viernes, 31 de julio de 2026


 

JUAN PABLO ZAPATER

 


 

Alza el velero
sobre el azul intenso
su llama blanca.

 

VERA RICH

 

 


 

Si yo FUERA tú…

  

Si yo FUERA tú, clamaría
por estudiar gramática inglesa,
y ocultaría mi faz, que ardía,
hasta dominar bien su sutileza.

 

DANIEL ALCÁZAR

 

 

 

Bajo un árbol

Irena Sendler

 

Escribo nombres
que no me pertenecen.
Los doblo hasta que caben
en la respiración del vidrio.
La tierra aprende a guardar secretos.
Sobre ella un manzano
ensaya la memoria.

 

De: “La memoria encendida”

 

 

ZUZANNA GINCZANKA

 

 

 

 

Non omnis moriar — mis espléndidas posesiones,
Prados de manteles, fortalezas de armarios,
Sábanas extensas, preciosas lencerías
Y mis vestidos, vestidos claros me sobrevivirán.
No dejo aquí a herederos,
Que tu mano hurgue entre mis cosas judías,
Señora Chominowa, de Lvov, valiente consorte de un soplón,
Delatora diligente, madre de un Volksdeutscher.
Que te sirvan ahora a ti, a los tuyos, ¿por qué dejarlas a extraños?
Oh, queridos — no es una lisonja ni palabras vanas.
Me acuerdo bien de vosotros, como también vosotros de mí
Os acordasteis cuando llegó la Schupo.
Como les recordasteis quien era yo.
Que levanten la copa, pues, estos amigos
Y brinden por mi entierro y por su riqueza:
Alfombras y tapices, fuentes y candelabros —
Que beban toda la noche, y cuando llegue el alba
Que empiece la caza de alhajas, gemas y oros
En sofás, colchones, edredones y sábanas.
¡Oh, cómo cundirá la faena en sus manos!
Bucles de crines equinos y de heno marino,
Nubes de plumón de almohadas rajadas
Se les pegarán a las manos, tornándolas alas;
Será mi sangre que pegará la estopa con el plumón ligero
Y alados de pronto los convertirá en ángeles.
 

1942

 

De: “El ave de fuego”

Versión de Elzbieta Bortkiewicz

 

 

FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL

 

  


 

El sonido del timbre, en qué punto de la vida suceden las cosas.

líquido

Qué habrá después del sueño,

geografía

La vida es una mentira por la que pasamos de puntillas para que no despierte.

tesis

Nada es real

subterráneo

Después permanece nuestro encuentro, el vuelco de este mundo.

lugar

El amor un vaho que se dispersa con la mano.

lugar

No es el libro, es el polvo que se posa en los libros.

 

De: “El libro de la sed”

 

 

RONNY RAMÍREZ

 

 

 

La bella durmiente

A una niña que se acurrucaba y dormía a un lado de la acera

  

El sol asomaba, lento y rasante,
entre las infinitas sábanas
y la niña se plegaba
al seno de una nube
como Venus recién nacida
en un lecho de blancas rompientes.
Yo iba apresurado,
impelido por el viento largo y frío,
cuando me volví sobre la pequeña diosa,
tendida y regocijada en su sueño.
Soñaba, quizás, sin advertir
a los íncubos y roedores que se escabullían
en su sombra,
sin sospechar del sátiro que resoplaba
y seguía su rastro.
Apenas pude entrever
cuán apacible se hallaba entre sus velos,
cobijada, la princesa,
por edredones de islas mágicas y remotas.
Las pisadas raudas y errantes
que cruzaban de cerca
debían tener pluma de ángel,
el humo que ascendía y rondaba
el ámbito del cielo
debía tener el aroma de un buen desayuno,
porque la niña se acurrucaba y sonreía
como si aguardara un regalo.
Pero no era un príncipe quien se acercaba,
sino un animal hambriento.
En pleno bullicio de la calle,
el mundo que se sacudía y despertaba
no tenía el hechizo de las viejas historias
ni del pájaro trovador.
Había furiosos carros
que no eran tirados por corceles de sedosa crin,
multitudes que carecían de brillo
para hacer de valerosos personajes,
edificios altos y lóbregos
que nada tenían que ver
con palacios o castillos.
Parecería que de aquellos cuentos dorados
solo sobrevivieron los monstruos
que jadean y se arrastran a la superficie
en busca de criaturas pequeñas y perdidas.
Yo seguía viendo a la bella durmiente
desde un autobús que estaba por partir,
y su figura me pareció de repente
la de un polluelo que se llena de hormigas.
Era un gran lienzo echado a perder,
un cuadro trágico y hermoso sin firmar,
y yo me llevaba su recuerdo
como la hoja de un árbol
que se tragaría el concreto.
Seguía amaneciendo en torno
a la pequeña diosa que se tendía sobre el abismo,
y el destello de su poder se desvanecía
como el murmullo del mar por la carretera.
La princesa que se aferraba
a su canción de cuna
como a un barquito de papel.
La niña que reía y soñaba con sábanas limpias
hasta llegara el camión de la basura.

