Sueño
con una casa
Quiero
una casa donde pueda tender la luna
como un calcetín de Navidad,
pero las monedas bailan en mi alcancía
hasta volverse polvo.
Termino el día vegetando en mi escritorio,
quemando facturas que saltan
de gavetas y ventanas
y encadenando deudas que se arrastran como cascabeles.
Quiero una casa donde echar raíces
y celebrar el paso de los años,
un espacio modesto donde atesorar
los cometas felices;
un lugar sagrado donde crecer, además,
entre olas y peñascos.
Pero no basta sumar más horas
sobre mis hombros o dormir con la corbata.
Espero que el banco me sonría otra vez
y me suelte su jauría de ratas
para quedar absorto en otra tasa de ensueño,
apostar la mitad de mi vida
en una hoja bien planchada,
aun cuando apenas sobreviva
bajo el péndulo que me acorrala
y me zanja los bolsillos.
Debo tirar los dados hasta que mi sueño estalle
como una botella en el refrigerador.
Debo firmar un pacto de muerte y sonreír
porque una casa por fin estará a mi nombre.
De:
“Condeno la noche y sus perros de caza”
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