martes, 2 de junio de 2026

EDITH SITWELL




Casas de payasos

 

BAJO el cielo plano y de papel
El sol, ojo de demonio,
Brillaba en el aire, máscara de vidrio;
Todos los sonidos errantes

Parecían desafinados, como si la luz
Fueran cuerdas tensas de violín.
La plaza del mercado con torre y campana
Marcaba la hora en el Infierno;

El murmullo activo del calor
Chillaba como un periquito;
Y estremeciéndose bajo la luz del mediodía
El polvo yacía muerto y blanco

Como polvo sobre el rostro de una momia,
O reptaba con gracia simiesca
En torno a puestos con juguetes duros y brillantes
Y alegrías de madera frágil:

El gorro y cascabeles del Tiempo el Payaso
Que, tintineando, silbaba
Querubines jóvenes ocultos en el disfraz
De cada ave que vuela;

Y máscaras brillantes como estrellas para la juventud,
Para que ningún sueño que pase
—Peregrino luminoso— vea
Indicios de la Realidad.

Sobre la hierba afilada, verde y chillona,
Altos árboles como sonajas se inclinan,
Y repican agudos y absurdos;
Pero al caer la noche señalan

Hasta que Pierrot luna se cuela sigiloso,
Su rostro más blanco que el pecado,
Enmascarado en negro, y con toque frío revela
Cada cereza, ciruela y pera.

Entonces bajo los ojos velados
De las casas yace la oscuridad—
Casas altas; como una oración desesperada
Cortan el aire mudo y astuto.

Ciegas son esas casas, finas como papel,
Viejas sombras ocultas dentro,
Con movimientos furtivos y locos reptan
Como marionetas, y lloran.

Altas ventanas muestran el Infinito;
Y la dura realidad,
Las velas lloran, espían y danzan
Como vidas burladas por el Azar.

Las habitaciones son vastas como el Sueño;
Una vez me aventuré en ellas,
El Silencio frío, como un mar creciente,
Lentamente me envolvió.

 

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