Luz
de luna de mayo
Los
abedules inclinan sus ramas para apagar
los verdes fuegos del día en el lago encantado.
A lo largo de la orilla, bajo los árboles,
un manto de pálidas anémonas
inclina la cabeza y tiembla y se desvanece,
llorando por la luna ahogada.
Las
rígidas acacias lanzan una tenue
red de sombra para rescatarla.
Cautivas entre sus barrotes sombríos,
titilan innumerables estrellas
que arden anaranjadas, palidecen y mueren,
mientras la aurora se desliza por el cielo;
la alondra rasga el gris con su canto,
y la magia lunar se desvanece.
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