jueves, 10 de agosto de 2023


 

DIEGO L. GARCÍA




(Fotografía #10) Lunch Roc-

 

las lámparas sobre las cabezas absorben
ideas de un western mal guionado.
una vieja camioneta a toda velocidad
en la ruta árida del ojo que cena en Lunch Roc-
es un respiro de libertad condicionada.
perdí las tarjetas. eran iguales
a las que lleva en el bolsillo
el sujeto con sobretodo y boina en las sombras.
es tarde.
la noche parece menos confiable. el tráfico
una montaña rusa vista por televisión.
plena ajenidad. como los árboles en sus sueños
las cosas se han ido acomodando
a un servicio estándar y universal

 

 

HILSA RODRÍGUEZ

 

  

 

La infancia es un retrato surrealista

 

 

Somos un retrato surrealista

Distópico

desarticulándose

haciéndose polvo

porque la vida ha mendigado amor a su padre asesino

La ausencia la aniquiló

El llanto de millones de reptiles

descendiendo como constelaciones hasta los pies

ahogándose

mientras una niña con rostro de caracol se pregunta:

¿Acaso no me repugnan todos los hipócritas, los padres

ausentes, las madres sumisas, los vidrios, el incendio, la

infidelidad, todo el ruido que se yergue de los humanos?

No importa que estemos solos en esta carretera

y no tengamos a quien abrazar

Solo importa la belleza de los astros perforando tu cuerpo de sangre

como un amuleto

dejándonos retazos apocalípticos en un cajón

Esta prodigiosa forma de existir desde lo pétreo desde el nacimiento

implica pensarte en todos los objetos del mundo

como en el pestillo de la puerta que cerraste

el espejo que rompiste con puño infalible

la correa como una serpiente buscando acariciarme

cuando te confesé que me enamoré por primera vez

un recipiente enclenque lleno de agua turbulenta deseando que mi madre se pudra

una cama donde me escondía de las arañas

porque en mí se funda la ausencia de los parques

una pintura tallada con risas alcohólicas

estruendosas

donde solo estaba mamá

y tu hijo llevándote en brazos

sujetando tu locura

diciéndote: Madre, en tus párpados se escriben mis penas

Una frazada hablándote al oído

augurio inaudito

Por eso ya no pienso en la complejidad de la muerte

cuando veo morir a una mujer en un segundo en el inodoro

remolino de tristezas

agua maldita

¿Acaso no me repugna tu silencio, tu fractura, tu lunar, tu

paro cardíaco, cuando yo era una niña?

Ahora entiendo que las voces emergieron llamándote a su tribu

Te romperás como un hilo que teje el destino de los hombres

Te fuiste, pero aún existen manos gigantescas comiéndome el rostro

millones de hormigas ingresando a mis párpados

devorándome los intestinos

un cosquilleo de caballos frenéticos

y la niebla espesa gritando tu nombre

y a mí

solo me queda la poesía

El último bostezo de amor

 

 

DIRA MARTÍNEZ MENDOZA

 

 

 

Derribando hitos

 

Me nombras y aparezco. Dices guayaba, trópico, fuego del amanecer. Me pregunto qué clase de juego extraño nos mantuvo girando en otra dirección, lejos de nuestro idioma íntimo.

Nos reconocemos tierra en la que estamos sembrando un lenguaje único, derribando hitos. Hemos nacido para cruzarnos las fronteras, todo se vuelve líquido, agua pura.

Si esto es un refugio, que sea de luz.

He aquí una mujer abarcando tu osamenta, he aquí una mujer entrando a tus hombros libre paso. Cuando mi cabeza está en tu hombro, eres el mundo. He aquí un hombre sosteniendo la forma de una idea. Queremos nombrar lo intraducible, queremos pronunciar lo insólito, pronunciar lo sublime, convertirlo en canto. Queremos mezclar palabras.

: Fundar el reino de las manos que se hablan.

 

CONCHA GARCÍA

 

 

 

Al final de la película, un nudo en la garganta

 

Los colores y geometrías
pertenecen al orden
de la percepción, las formas
poseen varias cualidades
que refractan en otros
posibles mundos, 
mientras camino
sobre la hierba
no veo los hacendosos
insectos, ni las oscuras
hormigas, ni las larvas
que dejan los gusanos,
ni la piña que se seca,
donde viven minúsculos seres
asociados a formas que no
puedo captar.

 

De: “Las proximidades”

 

 

VALERIA SANDI

 

 

 

 

Frascos de tiempo

 

Hay
quiénes derramamos nuestra sed
junto al primer sol, que ahora
                   es solo
una sombra redonda, golpeada en la pared
dejando de germinar días.

Y en la tarde
somos el caldo
del que bebe
cada día la vida
y a cambio, nos devuelve
nuestros restos desperdigados
en frascos de tiempo sin memoria.

Está húmeda la noche
desde que el lago
carga dentro suyo
                     todos los huesos
                     de sus habitantes extinguidos.
Y yo
no soy más que la represa
de estos ojos
Que ya no sueñan ríos.

 

 

EDUARDO SORIA

 

  

 

XVIII

 

Andábamos sueltos, sin plata, sin tiempo (quizá con zapatos) pero con noche, rebosantes de profundidades.
Pasó un búho gigante como cualquier dios que va de un mundo a otro.
Nosotros, abajo, caminando el empedrado, respirando maizales y flores caídas del chirimoyo que la crecida del arroyo convirtió en fragancia.
Siguiendo la luna
o lo que sea
o siguiendo nada.

Décadas después, el mismo peregrinar
sobre asfalto, la cubierta de un barco o el asiento de un avión.

Al acecho.

Esperando ese fulgor donde el día aún no es y la noche no se acaba

La madrugada.
Recibirla a la intemperie es el botín.
Fragantes de atavismo.