por cada respuesta mía me regale diez preguntas.  Para que me enseñe a querer serlo todo, a intimidarme por nada... ¿Dónde está el niño que yo era?

viernes, 25 de enero de 2013

DINO G. SALINAS





Mi nariz en medio…



Mi nariz en medio de la copa inclinada, los ojos llorosos por el vaho y la fragancia, una ola de vino rompiendo en mi garganta... Aaaahhhhh.... Salú... Ahora mi sangre es más roja, mi corazón... más vulnerable y, en mi cerebro, el hemisferio izquierdo no para de reír por una talla del derecho.


jueves, 24 de enero de 2013

DINO G. SALINAS





De pronto los abrazos…



De pronto los abrazos son más importantes que los besos.
De pronto estar juntos es como estar en casa.
De pronto cada uno moriría por el otro.
Ha comenzado el amor…
Oler al abrazar,
hacer al regalar,
sentir al hablar.
Verbo sobre verbo, así se ama…

miércoles, 23 de enero de 2013

DINO G. SALINAS






Decepción



El flaite se adentró unos días en un barrio de cuicos. Nunca una perra en una esquina, nunca una bolsa de basura, nunca un compañero para seguir las ruedas de los autos. Las pulgas eran intransferibles... “Qué saen de aventuras… qué saen…”, escribía el grafitero con su orina…

martes, 22 de enero de 2013

DINO G. SALINAS




  
María Teresa



María Teresa,
ya no hay luz en tus retinas, pero la luz te envuelve.
Ya no hay sonrisa en tu rostro, pero tu sonrisa vuela, 
se posa en las ramas y canta como los pájaros. 

Sentí tu beso en nuestra frente, 
el silencio de tu corazón 
aterciopelando cada ruido nuestro, 
el cerrar de tus ojos 
apagando cada lámpara. 

Sentí tu pausa eterna, 
los sueños que nos dejas 
(a ver qué hacemos con ellos). 

Sentí tu lástima por nuestra locura, 
tu bofetada llena de ira por lo que hacemos 
y, a pesar de todo, tu abrazo piadoso 
creyendo en nosotros, 
porque en donde estás sólo se ama. 

Sentí tu vuelo de ángel sobre mi cabeza, 
mientras te alejabas cantando 
(y sonriendo. No sé cómo lo haces): 
“No llores Tierra, no llores cuna, 
que vuelvo al Sol por ver tu ronda”.