"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 2 de agosto de 2026
CRISTINA SÁNCHEZ-ANDRADE
1
Tijereta
Se
introduce en el oído
mientras
duermes,
perfora
el tímpano,
desgarro,
rotura
de membranas.
Como
un pensamiento,
penetra,
excava
túneles,
horada.
Así
es el miedo:
incuba
huevos en el cerebro.
De: “Vida
insecta”
DANIEL ALCÁZAR
¿Acaso
no soy una mujer?
Sojourner
Truth
Explicar
que mi voz
no es una plegaria
sino una alabanza apresada
dentro de la corriente de la sangre,
un idioma nuevo
derribando los cimientos negados
de aquellos que oscurecen
aún más mi piel.
No
olvides lo que digo,
ni niegues mis brazos,
que como los tuyos,
se hundieron en la tierra
y sintieron la punzada
del acero y la cuerda.
He
abierto mi carne
y la luz emanó salvaje.
Dime
si tú
con todo tu poder
pudiste engendrar un sol
como yo hice
sobre el marco de la luna.
De:
“La memoria encendida”
ZUZANNA GINCZANKA
Gramática
(— y
echar raíces en las palabras con alegría
y enamorarse de las palabras es tan fácil —
basta con sujetarlas entre las puntas de los dedos y mirarlas al trasluz como
un vino de Borgoña).
Los
adjetivos se desperezan como gatos
y como los gatos están hechos para las caricias
suaves, tiernos, mansos gatos ronronean en andante y maestoso.
Los tiernos gatos tienen en los ojos lagos y abismos de algas verdes
Miro soñolienta las pupilas gatunas
misteriosas y cristalinas y traidoras.
He
aquí la masa y la forma, he aquí el contenido indispensable,
el quid de las cosas, la materia incrustada en el sustantivo,
y la inmovilidad del mundo y la paz de inercias y la constancia,
algo que existe y dura, la palabra condensada en un cuerpo.
He aquí simples mesas y duros bancos de madera,
he aquí frágiles y húmedas hierbas de tejidos vegetales,
he aquí la iglesia rojiza, que con su gótico en Dios crece,
y he aquí el venoso, arterial, sencillísimo corazón humano.
El
adverbio en cambio es un milagro repentino
la sorpresa que salta al frotar el chispero —
y sucedió algo no se sabe cómo —
y ahora está ya al bies y al través
y con ambas manos envuelve el pensamiento y todo es seguro, lánguido y bueno.
Los
pronombres son minúsculas estancias,
con pequeñas macetas en las ventanas.
Cada rincón es un recuerdo del pasado
y son solo para Ti y para mí.
Con su secreto abracadabra
florecen las leyes del álgebra del amor:
yo — soy tú, tú — eres yo (ecuación)
yo sin ti — tú sin mí, da cero.
Arropados en los ocasos adoramos
hurgar en palabras como en cajones.
Yo soy tú — tú eres yo. Ecuación.
Los pronombres son secretos como flores,
como diminutas, diminutas estancias,
en las que habitas oculta del mundo.
(–
así que, entre las puntas de los dedos toma la palabra
y al trasluz mírala como un vino de Borgoña
—y echar raíces en las palabras con alegría
y enamorarse de las palabras es tan fácil. —)
1936
De:
“El ave de fuego”
Versión
de Elzbieta Bortkiewicz
FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL
De
un cero, el germen de la nada.
desdibujo
Otras
luces, mañanas y tardes, convocas.
lugar
Tú
rompiendo el sosiego la noche.
acero
Qué permanecerá,
qué quedará de mi abuelo ahora que ha muerto.
exordio
Qué
de él cuando muramos los que lo recordamos.
De:
“El libro de la sed”
RONNY RAMÍREZ
Elegía
por el capitán que soñaba
Del proceloso viaje el barco arriba, victorioso, con su trofeo.
¡Exultad, oh, costas! ¡Repicad, oh, campanas!
Pero yo, con paso fúnebre,
camino por la cubierta donde yace mi capitán,
frío y muerto.
Walt Whitman
¿Cómo
puede amanecer
si ya no me guía el ángel y sus cuentas de oro?
¿Cómo volver a la carrera del día
si no bastan las lágrimas, no basta la flor?
¿Cómo decir mañana o paraíso frente al mar
si no quedan más que cruces bajo el cielo?
Yo, que no me atrevo a tocar
tu epitafio sangriento,
condeno la noche y sus perros de caza.
Yo, que aprieto el lirio inútil,
arranco las raíces de sueño que te rodean
y levanto una línea de fuego sobre la página
que te hunde entre sus sábanas blancas.
Tú, que cedías entre lunas y violines
soñabas que te aferrabas al lomo de una nube
y sonreías al océano, las auroras y sus caminos secretos.
Tú, cometa salvaje, capitán frente a la deriva
de abismos y tormentas,
tigre o isla,
¿cómo volver a tu fotografía sin preguntar
en qué estrella, en qué libro, en qué viaje
te sorprendió la sombra susurrante
y su hilo de ceniza?
¿Cómo descifrar ahora ese acertijo
entre las nubes,
que baja y ronda como rumor de hierba seca
sobre tantas historias de rocío,
abandono y herrumbre?
¿Cómo sostengo la risa, el perdón,
la cálida confidencia de tus ojos
bajo los años que se bifurcan como maleza
y caen como llovizna de nieve?
Yo, que sollozo frente al sol
y retomo el paso fúnebre,
voy dejando pétalos.
Tú, que tantas veces caíste
contra las embestidas de las olas
y te negaste a replicar con un canto de cisne,
hoy naufragas de pie y con calma
entre restos de madera que aún resplandecen
henchidos de fe.
De:
“Condeno la noche y sus perros de caza”
