domingo, 7 de mayo de 2023


 

PABLO ABRIL DE VIVERO

 



 

Exaltación de las materias elementales

 

(En desnudez intacta,
escalofrío, desmayo y sueño.
Debajo de sus senos nace un río
que olvida los temblores de su cuerpo).

¿Te quieres dar a mí hasta palidecer
desmayada en la noche?
¿Y que tu cabellera encienda
los trópicos íntimos del amor?

¿Sentir la claridad del alba
anegada en tus senos?
¿Hundirte en mí,
en la temeraria orfandad de la sangre?

Yo sueño verte un día
desnuda de tallos y de aurora,
señalando la transformación de las esferas,
alta de mediodía, cenital y luminosa,
solitaria, única: ¡eterna rosa!

 

 

ANTONIO CILLÓNIZ

 

 


 

Espejo de Narciso

  

Ah, pobres ninfas condenadas
a recibir la sombra de Narciso
que, a causa de las ondas que producen
al intentar tocarla,
ellas mismas deshacen.
Oh carne de agua, oh sombra de aire
que sin ninfas también desaparecen
al enturbiar su imagen
las lágrimas del alma
de un Narciso igualmente condenado
a ver cual cuerpo de la amada
la propia sombra del enamorado.

La posesión efímera del goce
satisfecho por un instante
como medida de uno mismo,
pues tan sólo anhelamos
sentirnos anhelados.

 

ALBERTO URETA

 

 


 

La plegaria de una ciega

  

Oh señor, si tus bondades
prodigo al mundo repartes,
si se siente en todas partes
Tu providencia, Señor
Por que ataste el infortunio
a mis manos inocentes
Y me enviaste a torrentes
El acíbar del dolor

Lanzando el sol de tu frente
Fue a clavarse en los espacios
Para alumbrar los palacios
Y misero triste y misero hogar
Y la cumbre de los montones,
Las hojas secas que ruedan
Privados de claridad…

Mas a mi me la negaste
Y me envolviste en tinieblas,
Que densas y oscuras nieblas
Son mi lugubre capuz
Con flores que en capullo
Marchita inclemente hielo,
Así mis ojos el cielo
Seco al abrirse a la luz.

Desde entonces va en sombras
Mi existencia confundida,
Soy una sombra perdida
Humo tenue, niebla soy
Y sin rumbo en este mundo
La penosa senda sigo
Soy el ave que su abrigo
En noche aciaga perdio.

Luz fecundante en su cáliz
Reciben las flores bellas
Y la vida brote en ellas
Su perfume y su color
Pálida y triste es mi vida
En medio de oscura noche,
Soy mustia y flor cuyo broche
En frio paramo abrió.

Vivida luz es el alma,
Luz radiose el pensamiento
Y es luz pura para el elemento
En que vive, oh dios, tu ser
Con ella me falta el alma
Y es mi albedrío destino
Soy hoja que en el camino
Arrastra el viento por doquier.

Voy por las calles y plazas
Del ocaso y frio apoyo
Soy el mismisimo arroyo
Cuya corriente es su ley
Mas do van, señor, mis pasos
Ahi se oye mi plegaria,
En la ruta solitaria
¡Cuantas veces me postre!

Jamas agito mi pecho
El placer y alegria,
Soy la lagrima sombria
Que la desgracia vertió;
Mis labios nunca sonríen
Ni mi semblante se alegra,
Leve nube oscura y negra
Que vaga con el mundo soy.

¿A quien negó los encantos
De la niñez fortuna?
-La noche rodeo mi cuna
Y el dolor la balanceo-
Joven ya, en vez de ilusiones,
Sentían mi alma hielo eterno,
Que convirtiéndose en mi invierno
Mi primavera sin sol.

¿Mi madre?… cuando en su muerte,
Me llamo: hija del alma,
Voy a escogerte la palma
Que al mártir promete Dios,
Y oí que su bendición
Entre sus labios desmaya,
Como de la ola en la playa
El aspirante rumor.

Fui señor, de rodillas
Un rayo de luz al cielo,
Y de mis ojos al velo
Quise yo misma rasgar…
Mas ¡ay! en mi ansia infinita
Y en mi terrible agonia,
Tornaba nube sombria
A envolverme mas y mas!

