viernes, 31 de julio de 2026

ZUZANNA GINCZANKA

 

 

 

 

Non omnis moriar — mis espléndidas posesiones,
Prados de manteles, fortalezas de armarios,
Sábanas extensas, preciosas lencerías
Y mis vestidos, vestidos claros me sobrevivirán.
No dejo aquí a herederos,
Que tu mano hurgue entre mis cosas judías,
Señora Chominowa, de Lvov, valiente consorte de un soplón,
Delatora diligente, madre de un Volksdeutscher.
Que te sirvan ahora a ti, a los tuyos, ¿por qué dejarlas a extraños?
Oh, queridos — no es una lisonja ni palabras vanas.
Me acuerdo bien de vosotros, como también vosotros de mí
Os acordasteis cuando llegó la Schupo.
Como les recordasteis quien era yo.
Que levanten la copa, pues, estos amigos
Y brinden por mi entierro y por su riqueza:
Alfombras y tapices, fuentes y candelabros —
Que beban toda la noche, y cuando llegue el alba
Que empiece la caza de alhajas, gemas y oros
En sofás, colchones, edredones y sábanas.
¡Oh, cómo cundirá la faena en sus manos!
Bucles de crines equinos y de heno marino,
Nubes de plumón de almohadas rajadas
Se les pegarán a las manos, tornándolas alas;
Será mi sangre que pegará la estopa con el plumón ligero
Y alados de pronto los convertirá en ángeles.
 

1942

 

De: “El ave de fuego”

Versión de Elzbieta Bortkiewicz

 

 

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