viernes, 10 de julio de 2026


 

JUAN MARÍA OLIVER

 

  

 

A su Alteza, el Odio

  

¡Ave César!… Mi alma, cortesana
Del Ensueño, se inclina y te saluda…
¡Oh Príncipe que cubres tus miserias
Y tus llagas augustas
Con el velo de las hipocresías
Y los rencores!..—Príncipe que aguzas
Tus puñales terribles, bajo el arco
De tu dulce reír, entre tus púrpuras
Manchadas en el vicio y las blasfemias
De las plebes lejanas y fecundas!..
¡Oh César, que las razas dolorosas
Que no saben ser fuertes, te columbran
Como un Mesías salvador que llevas
Al solemne pavor de las llanuras
Donde la sangre, bajo el sol tranquilo,
Entre los anchos tajos, se coagula!
—¡Oh hermano de las rabias impotentes
Padre de las tragedias de amargura
Y de las negras manos criminales;

Dios, que en los labios trémulos de Judas
Hiciste florecer el beso innoble
De la traición oscura
Que dio muerte a Jesús! —¡Oh sacerdote
Que pontificas siempre en las impuras
Sombras de los tugurios, encendiendo
El furor de las cóleras injustas
Que hasta en la carne blanca de las vírgenes
Vienen a hincar su negra dentadura!
¡Oh Príncipe escarlata de los credos
Del deshonor y de la infamia impúdica,
A quien condecorara el Egoísmo
Con la Gran Cruz de Honor de la Locura!

—El Anatema de mi alma sea
Sobre tu frente vil, como una culpa!

Van hacia ti los salmos del desprecio.
Tuyas son las estrofas que la angustia
Dicta a todas las almas dolorosas
Que visten los andrajos de tus púrpuras,
—Oh maestro de las solemnidades
En que triunfa el puñal ó la cicuta!
Tuyas son las grandezas del Pecado
Que pasa hollando flores y blancuras
Y las glorias de todos los Caínes,
Oh Gran Emperador también son tuyas, —
¡Oh Gran Emperador de la venganza
Que haces doblar las frentes taciturnas!

Tu corona está hecha de dolores
Y de flores monstruosas…
De las urnas
Donde están las cenizas de los mártires
Caídos en tus aras, por tu culpa,
Surge una lumbre pálida que todas
Las muchedumbres, ebrias o sañudas,
Veneran, porque esa luz divina
Que brota de las urnas,
¡Es la gran apoteosis de los mártires
Muertos por el puñal de tus comunas!
¡Oh hermano de las rabias impotentes
Padre de las tragedias de amargura!

En los días aciagos, cuando sienta
Acá en mi corazón tu mordedura,
O cuando suene en medio de las noches
Serenas y profundas,
El rumor de las hojas homicidas
Que en el silencio de la sombra aguzas, —
Yo no me ocultaré… Iré á buscarte
Y en medio de la iras de la lucha,
Despreciando el furor de tus puñales,
Cabalgará mi fe sobre tus furias
Como sobre el horror de los oleajes
La santidad solemne de la espuma!

¡Ave César! Más grande que tu imperio,
Mi alma noble y fuerte, ¡te saluda!

 

JUAN PABLO ZAPATER

 


 

Yodo en los labios,
el sabor de las algas
dulce y salado.

 

De: “Yodo en los labios”

 

MAHFÚD MASSÍS

 

 

 

 

Leyendas del cristo negro

  

Caminaba Jesús por la ciudad,
llevando un gran martillo.

Y uno había en medio de la turba,
el cual dijo: He ahí al Hijo del Carpintero.
Y le pellizcó la mejilla.

Acontecido lo cual Jesús descargó
el martillo en medio de su rostro. Y
enfrentando la turba, dijo: Varón soy
de verdad y de justicia, más antaño fui
golpeado y pellizcado muchas veces. Y
como viese unos niños junto a él, dijo:

Cada uno de estos pequeños de grandes
ojos y pies desnudos, necesitará mañana
un martillo.