Privada va de su afecto,
Vivo llena de congojas,
Soy el arbusto sin hojas
Que el aura no mece ya!
¿Y si el aliento conservas
A esta mujer dolida?
¡Si es un suspiro mi vida!
¡Si mi existencia es un ay!

En vano huérfana y ciega
Imploro piedad al mundo,
Que mi acento gemebundo
Siempre la brisa llevo;
Y va mi canto sin eco
Como la nota sentida
Que entre los bosques perdida
La triste quena vibrio.

Y va mi canto sin eco
Entorno a a escombros y ruina,
Soy la triste golondrina
Mensajera del dolor…
Mas ella su blando nido
Suspende el viejo techo,
Yo no tengo hogar ni lecho,
Pajarillo errante soy!

Oh! Señor, si tus bondades
Prodigo al mundo repartes,
Si se siente en todas partes
Tu providencia, Señor,
Haz que termine la noche
De mi existencia sombria,
Y me amanezca aquel dia
Cuyo sol eres, Oh Dios!

 

 

ARTURO CORCUERA

 

 

 

Fábula y metáfora del gallo

 

Reloj despertador,
hijo apócrifo del papagayo.

No anuncia la madrugada
el tornasol clarinero.

—¿Qué tiene el gallo
que se ha callado?

—Hay que llevarlo al relojero.

 

 

BENITO BONIFAZ

 

 

 

Al sol

 

en el 28 de julio

Salud ¡oh Sol! que en tiempos más felices
Suspendido como hoy en tu gran templo,
El drama presenciaste sin ejemplo
Que nos dio la libertad.
¡Salud a ti! que el despotismo viste
En tu trono de bronce envanecido.
Al patriótico embate estremecido,
Cobarde zozobrar.

¡Salud a ti! gigante de topacio,
Cuyo esplendor nos trae la memoria
Del más hermoso día de la historia
Del pueblo del Perú.
¡Salud a ti mil veces! luz gloriosa,
Que en recuerdo de aquellos faustos días
Tu más brillante rayo nos envías
Desde el inmenso azul.

¡Detente ahí! ¡Suspende tu carrera!
Y no desciendas aún al Occidente;
Que quiero contemplar sobre tu frente
Radiosa y colosal,
La dicha y el placer que sentirías
Al ver como tus nobles descendientes
Supieron, esforzados y valientes
El yugo quebrantar.

¡Detente ahí! y escucha los acentos
Que tu presencia fúlgida me inspira;
Oye las vibraciones de mi lira
Que arranco con placer;
Oye del vate el sonoroso canto
Que de su pecho ardiente se levanta;
Porque ha sentido que tu llama santa
Ilumina su sien.

¡Pàrate! Escucha el grito que de gozo
Lanza de corazón un pueblo entero;
Oye el estruendo del cañón guerrero
Que te saluda ya.
Mira en el templo humeando en los altares
El rico incienso que al empíreo sube
Cual blanquecina, vaporosa nube
El cielo a perfumar.

Mira los Andes de nevadas sienes,
Empinados atletas de granito,
Conmoverse también al hondo grito
Lanzado desde aquí.
Y en sus bases de piedras indestructibles,
Manantiales del oro refulgente,
Balancearse y el eco dulcemente
El grito repetir.

Cuando la última gota agonizante
De nuestro patrio, embriagador contento
Vaya a morir en el excelso asiento
Del padre universal,
Sigue entonces tranquilo tu carrera;
Paso a paso desciende hasta el poniente
Y ve en el horizonte suavemente
Tu núcleo a sepultar.

 

 

KILKU WARAK’A

  


 

Puma

  

Tiznado gato crío de la niebla
Airada fiera, garra de piedra
Deambulas por los cerros
Cabizbajo por la nieve

Acechando con furor
Barres la niebla
Laceando con tu rabo
Lías montañas

Espinos filudos tus bigotes
Al sol deslumbran, relucientes
Candente brasa tu lengua
Se relame por sangre

Grácil felino de los Apus
Venerado crío
¿Deambulas hambriento
Rastreando una presa?

Ven y prueba
Mi desgarrado corazón,
Reposa en mi pecho
Aplasta mis penas

Con tus garras
(que rasguñan piedras)
Trenza mis nervios
Y adorméceme pronto
Para no padecer pesares

  

Nota: Kilku Warak’a, Seudónimo de Andrés Alencastre Gutiérrez