"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 13 de mayo de 2026
ROBERTO MANZANO DÍAZ
Ahora
tengo unas ganas enormes de aullar…
Ahora
tengo unas ganas enormes de aullar, oh Munch, de dar un largo lamento sonoro
como una estentórea muralla china;
oh
Munch, en el puente que junta los dos cadalsos me sostendría en la baranda gris
para desbridar un gran aullido;
espejo
del arte, que guardas el instante raro como una duplicación absoluta, qué bien
cromas lo incoloro;
vertería
un ronquido extenso, desenfadado de fauces, de modo que exhalara de un solo
soplo todo el ácido del dolor;
porque
ahora exhumo un gran dolor que no es élego ni hímnico, ni flemático ni
atlético, ni femenil ni varonil;
es
un dolor, Vallejo, sin sabor ni expediente, hincado como una mala vértebra en
la sucesión congojosa del vivir;
Munch,
para un resonar así con los bronquios del alma hay que poner la baranda, el
peso del alma sobre la baranda;
luego
que marbeteen, que ausculten, que desahucien como es usual cuando se ha
cumplido la honradez del dolor;
ahora
daría un aullido de cíclope, de farallón rocoso, de cristal lanzado, de retina
pisada, de viento en el desierto;
y no
es conmiseración ni perdón ni contribución ni ataque alguno lo que ahora pido,
en vísperas de un gran aullido;
sólo
deseo deshabitarme el dolor, como un estertor que de pronto sale y se divide en
dos rostros que se miran de frente;
luego
queda el cráter abierto y regresa el aire del silencio dentro de una
inspiración tan larga como un tren;
y va
entrando, en anillos de tristeza y consuelo, un color de brasa nocturna como
una pequeña fiesta íntima;
y
disolviéndose el contorno inmediato, ven los ojos aún rojos del resuello las
nítidas palmeras de lo distante;
y
los grandes alciones cruzan mientras se levanta convaleciendo el sol sobre las
pulidas aguas del océano.
MATILDE LADRÓN DE GUEVARA
A Florencia
¡Florencia,
patria mia, vuelo humano!
Te vi retama ubicua en primavera
Y también a Frá Angelico, Leonardo,
Rafael, Botticelli, esmaltados.
Moran
en mi alma. Dante, Miguel Angel.
Y Vivaldi me canta. Son hermanos
inmersos para siempre en mi vida.
Se burila Italia en añoranza.
Con
las huellas de su arte no extinguidas
que urjes, tú, Florencia, en mi memoria.
¡Cómo queman la cien y los recuerdos
Y
aceleras mi pena hacia Toscana!
Ato al dolor mi desatado anhelo
si viva antes de morir te beso.
FLORA THOMPSON
Fuegos
de jardín
Una
deriva de humo de leña y maleza
flota sobre los espacios del jardín,
rodeando las copas del huerto;
arden los restos
del Invierno sobre la tierra,
ahora que la Primavera ha nacido.
Suaves
lluvias de pétalos nevados
alfombran el verde brillante y frondoso;
azules coronas de humo giran y se espesan
mientras tibios vientos pasan entre ellas,
y lenguas vivas de fuego
avergüenzan a los narcisos.
Y
los hombres harán fuegos semejantes,
y libres soplarán los vientos cálidos de primavera,
cuando todos los grandes deseos
que desgarran mi corazón
se reduzcan al polvo,
¡pues el Tiempo es justo!
AURELIO PASTORI
Cerro
de las Ánimas
Así
lo llamaron
las ánimas
que hoy lo habitan.
A su costado
la movida
la carretera
de los que olvidan.
BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS
Indiana
Jones
Frente
al desamparo del abismo,
la mano de garra protectora.
Ante la bala certera del enemigo,
el sombrero como yelmo impecable
y el salto imposible.
Dentro de la cueva asfixiante,
el hallazgo puntual de la ranura
que abre todas las puertas.
Ante los misterios insondables
la lógica simple y pura
de un rostro preocupado.
Frente a la superioridad del atacante
la complicidad del caballo
y del amigo resucitado.
Ante la traición del puente colgante
la voltereta mágica
la caída en picada
el río como colchón
la balsa desprevenida
pero cómplice.
Cuando
mi madre me enseñaba
que para dios
no había nada imposible.
Yo pensaba en ti, Indi.
ÓSCAR DELGADO
Tarde
Nos
lleva el río a la tarde
narradora de luciérnagas.
La
tarde viento de oro
alarga estrellas fluviales
en el color de tus ojos.
Tus
manos guían estrellas
en el río de la tarde.