 

De: “Condeno la noche y sus perros de caza”

 

jueves, 30 de julio de 2026


 

CARLOS PINTADO


 

Bajo la luna,
Eterno, fluye el río
Sobre guijarros.

ÁLVARO OJEDA

 


 

1


Dios ya no nos sabe
y las cosas se mueven
galaxias
derechos
economía
separados del mar y haciendo agua
dios ya no nos habla
reza un grafiti pintado por Manrique
en el lomo de Moby Dick.

En el límite está la complicación
pasado y presente
en un desayuno demasiado sustancioso
regado con cierta fragancia de café rancio
ya llegamos al mediodía
casi pariendo la noche
el género también vive en el límite.

Desde 1789
se balancea el poema
no cae todavía
se balancea
en el toque de la esgrima
de youtube
desde 1789
la elegía del porvenir dichoso
se balancea.

 

 

DANIEL ALCÁZAR

 

 

 

Fisión

Lise Meitner

 

Sobre un tronco caído en la nieve de Kungälv,
he sacado un lápiz y un trozo de papel gastado
para interrogar a la materia en este bosque blanco.
El uranio no se ha roto, se ha rendido,
—se ha dividido como una gota de agua que cae—
liberando una deflagración que el mundo aún no comprende.
Aquí, rodeada de temblores y abetos,
he comprendido que el corazón de lo pequeño
guarda una fuerza capaz de devorar ciudades.
La nieve sigue cayendo, pura y pesada,
y en mi regazo, un breve cálculo
acaba de cambiar el destino de los hombres.
En Los Álamos se fabricará una condena.

 

De: “La memoria encendida”

 

 

ZUZANNA GINCZANKA

 

 


 

Nota al margen

 

No nací
del polvo,
no volveré
al polvo.
No descendí
del cielo
y no retornaré al cielo.
Yo misma soy el cielo
como una cúpula de cristal.
Yo misma soy la tierra
como el suelo fértil.
No me he fugado
de ningún lugar
y no volveré
allí.
Aparte de mí no conozco ninguna otra lejanía.
En el pulmón henchido del viento
y en la calcificación de las rocas
a mí misma
aquí
dispersa
debo
encontrar.

1936

 

De: “El ave de fuego”

Versión de Elzbieta Bortkiewicz

 

FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL

 

 


 

Lugar

No existes en mitad de las aguas del sueño.

lugar

Eres en mitad de esta nada la muerte de todo lo bello.

deseo

Todo es silencio, vigilia, vacío.

realismo

No es tarde y no es pronto, nada converge, no huye.

lugar

Serán arrasados este llano lugar, este líquido.

 

De: “El libro de la sed”

 

RONNY RAMÍREZ

 

 

Dientes de león

El que no quiera trabajar, que tampoco coma.

