lunes, 11 de mayo de 2026


 

ROBERTO MANZANO DÍAZ


 

Yo junto con las manos, con los ojos, con las sienes

  

Yo junto con las manos, con los ojos, con las sienes: siempre estoy sediento de seres y de cosas, hambriento de verdad y hermosura;

admiro los enlaces, las pitas invisibles, los eslabones finos, los engranajes más profundos, las hiladuras más aéreas;

todos los seres y cosas se me asocian en imágenes análogas como de padre a hijo, como de sobrino a concuñado;

por todos los senderos vienen hacia mis dedos, hacia el iris de mi corazón, veedor y tejedor incansable, turbinero fragante;

todo se arremolina en mi alma como un vórtice solidario, como un pozo que circula proyectando espirales sucesivas;

convergencia del oxígeno y del olivino, de las letras y los sentidos, de los ojos y las almas, de los astros, las yerbas y los bueyes;

padezco una vigilancia enorme, una haladura continua, todo lo atraigo a los bolsillos de mis versos, al jolongo sonoro;

estoy parado siempre, aunque me desplace, en un pozo a donde caen los seres y las cosas como las astillas regresando al tronco;

mi corazón crece como un frijol húmedo o un loco mamey procurando nitrógeno y pulpa, fijeza y dulzura;

mis brazos se alargan como ramas delirantes, tienen vocación de pulpos celestes, de grúa devolvedora del planeta;

me gustan las espigas balanceándose contra el viento, los caballos galopando por las playas solitarias, el silencio azul de las praderas;

me gustan las habitaciones extensas y altas, llenas de páginas y herramientas, de donde salen las sustancias y los pensamientos;

ay, tengo el dolor de los errores, de las culpas, de los tropiezos, de las caídas donde se malogra el destino;

pero tengo también la fe inoxidable, la pujanza del que levanta su lucero del lodo, del que acicala sus propias ánforas;

yo soy rápido de perdón, inválido para el rencor, conmigo puedes hablar como si los dos ya nos hubiéramos muerto;

todo lo junto, lo coso con la aguja de mi esperanza, con la algarabía de seres y de cosas que canta en mi pulso;

me gustan las cornucopias, que acumulan formas, y los relojes, que coordinan funciones;

prefiero la abundancia y el sistema, el desorden de la pasión y de la bondad, la claridad griega de la inteligencia;

todo lo junto con hambre, con sed, dentro de una extraña plenitud que desdeña lo partidario y lo fraccionario;

soy mílite de lo que crece hacia la luz, aunque no sepan los libros y los estatutos responder a ese crecimiento;

me acerco por todos los deltas del espíritu hacia el equilibrio que, como un eje móvil, nos adhiere al horizonte!

 

MATILDE LADRÓN DE GUEVARA

 

 

 

Testamento

  

No perdona el gusano las alturas
y en la flor, en el fruto generoso
va reptando con hambre, y alevoso,
deja su rastro en las corolas puras.

A veces logra con sus mordeduras
dañar el borde del contorso terso
y el gemido del pétalo es el verso
que más se aroma con las amarguras.

No sabe el ponzoñoso en su impudicia
del ascenso y los aires que acaricia
la voluntad, cuando al azul se lanza,

Y en ardimiento de aéreas esperanzas
por amistad y luz transfiguradas
tiende la mano al que clavó espadas.

 

 

FLORA THOMPSON

 

  


 

Luz de luna de mayo

  

Los abedules inclinan sus ramas para apagar
los verdes fuegos del día en el lago encantado.
A lo largo de la orilla, bajo los árboles,
un manto de pálidas anémonas
inclina la cabeza y tiembla y se desvanece,
llorando por la luna ahogada.

Las rígidas acacias lanzan una tenue
red de sombra para rescatarla.
Cautivas entre sus barrotes sombríos,
titilan innumerables estrellas
que arden anaranjadas, palidecen y mueren,
mientras la aurora se desliza por el cielo;
la alondra rasga el gris con su canto,
y la magia lunar se desvanece.

 

 

AURELIO PASTORI

 


 

Los parecidos

  

Llueve como sobre huesos
sobre
silencios
que no necesita
elegir.
Llueve sobre nosotros
los que esperamos el éxito.
Los despiertos.

 

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

 

  

Thelma y Louise

(A la manera de Ítaca, de C. p. Kavafis)

  

Cuando partas hacia tu abismo
pide que el asfalto arda
con soles candentes sobre la herida
que llevas en carne viva
en tu ultrajado corazón.

Pide hallar el engaño en cada sonrisa
de aquellos que te invitan
a libar la noche y las estrellas.
persigue tu abismo en todo príncipe
que, llegado el amanecer,
termina convertido en sapo.

Pide que el mapa que extiendes
en la cama del hotelito de paso
esté lleno de incertidumbres.
Y que la duda sea tu brújula.
No des crédito al amor:
él es sólo un pretexto
para que tu cabellera ondee libre
perseguida por el purísimo dolor.

Y cuando tengas ante ti el abismo,
amada Thelma,
sabrás entonces que desde el oscuro
país de los hombres
han venido a mirar consternados,
tu alto, desnudo y encumbrado vuelo.

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

  

Luna para piano

  

Oye
la luna de la alberca.

(El agua
toca la luna escrita para piano
por Claudio Debussy).

Oye
la luna de la alberca…