viernes, 2 de octubre de 2026


 

DOROTHEA LASKY

 


 

El animal

 

El hombre de las palomas se comió mi corazón
Lo vi sentado, dando de comer a las palomas
Pero él no me vio
Tres palomas en cada pierna y una sobre el hombro
Mi padre duerme, asoma la cabeza por la ventana
No puedo escuchar el sonido del trueno en esté túnel de viento
No puedo contar
Las cosas que vi mientras dejaba volar
Un amor que estaba infravalorado
Mi corazón pertenece a un león
Amo su pelaje y deseo su corazón
Oh animal, tu corazón es sabio más allá de tus años
Te corto las garras y susurras para decirme
Que nunca abandone este lugar
Así que te hago caso
Aunque me gustaría saber
Si realmente apostarás por mi corazón
Si me darás algo que merezca la pena salvar
Algo como el gospel de los leones, o peor aún, de las gacelas
Que hablan elegantemente desde el viento
Toco la palabra de la gacela y es rosa como el día
La dejo sobre el océano, este pájaro rosado que me habla
Lo dejo volar sobre las palmeras, Oh déjale volar
Una vez perdí mi rosado discurso pero ahora sé
Que siempre será parte de mí si me detengo a escuchar

 

Versión de María Ramos, Valeria Meiller y Cecilia Pavón.

 

 

DAVID DELFÍN

 

 

 

Medir en newtons la unidad de hallazgo.

 

Recoger con las manos del agua esas síntesis rellenas de bautismo que se desprenden del universo antes de ser devoradas por los sistemas de desagüe. Sembrarlas para que broten islas y se recolecten como fruto y, en su pulpa, cuanto llega de muy lejos: el aquí ausente, artificio de la plenitud inicial.

 

Medir en rubendaríos.

Humanizar con la retórica de los pronombres irrompibles, aunque ya sin el fragor necesario de la juventud; creyendo así retener las grandes pasiones una última vez. Istmos de soldadura líquida entre los conocimientos de entonces y los de hoy, irregresables con estatus de mapamundi que sostienen al aprendiz calladamente.

 

De: “Oqueruela Tékne”

 

 

ÁNGEL GUINDA

 

 

 

La botella

 

Dentro de esta botella cabe el mar.
Dentro de esta botella
se tambalea el cielo,
se tambalea el sol de los borrachos
con su verdad a cuestas,
con la marea de sus amarguras.
Dentro de esta botella bailan moscas
como bombardeados helicópteros,
pasean cucarachas con paraguas.
Dentro de esta botella llueve ausencia.
Su pared giratoria desfigura mis rostros,
comba mis frentes, abre mis pupilas:
hay tormentas de hachazos en su magma.
Dentro de esta botella está el vacío
del que me lleno cuando bebo y bebo.
Abandonada para el reciclaje,
yo soy esta botella.

 

De: “Me he fumado la vida”

 

 

DANIEL FERNÁNDEZ

 

 

 

El viejo tema de la rosa

Amago de la humana arquitectura.

Sor Juana Inés de la Cruz

 

Describir, por ejemplo, ciertas cosas:
que el ruboroso rojo del ocaso
sabe a un verano azul cuando olorosa
me llevas tras tus pasos.
Pero cómo escribir sobre ti, rosa
que yo no tengo entre las manos,
sin acordarme de esas otras,
símbolo apenas del pasado.
Así también tú al cabo:
no más que temblorosas
sílabas sobre el blanco
de una hoja.

  

De: “La vida por delante”

 

 

DONALD JUSTICE

 

 

 

Hombres a los cuarenta

 

Los hombres a los cuarenta
Aprenden a cerrar despacio
Las puertas de habitaciones a las que
No volverán.

Quietos en un escalón
Que sienten moverse
Como la cubierta de un barco debajo de ellos,
Aunque el oleaje es tranquilo.

Al fondo de los espejos
Ellos redescubren
La cara del muchacho que practica anudarse
En secreto la corbata de su padre

Y el rostro de ese padre
Aún está tibio bajo el misterio de la espuma de afeitar.
Ahora son más padres que hijos.
Algo los colma, algo

Que es como el sonido crepuscular
De los grillos, inmenso,
Llenando el bosque al pie de la ladera
A espaldas de sus casas hipotecadas.

 

Versión de Mijail Lamas.

 

 

ÁNGELA MALLEN

 



                                                   Z

  

                   El campo crece dentro de un gorrión pequeño.

                        El campo es un naranjo que se repetirá

                        en los frunces del tiempo y sus culebras.

                        Se forjará una loma, un otero, un alcor,

                        un cerro y otro cerro, azules y lejanos,

                             en los mitos arcaicos del augur.

 

                             Mirad la mariposa que transporta

                   cielos negros y azules. ¡Cuánta belleza vuela!

 

                         Entre halcones y albatros en proyecto,

                   libando de las nubes mentales de pan blanco,

                             observo los enigmas desvelándose.

                             Allí donde crecí: solares del olvido,

                             tan lejos de los trenes siderales,

                                          nadie señoreaba.

 

                                   Allí aprendí a olvidarme

                                        en plena traslación,

                              junto a la mariposa que transporta

                                   cielos negros y azules

                              y después se desploma, libélula caída,

                                   sobre los adoquines.

 

De: “Liadora”