lunes, 5 de febrero de 2024


 

CARLOS SUBIRÁ

 



 

El precepto

 

Me fui del ruido con la simple meta

de hallar la soledad del eremita,

cuando llegó una tarde de visita

la muerte con sombría silueta.

 

Tras haberse quedado un rato quieta,

me preguntó, en su tono de erudita,

cómo podía ser que, estando escrita,

no le tuviera miedo a su saeta.

 

—No quiero parecer ningún iluso,

le respondí, acatando su precepto,

en cuanto sobre mí su sombra impuso;

 

pues, si es la vida apenas un concepto

de cuyo fin ni espero ni me excuso,

mejor serás conmigo si te acepto.—

 


PERCY BYSSHE SHELLEY

 

  

 

Ozymandias

 

Encontré un viajero de comarcas remotas,
que me dijo: «Dos piernas de granito, sin tronco,
yacen en el desierto. Cerca, en la arena, rotas,
las facciones de un rostro duermen… El ceño bronco,

el labio contraído por el desdén, el gesto
imperativo y tenso, del escultor conservan
la penetrante fuerza que al esculpir ha puesto
en su mano la burla del alma que preservan.

Estas palabras solas el pedestal conmina:
«Me llamo Ozymandias, rey de reyes. ¡Aprende
en mi obra, oh poderoso, y al verla desespera!»

Nada más permanece. Y en torno a la ruina
del colosal naufragio, sin límites, se extiende
la arena lisa y sola que en el principio era».

 

Versión de Leopoldo Panero

 

 

RODOLFO SERRANO

 

 

 

La huida

 

Me iría a cualquier sitio.

Y sin mirar a nada, tomaría

cualquiera de esos trenes que me lleven

a ciudades que están en viejos mapas

de mi pobre memoria, casi olvido.

 

Volvería a vivir lo que he vivido

en una librería en el otoño,

el café contemplando el aguacero

a través de un cristal y con la lluvia

–tristeza de la lluvia– mansa y suave.

En cualquier ciudad ahora lejana.

Con calles y con plazas en penumbra,

y un puerto que adivino en la distancia,

con olor a pescado y a gasoil.

 

Y un farol alumbrando la añoranza

de tanto corazón en las aceras,

el ruido de automóviles, los bares,

gramolas con canciones olvidadas.

 

Hay días que me puede la nostalgia

–un sonido, un olor, una caricia–

y, entonces, tomaría cualquier cosa:

un barco –y al timón va Joseph Conrad–.

O un tren con Campoamor

que escribe y mira

por la negra ventana de la noche.

Quizás un automóvil, veloz, frío,

corriendo en carreteras secundarias.

 

Marcharse a otro lugar.

Donde me espera

la vida y lo que fuimos en los sueños.

Y quedarme a vivir –no importa dónde–

donde esté el corazón que me amó tanto.

 

 

YURI SOTELO ORTIZ

 

 

 

Cómo te olvido, amor, cuéntame cómo

 

¿Cómo te olvido, amor, cuéntame cómo,

si con tu olvido vienes a buscarme

cada noche, con lágrimas dormidas?

¿Cómo, cuéntame cómo amor te olvido?

 

Muero de amor, me muero en esta muerte,

en esta soledad tan inundada

de ti, tan inundada de silencios

que viven en las sombras de mis noches.

 

Cual fantasma tu bello rostro surge

con su antorcha invisible para hundirme

en la tristeza de una muerte viva.

 

Me abriga la belleza de una pena

que se refleja bajo la locura

de un te quiero que nunca se deshoja.

 

CAMILA RÍOS ARMAS

 

 

 

Las listas


Obstinadas tareas del olvido

Inquietante línea horizontal

Leche pescado queso sándwich vino café

El deseo queda al margen

Toda selección es renuncia.

 

De: “A una llama del lugar”

 

RAQUEL RAMÍREZ DE ARELLANO

 

 

 

Miedo de mí 

No deberías haber untado el reloj con el cuchillo del pan.

Lewis Carroll, el sombrerero en Alicia en el país de las maravillas.

 

Esconde la mano y tira la piedra
córtale la cabeza al tiempo

Ahora no venía lo del baño
el que espía tras el cristal mientras orinas

Ahora venía lo del invierno y Papá Noel
y los regalos y los polvorones que entregas a los últimos de la fila

En mi ciudad las niñas salen a la calle con la mochila llena de libros
donde no viene lo de la policía
ni lo de la bandera
ni lo de las pelotitas de goma

Ahí solo explican matrices y ecuaciones y Galdós
y ellas quedan con sus vecinas muy temprano

Yo solo estoy meando
en un baño sin puerta de madera
con un cristal tornasolado y grueso
a 700 kilómetros de mi madre

Un usurero asoma su nariz

Su nariz pegada contra el cristal

Su cara contra el cristal

Y tengo náuseas
y miedo
y pienso
¡menuda mierda
en menos de dos años he tenido una pipa en la cabeza
y el asedio de un voyeur!

De todas todas tengo que levantarme
y me verá correr los 200 metros valla hasta llegar al Puente de Carlos

¡Taxi!

La ropa espera sobre el bidé y mi vida pasa como un rayo por su pecera

En Praga los drogadictos se las gastan así

72 horas es un mundo

Y ponle la puta tapa a la sartén

Dejas toda la cocina perdida

Encuentra un asidero

Llévame al Norte

Dame otra cerveza

Tírame sobre la cama

Fóllame-Hagamos el amor

Nos corre(re)mos de risa

Que se vayan todos a la mierda

¿Cómo sería el tiempo si tuviéramos en la cabeza cada minuto?

¿Sabéis lo que es vivir con cada minuto metido en la cabeza?

La gente con agallas se suicida

Vete de farra donde quieras pero regresa con un ramo de flores
y deja todos los cabos sueltos los rojos los amarillos los morados

Cultívame un jardín

¿Qué seríamos tú y yo con 20 años más sin una valla blanca?

¿Qué sería de la noche sin ese puto caos de las estrellas?

Negro
negro
vacío
colapso de oscuridad

Yo tenía pensado morirme contigo
y ahora un agujero ha ocupado el centro del amor
y te estás colando despacio hacia dentro
como un conejito asustado que tuviera mucha prisa y mucho miedo de mí

 

De: “La cesta del lobo”