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lunes, 26 de enero de 2026

CLAIRE GOLL

 

 


Yo he nacido en tu corazón

  

Yo he nacido en tu corazón.
Un domingo -con veinte años-
tú me enseñaste a hacer equilibrio
sobre nubes;
tú trajiste a mis ojos
las lágrimas de la bienaventuranza;
tú me ordenaste abrir las puertas
al ángel con las alas manchadas
y al asesino de la medianoche
para pedir perdón.

Tú me enseñaste el éxtasis
delante del guijarro -cargado con duración-,
delante de la maleza del muladar;
tú ensayaste conmigo la canción a dos voces:
el aria del amor a prueba de fuego
y que resiste a todo incendio…
pero la muerte la ha chamuscado
y yo me derrumbo bajo el peso
de la aflicción de plomo.

Sí; tú que me trajiste al mundo,
¡ayúdame a emigrar al cielo!

 

 

domingo, 25 de enero de 2026

CLAIRE GOLL

 

Nunca más

  

Nunca más una rosa será una rosa,
en lugar de ella, tiernos pétalos de flores revolotean:
marchitos párpados de muertos.

El sol está sepultado contigo,
La luna -ahogada en el estanque de lágrimas-
no saldrá más mientras yo viva.

Nunca más un mirlo será un mirlo,
los suaves pasos de los difuntos
apagan para siempre su canción.

La extraviada sonrisa de las estrellas
-en peregrinaje desde hace tres siglos-
eleva mi dolor hacia la noche.

Nunca más seré la amiga del viento.
Yo lo maldigo
a causa de su olor a podrido.

 

 

sábado, 24 de enero de 2026

CLAIRE GOLL

 

  

Tú-yo

  

Somos floridos como sueños
de la misma luz,
del mismo crepúsculo.
Estamos hechos
de la ceniza de la estrella.
Ya antes de nuestro nacimiento
nuestro ser era uno
y después de la muerte
nos volveremos a ver.

A través del tiempo,
a través del espacio,
me precipito
hacia ti
dios-adolescente,
me hundo nuevamente
-infinitamente-
en el origen primordial.

 

 

viernes, 23 de enero de 2026

CLAIRE GOLL

 

 

Insomnio

  

En la noche, cuando los mirlos cantan dulcemente,
pienso en tu “Oda al mirlo”.

Cuando me sumerjo en el espejo,
encuentro tu incurable aflicción.

Mi ventana ha enfermado de catarata
desde que tu noche ha pintado los cristales.

De las torres caen siempre veintitrés repiques:
la hora de tu partida definitiva.

En vano bebo el amargo hachís…
ninguna droga cura el insomnio del alma.

Alrededor de las cinco, el fantasma abandona su puesto
en el interior de los inquietos muros.

Se estremece tu arma de acero -la pluma azul-
y me atraviesa lentamente el corazón.

Ay, el mirlo cautivo -Rue de Verneuil-
denuncia ya a la aurora.

La cotidiana muerte empieza de nuevo.

 

 

jueves, 22 de enero de 2026

CLAIRE GOLL

  


Nuestro relieve sepulcral

  

Cada medianoche, guardo en el corazón
tu rizo color azul-cuervo.
Todavía cargado
con corriente de alta tensión,
me hiere su descarga eléctrica

Yo practiqué -con pichones de ave-
el silbido de zorzal con el que me llamabas.
Y cuando ellos estuvieron en edad de volar,
me llamaste -a través de ellos-
desde todos los jardines.

En la película que filmo de ti,
la sombra de Orfeo se desliza sobre la pantalla.
De la desintegración de esta sombra
me alimento con algo de celuloide.

Cualquiera creería que estoy viva porque me muevo
pero hace mucho que estoy petrificada en el bronce
unida contigo en el relieve de Chagall
sobre nuestra cama doble de piedra.