Testamento
No
perdona el gusano las alturas
y en la flor, en el fruto generoso
va reptando con hambre, y alevoso,
deja su rastro en las corolas puras.
A
veces logra con sus mordeduras
dañar el borde del contorso terso
y el gemido del pétalo es el verso
que más se aroma con las amarguras.
No
sabe el ponzoñoso en su impudicia
del ascenso y los aires que acaricia
la voluntad, cuando al azul se lanza,
Y en
ardimiento de aéreas esperanzas
por amistad y luz transfiguradas
tiende la mano al que clavó espadas.
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