Entonces la plebe, y los borrachos, y
las prostitutas vestidas de rojo, rodearon
a Jesús.

Y una mujer de grandes labios, díjole:
has venido a predicar la violencia?
Y replicó Jesús: No predico la violencia,
porque la violencia está en la naturaleza
de las cosas, y yo no soy ajeno a la naturaleza
de las cosas.

Y un borracho que había muerto a
su hijo, dijo a Jesús: Hablas verdad, oh
extraño; pues he ahí que anoche escuché
el canto rojo del vino, y muerto he
al hijo de mi corazón.

Mas Jesús, escupiendo en el rostro
del borracho, habló en el lenguaje de
las parábolas, diciendo:

Un hombre había que construyó su
morada junto al mar, en el sitio más peligroso.

Y el tifón, y los animales del mar
entraban en la morada, y grande mal
había acarreado por su mano. Y él decía:
tengo yo la culpa de que el viento
y las bestias del mar asienten en mi
casa?

Y dormía en el umbral de la casa, y
holgábase en ella con las hijas de los
pescadores.

Mas la sal y la muerte habían invadido
el aire de la casa, y había putrefacción
en sus cimientos.

Y los días del hombre fueron contados.

Por lo cual os digo, que aquel que
buscare el peligro, lo hallará, y aquel
que caminare por entre pantanos,
perderá la vida.

Oído lo cual, el borracho comenzó a
azotar su cabeza contra las piedras.

Entonces uno de la turba dijo:
Homicida es, y quería llevarle ante los jueces.

Dícele Jesús: Desde la matriz de tu
madre vienes cargado de culpas, cómo
juzgarás a tu hermano?

De verdad te digo, que para este
oficio de perseguidor de hombres
necesitas nacer dos veces.

Porque entre el perseguidor y el
perseguido, ¿qué hay sino la letra muerta?

Diciendo lo cual, Jesús fuese por el camino.
Y ninguno se atrevió a seguirle.

 

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

 


 

Una vieja ciudad europea

  

El empedrado de las calles tiene algo de magma sólido.

Cada piedra aislada y rotunda,

sola entre todas.

Los espacios entre ellas son minúsculos valles.

El empedrado de estas calles viejas

tiene algo de piel de animal extinto,

rugoso,

y parece cubrir un cuerpo invisible.

Los pies tantean el terreno,

como un astronauta otro mundo,

como un espeleólogo la gruta

que guarda tercamente su secreto.

Y al contemplar los edificios

es preciso pararse,

evitar el paso en falso

la caída que te arrastre

hacia esa otra tierra

oculta bajo el empedrado.

Clavo mis ojos en las piedras solitarias

que dibujan la piel de ese animal extraño

habitante de una tierra invisible,

ese pasado que parece pujar por emerger,

por asomar su milenario hocico

y resoplarnos a la cara las lecciones que nunca aprendimos.

(Plovdiv, 2025)

  

De: “Perfecta sombra”

 

 

JOSÉ MÁRMOL

 

  

 

Poema 28

  

tus bajo las mías piernas amarillas

dos largas avenidas con fin de muchedumbres ordenadas

desfiladeros blandos      caminos de un navío a su raíz

 

abanicos tremendos gastados son los ojos

y el tabique nasal morada última del beso

 

¿qué fuerza desde el fondo del viento izó la mano

si la pulsación    la voz del giro son mis dedos?

 

al instante el cuerpo se desploma y no regresa

a lo lejos no hay cuerpo               ni sombra            ni suspiro

si hay olvido la presencia del amor espira vértigos

y odio

  

De: “Donde todo triste ruido hace su habitación”

 

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

  

 

Jardín

 

Sobre la noche ondulante
inclina el viento de la luna
su canción de hojas.

El brillo de los perfumes alarga
la memoria vegetal
de la sombra.

Sobre la noche ondulante
de las hojas
el agua flautista
extravía en el tiempo de la luna
su música indescifrable.