2 TESALONICENSES 3:10

 

Me suplican que cuide mi empleo porque la calle está dura.
Me lo dicen con lágrimas que aprietan como cálculos en un riñón.
Estoy entre los que suplican
porque he estirado mi sueldo
hasta que me tiemblan las rodillas
y conozco el terror de amanecer como un parásito.
Recuerdo los días en que solo tragaba
y lloraba por despecho,
mientras mi madre seguía callando
y repartiendo víveres
con una sonrisa que parecía
una delgada e infinita lonja de queso.
Recuerdo las horas muertas
que flotaban en la computadora
y se extendían a mi cuarto oscuro;
los fantasmas inútiles que me perseguían y condenaban
por consagrarme a Judas el cobarde,
Judas el sucio.
Nunca revisé las facturas que carcomían el viejo gavetero
ni reparé en lo que tuvo que sentir mi madre
cuando no pudo sacar algo de la nevera.
Era el hijo que engordaba y rehuía de la luna furiosa,
la cruz que levantaban con pena
y resentimiento.
Ahora sirvo mis mejores horas en bandeja de oro,
dócil y simple como tenaz obrero de factoría,
recto y servil como elemento diligente y cuadrado.
Me dicen que trabajar es una bendición
porque la vida es un animal de pellejo duro.
Me lo dicen como si me dieran el cuchillo
para arrancarle la piel;
pero solo sostengo el alfiler que necesito para dormir
y repetir cuánto agradezco el derecho de poder comer,
aunque no pueda dejar de maldecir el hastío
de tener que tragarme, también,
cada uno de mis sueños.

 

De: “Condeno la noche y sus perros de caza”

miércoles, 29 de julio de 2026


 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

 


 

Meteorito

  

Desde el principio
lo supimos.
Desde el principio, sin saber
aún
de dónde eras
ni desde cuándo,
tampoco cómo había sido tu nacimiento
ni a quién habría que agradecerle aquel amor
tan grande,
tan absolutamente inesperado.
Venías del final de las galaxias,
esto es,
de muy cerca, en realidad.
Venías del final de todo el tiempo,
es decir,
de apenas un instante antes.
Venías de la última floración de las almas,
es decir,
de la misma nobleza de tu madre.
De más allá de todo
y de más dentro
que ninguna otra cosa, mucho más.

 

De: “El gran amor”

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

 

 

Cinema Paradiso

 

I

Fundaron el amor los dioses.
Y el amor fue
una muchedumbre de recuerdos
para sostener el día.

 

II

Luego ordenaron,
hágase el placer
y el placer emergió
como humareda sonora
de las fauces de un león.

 

III

Después dijeron:
Hágase la felicidad.
Entonces la felicidad fue
una antología de besos censurados.

 

 

ÁLVARO OJEDA

  

  

 

2

 

Ovidio entre los dacios
observa el negro Ponto
supone por él los vastos océanos
en la palabra océano
la mar de Ovidio
dice del arte la palabra justa
la palabra exilio.

También dice el estuario
ese marrón relincho
la palabra incompletos
aluvión debajo de los pies
la ictericia inconcebible
el dorado hundimiento
de todas las palabras.

La palabra final es eterna
el muro borroneado de signos
estrellas crismones medialunas
el viejo edificio de la sorna final.

 

 

HAN KANG

 

 

 

El invierno a través del espejo

 

1.

Mira la pupila de la llama.
Ojo azulado
en forma
de corazón:
el más ardiente esplendor.
Aura anaranjada:
llama interior.
Lo que más parpadea,
lo que de nuevo la rodea:
traslúcida llama exterior.
Mañana por la mañana
es la mañana en que parto
hacia la ciudad más lejana.
Esta mañana
el ojo azulado de una llama
mira más allá de mis ojos.

 

2.

Ahora mi ciudad es esta mañana de primavera, y si pasas por el centro de la tierra y atraviesas el centro sin vacilar, aparece esa otra ciudad donde la diferencia horaria es, exactamente, doce horas por detrás, y la estación es, exactamente, medio año por detrás, así que en esa ciudad ya es ahora una tarde de otoño, y como si siguiera silenciosamente a alguien, esa ciudad sigue detrás de la mía, para cruzar la noche, para cruzar el invierno, y yo espero silenciosamente, mientras mi ciudad adelanta a aquella como alguien que te adelanta silenciosamente.

 

3.

