Indiana
Jones
Frente
al desamparo del abismo,
la mano de garra protectora.
Ante la bala certera del enemigo,
el sombrero como yelmo impecable
y el salto imposible.
Dentro de la cueva asfixiante,
el hallazgo puntual de la ranura
que abre todas las puertas.
Ante los misterios insondables
la lógica simple y pura
de un rostro preocupado.
Frente a la superioridad del atacante
la complicidad del caballo
y del amigo resucitado.
Ante la traición del puente colgante
la voltereta mágica
la caída en picada
el río como colchón
la balsa desprevenida
pero cómplice.
Cuando
mi madre me enseñaba
que para dios
no había nada imposible.
Yo pensaba en ti, Indi.
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