martes, 2 de junio de 2026


 

AURELIO PASTORI



 

La ola

  

Desde la contenida llanura
que no duerme
se levanta impaciente
sobre el sosiego imposible
la ola.
Crece como la boca
de un grito
o el éxtasis
de alguien indefinido
que no perdura.
Crece y huye.
Su deseo envejecido
se aplaca
sobre lo igual.
Sus fragmentos
hacia el olvido
vuelven a ser
la vaga inquietud
del mar.

 

LUIS PEREIRA

 

 

 

¿Nuevas formas de declamar?

  

¿Lo afectado lo sensuado?
¿La palabra sollozo? ¿Misterio de los tiempos, luz
esencial?
¿Arcilla húmeda?
¿Río amargo, ventana de sol, arrebato de
flores?
¿Trampas inciertas?
¿Una calle cualquiera, café en la esquina? ¿Boca
seca?
¿Nada murió del
todo?

 

 

ÁNGELA DE MELA

 

 

 

Canto XVII

  

De eternidad o de añoranza
el horizonte
que hizo comensales
y en el tercio ventanas y secretos
acertarán a ver
las aves del principio
rozaría un comienzo
el ver pasar el agua
el agua como ahora
llevará nuestros nombres
de flores bienvenida
pulirá su aguijón
en la oquedad que lame
al pie de los juncales
la gloria del vacío
donde la primavera
en lilas y heliotropos
lo transcurrido aguarda
y todo nacerá
el humo es un gigante
que te amansa y sonríe
mientras tenga palabras
sujetaré este junio
su filo desde un huerto
para no echarte nunca
y el jardín será claro
todo el tiempo siguiente
qué importa si concluye
la tierra en la península.

 

VÍCTOR FOWLER

 

 

 

Isla que resbala

  

Traté de sostener entre los dedos
isla que resbala,
su blanca playa parecía incendiarse
bajo el sol,
la noche musical llena de puntos.

Conversación sobre la yerba verde;
el cuerpo de los dioses desnudos,
su alegría. Era redondo el seno
y pleno el sabor;
os juro que lo tuve.

No esta aridez sajando,
mira el polvo cubrir las provincias;
os juro que lo tuve.

Sin vivir ni morir he contemplado,
pero no pude hacer del tiempo un hilo.
Resbaló de mis dedos y se hundió.

 

 

OSBERT SITWELL

 

  

 

Lágrimas

  

El silencio abruma la melodía de la Noche,
Luego gotea lentamente sobre los bosques que suspiran
Por su pasada éxtasis primaveral.

Las ramas y hojas dejan entrar la luz
En dibujos tejidos contra el cielo pálido,
Creando tracerías góticas misteriosas
Entre altos pilares oscuros,
Que asustan a los pobres mortales errantes.

El silencio cae sobre el bosque como lluvia triste,
Convirtiendo cada suspiro frágil en sollozo,
Cada gota, en lágrima hueca y pintada,
Como las de los Pierrots cuando temen
Que nubes negras maten a su señor plateado.

El mundo es de cera; el menor aliento
Podría alzar un huracán de sonido.
La tierra huele al sol guardado
Que dio vida al oro de esa hoja
Que cae para enterrar su pena lejos de la vista.

 

EDITH SITWELL




Casas de payasos

 

BAJO el cielo plano y de papel
El sol, ojo de demonio,
Brillaba en el aire, máscara de vidrio;
Todos los sonidos errantes

Parecían desafinados, como si la luz
Fueran cuerdas tensas de violín.
La plaza del mercado con torre y campana
Marcaba la hora en el Infierno;

El murmullo activo del calor
Chillaba como un periquito;
Y estremeciéndose bajo la luz del mediodía
El polvo yacía muerto y blanco

Como polvo sobre el rostro de una momia,
O reptaba con gracia simiesca
En torno a puestos con juguetes duros y brillantes
Y alegrías de madera frágil:

El gorro y cascabeles del Tiempo el Payaso
Que, tintineando, silbaba
Querubines jóvenes ocultos en el disfraz
De cada ave que vuela;

Y máscaras brillantes como estrellas para la juventud,
Para que ningún sueño que pase
—Peregrino luminoso— vea
Indicios de la Realidad.

Sobre la hierba afilada, verde y chillona,
Altos árboles como sonajas se inclinan,
Y repican agudos y absurdos;
Pero al caer la noche señalan

Hasta que Pierrot luna se cuela sigiloso,
Su rostro más blanco que el pecado,
Enmascarado en negro, y con toque frío revela
Cada cereza, ciruela y pera.

Entonces bajo los ojos velados
De las casas yace la oscuridad—
Casas altas; como una oración desesperada
Cortan el aire mudo y astuto.

Ciegas son esas casas, finas como papel,
Viejas sombras ocultas dentro,
Con movimientos furtivos y locos reptan
Como marionetas, y lloran.

Altas ventanas muestran el Infinito;
Y la dura realidad,
Las velas lloran, espían y danzan
Como vidas burladas por el Azar.

Las habitaciones son vastas como el Sueño;
Una vez me aventuré en ellas,
El Silencio frío, como un mar creciente,
Lentamente me envolvió.