Dentro del espejo el invierno nos espera.
Es un lugar muy frío,
gélido.
Tanto frío hace allí
que los objetos no pueden temblar,
y tu cara (ya congelada)
no se puede agrietar.
No extiendo mi mano,
tampoco tú
la quieres extender.
Es un lugar muy frío,
glacial.
Tanto frío hace allí
que las pupilas no pueden vacilar,
y los párpados
no se pueden apretar.
Adentro del espejo
el invierno nos espera,
y una vez en su interior
no podré evitar tus ojos
y no querrás extender tu mano.

 

4.

Dijeron que volaríamos un día entero.
Dobla apretadamente las 24 horas,
métetelas en la boca y
entra al espejo, me dijeron.
En cuanto deshaga la maleta
en una habitación de esa ciudad,
debería tomarme el tiempo
para lavarme la cara.
Si el sufrimiento de esta ciudad
me sobrepasa silenciosamente,
me quedaré atrás y
cuando no esté mirándola,
por un momento me apoyaré
en el helado respaldo del espejo,
y tararearé despreocupadamente,
hasta que, habiendo doblado
apretadamente las 24 horas,
y habiéndolas escupido,
empujándolas con tu caliente
lengua,
vuelvas y me mires a los ojos.

 

5.

Mis ojos son dos velas deslizando goterones de cera mientras consumen la mecha / no es abrasador ni doloroso / dicen que el temblor del núcleo azulado de la llama es la llegada de las almas / las almas se posan en mis ojos y tiemblan / canturrean / la llama exterior oscilando en la distancia se balancea para alejarse / mañana te vas a la ciudad más lejana / aquí estoy en llamas / ahora pones tus manos en la tumba del vacío y esperas / la memoria muerde tus dedos como una serpiente / no te quemas ni te duele / tu rostro inquebrantable no se quema ni se hace añicos

  

Versión de Jorge Ávalos

 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

   

 

Retrato de mi pueblo

 

Calles soleadas y tristes,
empedradas y con un poco de adoquín;
se oye el cantar de telares,
y las varas de hilo tendidas al sol.

Se escuchan llantos y gritos,
y sonoras carcajadas también,
que encierran en su eco
un grande y silencioso misterio.

Es un pueblo del urdidor,
es el pueblo del tejedor:
él prepara, compone y forma su destino;
aunque lleva en su corazón
tristezas y hambre de verdad.

Su tierra es fértil y bondadosa;
da buena milpa, da buenos hijos,
y podemos sentir su dulce miel
al ver sus abejas forjar su propia historia.

 

 

ARTURO BORRA

  

 

 

Te fumigan, te desahucian, te enjaulan; culpable de tu miseria, te estiran los brazos, te arrojan al suburbio, te invitan a marcharte, te dicen «pan» y te dan hambre, dicen «derecho» y te fustigan, dicen «abrigo» y la escarcha te sorprende a medianoche, te parten los dientes, te saquean, dicen «dios» y crean tu infierno, muelen tus huesos y dicen «futuro», te prestan una pajarera, aprietan tus esperanzas, levantan tumbas para los suicidas, abren escuelas para las sirvientitas desorientadas, te enseñan el credo de la rendición, disciplinan tus añoranzas, ultrajan tus sueños, confinan tus movimientos, informan por la radio de tu muerte mientras te niegas a firmar tu certificado de defunción, te declaran ruina, te condenan a ser «nadie», a reconocerte «ninguno», a respirar bajo el asfalto o dejar que tu sacrificio sea su salvación.

Planifican el desastre –y vos respirando, a pesar de todo, buscando una hendija.

 

De: “Todo tanto”

martes, 28 de julio de 2026


 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

 


 

Libélula

  

La errática canción de la libélula
traza en el aire de la tarde
un mapa.
Sobre el agua en remanso de un regato
que nace en la piscina,
entre el polvo y la hierba,
el insecto dibuja un laberinto
de vuelo.
A veces se detiene sobre una rama seca
o inquiere las orillas desbordadas
de un charco.
Se levanta a los aires
y vuelve
a explorar esa inmensidad
cuyo fondo es un cielo azul, envenenado de verano.
Destila orgullo y elocuencia,
fragilidad.
Suspendida en la nada,
en vuelos que van y vienen
sin saber muy bien desde cuándo
ni adónde
ni hacia quién,
va dejando su hilo de oro apresurado,
un polen transparente
que lo recoge todo
y que todo lo purifica.
He ido uniendo en mi cabeza

esta deriva suya,
su no estarse quieta nunca.
Lo que he encontrado al fin,
como imagen completa de este día de julio,
son los ojos sin dueño de mi madre.

