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viernes, 26 de septiembre de 2025

GERARDO VENTEO

 


 

Cuando por la noche se quita el luto, se mete en

la cama y se agazapa bajo las sábanas, llora por el

dolor de no saber qué hacer, cómo hacer para poner

la mesa al día siguiente, cómo hacerlos para que sean

de provecho para sí y para el mundo.

Y se mece en las plegarias de la noche hasta que llega

el sueño y se pausa y se aviene a ella misma y a su

confianza.

 

De: “La veladora”

 

 

 

 

sábado, 20 de septiembre de 2025

GERARDO VENTEO

 

 


 

Él le dio lo único que le dio la vida, dos hijos y toda

la alegría, toda la soledad, todo el miedo, todo el

dolor, todo; más esfuerzo.

 

De: “La veladora”

 

 

 

 

domingo, 14 de septiembre de 2025

GERARDO VENTEO

 

 

 

La suya era una casa sencilla de paredes blancas y un

tejado de amparo abierto como las manos que en su

cobijo redimían de todas las afrentas de los días y

su frío; una casa de anchuras para recoger el campo

y unos ojos abiertos a la calle para no olvidar la

anchura del mundo ni el futuro. Su casa, a su imagen

y semejanza, era buena.

 

De: “La veladora”

 

 

lunes, 8 de septiembre de 2025

GERARDO VENTEO

 

 

 

Porque al nacer el primero, su constelación de afectos

cambió; el espacio y su espacio, la gravedad de los

objetos, la intención del logro enredado en el afán,

la niña de sus ojos. Ella, más ella que nunca, insistía

en la cría.

Al fin, tenía un lugar en el mundo.

 

De: “La veladora”

 

 

 

 

martes, 2 de septiembre de 2025

GERARDO VENTEO

 

 


 

Era la segunda de las hijas, la más atenta. La que le

dio gloria en su cuidado. La que mejoró su especie y

fue madre al fin también, la que lo fue de todos y de

nadie; la sola, la que nada más que sus hijos. De ellos

siempre ella, la veladora.

 

De: “La veladora”