 

De: “El gran amor”

 

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

 

 

 

Solidaridad

  

Cuando el dueño de los objetos
permanece demasiado tiempo ausente
ellos se solidarizan con la esperanzada:
también la mesa, la cama y la biblioteca
mueren día a día de infinita tristeza.

 

ÁLVARO OJEDA

 

 

 

3

 

Ahora la luz derivará en invierno
el perro se enroscará en sí mismo
y el punto más lejano
será la primavera
o su recuerdo
la luz tendrá una duración infantil
y habrá un ciclo fugado en alguna parte
o en todas
el perro me observa se incorpora
gruñe hacia un cielo impávido
ni uno ni otro dicen la verdad.

En un cuarto las cinco
serán recuerdo visto
la lengua que busca los restos del placer
en el esquivo zigzag de todo acopio
enciende sus cirios mentolados
en la oquedad de un templo sibilino.

Un anuncio a tiempo
y el ridículo será un poco más leve
aunque el pensamiento permanezca
soldado de imaginaria
obsesión alimentada a desconsuelo
Ovidio entre los dacios.

 

 

MERCEDES VIAUD ROCHAC

 

  

 

Desde que te juiste…

  

Desde que te juiste
el cacaxtle de mi alma
está triste.
Los izotes ya no floreyan
aquellas candelitas
que alumbraban el monte…

Desde que te juiste…
el Santu Sebastián
ya no hace milagros
ni la ceiba da sombra.
Y el acordeón
está tan llorón,
qui todito el rancho
se moja de quejas
y por eso mi alma
se llena de tristuras…

Desde que te juiste…
te vivo esperando
debajo ‘e la sombra
morado-aceituna,
y sólo veyo la pereza
del tiempo
a la luz de la luna.

Desde que te juiste…

 

 

HAN KANG

 

  

 

La ennegrecida casa de la Luz

 

Aquel día en Ui-dong
cayó aguanieve,
y mi cuerpo, compañero de mi alma,
tembló con cada lágrima que caía.

Sigue tu camino.

¿Acaso dudas?
¿Qué sueñas, rondando así?

Casas de dos pisos iluminadas como flores,
bajo ellas aprendí la agonía,
y hacia una tierra de alegría aún intacta
tontamente extendí una mano.

Sigue tu camino.

¿En qué sueñas? No te detengas.

Hacia los recuerdos que se forman en una farola, caminé.
Una vez allí, miré hacia arriba, y dentro de la farola
había una morada muy negra. Era la casa de la luz,
negra como el carbón.

El cielo estaba oscuro y, en esa oscuridad,
los pájaros que la habitan
alzaron el vuelo,
despojándose del peso de sus cuerpos.
¿Cuántas veces tendría que morir para elevarme así?
Nadie podría, entonces, tomarme de la mano.

¿Qué sueño es tan bonito?
¿Qué recuerdo
brilla tanto?


Aguanieve, como las yemas de los dedos de mi madre,
rastrillan mis cejas despeinadas,
golpean mis heladas mejillas y acarician,
otra vez, el mismo punto.

Date prisa, soñadora, y sigue tu camino.

  

Versión de Jorge Ávalos

 

 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 


 

Bajo la sombra de un amate

  

Un día de brillante sol,
bajo la sombra de un frondoso amate,
conocí la historia de la vida,
y encontré la verdad en este mundo de mentira.

Vi reflejada en un pequeño lugar de la patria
la esperanza viva de un amanecer de paz.
Se pensaba mucho en lo demás:
en el hambre, en el frío, en la tristeza,
en ver el sueño de un pueblo realizado.

Habían miles de preguntas,
unas ni siquiera tenían respuestas.
Sin embargo,
bajo la sombra de un viejo amate,
cuando el sol brilla en todo su esplendor,
la confianza en la vida
era la mayor ilusión.

 

lunes, 27 de julio de 2026


 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

 


 

Agujeros

  

Encuentro en el armario
un jersey que llevé de adolescente.
Está arrugado,

deshecho.
Tiene agujeros de distintas formas.
La lana que eligió mi madre
—antes rojo burdeos—
se desvanece en la erosión.
La vainica es un libro
que se ha descuadernado,
un ovillo de signos
dados de sí.
¿Al otro lado de esos agujeros
hay alguien?
¿Quién nos escucha en su indolencia?
El descosido, la rotura,
las hebras sueltas:
semántica
de un texto lleno de agujeros,
unas pocas palabras destrenzadas
en las que algo
se está perdiendo siempre,
en las que siempre hay algo más.

 

De: “El gran amor”

 

GIL COLUNJE

  

 

 

El canto del Llanero

Nuestros hijos sabrán nuestras acciones.
Espronceda.

  

Coro

¡Llaneros, a caballo! ¡Lanza en ristre,
venid al punto a combatir!… ¡Volad!
¡El pecho ardiente en fuego de venganza,
vamos a redimir la Libertad!

¿No véis allí, de polvo entre esa nube,
hirviente muchedumbre que se agita?
Piérdese, de ella en la espantosa grita,
de una mujer la dolorida voz…
Es de una virgen, cual ninguna, hermosa,
acosada de canes en traílla,
que saltan y que hieren su mejilla,
¡hartos de rabia, con crueldad feroz!
¡Llaneros, a caballo!…

Rasgada está la túnica que viste:
desordenado su cabello ondea:
su pie desnudo, de dolor flaquea;
requema el llanto su abatida faz…
Ora logra escapar a las rechiflas,
y sus lánguidos ojos torna al cielo:
no halla paz en la tierra, ni consuelo;
¡a nadie apiada su dolor tenaz!
¡Llaneros, a caballo!…

Miradla, confundida, despreciada,
su intensa pena devorando sola,
cual se ve en el desierto la amapola
que el viento ha quebrantado en su furor…
¡Que! ¿nos os conmueven su afligido rostro,
su dulce voz, sus ayes lastimeros? …
Oídla demandando a los Llaneros
¡que la presten su ayuda y su favor!
¡Llaneros, a caballo!…

¡Vedla! Ya seco el manantial del llanto,
y en su dolor más bella todavía,
que no ha logrado la infernal jauría
¡apagar en su frente el arrebol! …
¡Esa es la Libertad! La que bajara
al suelo de los Andes entre nubes,
al celeste cantar de los querubes,
¡en los rayos de luz del almo sol!
¡Llaneros, a caballo!…

¡Oh! ¡Se encienden en ira vuestros ojos!
Viéronlos, y se aprestan, los Leones;
relinchan impacientes los bridones,
¡que oyeron del clarín bélico son! …
¡Montad, volad, llaneros esforzados!
Después del triunfo, la ración ligera:
el adalid de Libertad no espera,
para lidiar por ella, su ración.
¡Llaneros, a caballo!…

¿Qué mucho, si nos mira allí la diosa
y nos tiende sus manos suplicantes? …
Llaneros, conoció Vuestros semblantes;
isus hijos vio, su amparo, su sostén! …
Hincad los acicates! Desbocados,
vuestros corceles arremetan fieros;
que si sacais triunfantes los aceros,
¡la misma diosa os orlará la sien!
¡Llaneros, a caballo!…

¡Id! que así arrancaréis nuestros derechos,
a rudos botes, del tirano impío;
y rota su corona a nuestro brío,
¡entre el cieno y su sangre rodará!
Altivos la hallarán nuestros caballos,
con abierta nariz, boca espumante:
La Libertad de América, triunfante,
¡en nuestros fuertes hombros se alzará!
¡Llaneros, a caballo!…

Ella será la herencia a nuestros hijos,
que no tendrán ni sátrapas ni reyes:
sólo serán esclavos de las leyes,
inspiradas por Dios y la Razón.
Y en galardón a nuestro esfuerzo raro,
y eterno en ellos nuestro heroico ejemplo,
tendrá la Libertad de amor un templo
¡en cada americano corazón!

¡Llaneros, a caballo! Lanza en ristre,
¡venid al punto a combatir!… ¡Volad!
¡El pecho ardiendo en fuego de venganza,
vamos a redimir la Libertad!

 

 

ÁLVARO OJEDA

 

 

 

 

4

 

Se sabe cansado:
el débil zumbido del trompo
la púa en ángulo de muerte
la húmeda voracidad de la memoria
las rudas sinestesias del olvido
las inútiles amnesias provocadas.

Se supo cansado
y trató de tramar
siervo de la gleba
la penúltima sublevación.

Se sabe cansado
su perro lo comprende
desde la tibia morosidad de sus ojos
sin embargo lo espera
ambos se esperan
en una tensa
amable
ecuanimidad.

 

 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 

 

Mi poesía

 

Mi poesía —con esperanza
con amor,
con odio—
busca contribuir con versos
en el caminar seguro de la
historia.

 

 

VERA RICH

 

 

 

Bonjour, faiblesse!

 

¿Por qué mentí?
La respuesta es clara:
tan débil fui,
¡no pude en pie, mi amada!

 

 

ARTURO BORRA

 

 

 

Arriesgar lo no vivido: repetir/ aquel gesto cuando te asomabas/ al borde de una ventana para mirar sobre las nubes.

Y entregarse así, con ojos de asombro, a la cifra de lo mínimo.

Aquel gesto fuera del desencanto/ inapelable/ abrazando
lo entrevisto.

 

De: “Todo tanto”

 

domingo, 26 de julio de 2026




 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

 


 

Surfing la Manga

me hablas del dolor tu cabello es rubio
a qué dolor te refieres

J. F. Kosta

 

Entre las ramas de los ficus
y una señal de tráfico,
entre un anuncio de telefonía
y algunos edificios
en construcción, se alcanza a ver
allá a lo lejos
una franja de mar.

Me hablas de la sed,
de lo que amas.
Para llegar al agua,
has de cruzar isletas de cemento,
líneas amarillas
y algunos callejones
donde hacen hilera los cubos de basura,
los cactus desahuciados
y algunas tiendas de comida rápida.
Por la Gran Vía de La Manga, nadie.
Solo el silencio
dinamitado
por las motos de los repartidores.
En el vacío se equilibran
los hoteles desiertos,
apenas una luz
en un bloque de veinte alturas.
Un cartel nos invita a clases de alemán:
Die Zukunft ist da!
Los periódicos dicen que a la playa
llegan miles de peces a morir
heridos de fosfatos.
Me hablas de Anne Sexton,
de su locura deliciosa.
De fondo, un rumor.
El cartel de Surfing La Manga
se resiste a ceder la luz
que le queda del último verano.
Se alquilan motos de agua,
tablas de surf, tumbonas,
pero no todavía:
ahora todo está cerrado.
Al fin el mar,
tras la alambrada de un desguace,
como un animal gris
que se abraza a su presa justo antes de engullirla.

 

De: “El gran amor”

 

GIL COLUNJE

 

 

 

Al Tequendama

 

Héme ante ti, soberbio Tequendama,
contemplándote altivo frente a frente!
Aquí me trajo el eco de tu fama,
que dilatada de Occidente a Oriente
el orbe recorriendo, te proclama,
con la voz de su trompeta prepotente,
repercutida en los inmensos Andes,
grande – de Dios entre las obras grandes!

Y, -es cierto, ¡Tequendama-eres sublime!
Tú a mi espantada vista eres un mundo;
su majestad mi pensamiento oprime;
y al escuchar terrífico, iracundo,
tu rudo acento, que en la breña gime,
y al contemplar tu seno furibundo,
lleno de admiración, con santo miedo,
inerte, mudo en tu presencia quedo.

Tú eres el ara inmensa, solitaria,
do, lejos del mundano torbellino,
a Dios su corazón y su plegaria
se acerca a levantar el peregrino;
que si una noche de impiedad, nefaria,
ha sembrado de dudas su camino,
tienes raudal de luz, fulgente y pura
que habrá de iluminar su mente oscura!

¡Sí Tequendama augusto y solitario!
a gozarme en tu rústica belleza
vine hasta aquí con paso temerario,
y ora inclino mi frente a tu grandeza;
pues miro en tí magnífico el santuario
que en el bosque erigió Naturaleza
para que vengan a adorar las gentes
al poderoso Dios de los torrentes!

¿Quién, al verte tan grande, no se humilla?
¿Quién, al oír tu voz, no teme y ora,
y dobla respetuoso la rodilla?
Que el mismo Dios en tu recinto mora:
el dintel de su alcázar es tu orilla,
que el verde bosque en derredor decora;
El en la tempestad su trono asienta,
y esa es su voz, la voz de la tormenta!

¿Hálito del que anima a la Natura
no es, Tequendama regio, tu neblina?
Tú ocultas el aljófar de la altura:
la lumbre de los astros diamantina;
tú robas a la luna su hermosura;
tú oscureces del sol la faz divina
tú estremeces las bases de los montes;
tú llenas con tu voz los horizontes!

¡Salve, gigante, rey de los torrentes!
Tu vida es un perpetuo cataclismo
tus bullidoras aguas, imponentes,
arrebatadas siempre hacia el abismo
y surgiendo en vapor, verán las gentes:
serás eterno como el orbe mismo;
que el tiempo, con sus alas voladoras,
no deja en tí la huella de sus horas!

Mas ¿dó me lleva mi delirio insano?
¿Eres más, orgulloso Tequendama,
que un átomo mortal? -La misma mano
del que en tu seno con amor derrama
la vida con su aliento soberano,
apagará de tu vivir la llama
y entre tus ruinas ahogará tu grito;
que El solo es el eterno, el infinito!

¿Oh, hermoso Tequendama!, si un momento
parecióme escuchar de Dios airada
la voz de trueno en tu terrible acento;
si el dosel al mirar de tu cascada,
en ella vi de Dios el regio asiento,
fue ilusión de mi mente entusiasmada…
Dios colma con su aliento la Natura;
pero no habita aquí mora en la altura.

Tú no eres de Dios, belleza indiana,
el refulgente alcázar de diamante:
tu pompa tropical, americana,
el rugir de tu voz, fiera y tronante,
y tu niebla sutil, que en la mañana
se eleva al cielo en espiral gigante,
son la ovación magnífica, esplendente,
que ofrenda al Creador un continente!

Al levantar osado a las alturas
Fantástico el vapor de que las pueblas,
tú del sol las espléndidas llanuras
oscurecer pretendes con tus nieblas;
pero él, al desceñir sus vestiduras;
deshace con su brillo tus tinieblas;
que, si audaz tu vapor se eleva inmenso,
es delante del sol un leve incienso.

¡Mas ah! nó, ¡portentosa maravilla!
Tú eres gigante como el orbe mismo!
Yo otra vez detuviérame a tu orilla,
si oprimiera mi frente el esceptismo,
a contemplar tus nieblas sin mancilla.
a penetrar en tu horroroso abismo,
para mí manantial en luz fecundo,
porque me llevo en tu recuerdo un mundo!

 

 

 

ÁLVARO OJEDA

 

  

 

5

 

Uno no está aquí
para tener esperanzas
dice un periodista
hasta mayo el calor
hará estragos
dice un meteorólogo
hay que cuidar el déficit fiscal
dice el ministro de turno
la expresión económica del orbe
pesa tanto y tan poco
como el estertor sincronizado
de Esther Williams rozando el borde de la pileta
mucho antes se sumergió luego nadó y flotó
todos la vimos en el cine
y fue muy divertido y sonoro el silencio general.

Pero quien emerge de la pileta
ni es una sirena
ni deja de cantar.

Coloco la voz mientras camino
una plaza
unos niños
dos mujeres que charlan
describen la impostura
sin conocerla.