"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 8 de febrero de 2024
GHÉRASIM LUCA
El
balanceo de mi lengua
Palabras
dulces
y
desde la salida escondidas:
la
caracola del silencio roza a la de los arrecifes…
de
donde este relato
Atropellado
por el amante del sinsentido
digo
aproximadamente esto
para
decir precisamente eso
Existo
¡ay!
luego
me piensan
(El
ciego apunta al águila
y
dispara sobre un sordo)
Es
así que vivo
lo
que veo
y
que mi voz se consagra
al
yo que se extingue
Como
el «dulce» en la duda
¿soy
el «sonido» de mis sueños?
En
esta orgía de palabras
y de
ascetas a la escucha
mi
Demonio sonoro actúa
sobre
un mundo que se niega
se
anega y se anuda
en
lo hondo de mi garganta
Hechicero
por ondas ritmos
hordas…
Para
el rito de la muerte de las palabras
escribo
mis gritos
mis
risas peor que locas: falso
y mi
ética fonética
la
lanzo como un dado
sobre
el lenguaje
En
este lado de esto
y
más allá de eso
fuera
fuera de mí
Pues
estar en otra parte
tira
de la hora primero
y el
metro a continuación
su
llegada está aquí
muro
del sonido
donde
se fusila a un héroe
infinito
cuya
marejada escondida
lanza
un tejido de palabras
—una
ínfima sábana de muerto—
sobre
el desnudo de una mujer muda
acostado
como un ocho
en
los brazos del cero
Versión
del francés de Jesús García Rodríguez
DIONISIA GARCÍA
Otro
trayecto
Seguías
las propuestas
anotando a tu aire
mis pareceres…
Después
la gran ciudad.
Pude yo trabajar por las mañanas.
Los
días de descanso
nos gustaba ir al cine
si los bolsillos eran pródigos.
Fue
otra etapa dichosa
a pesar de tu entrega a las oposiciones.
Todo
ha pasado
fugaz y luminoso,
con recorridos
que la memoria olvida.
Solo tú en el recuerdo.
De:
“Clamor en la memoria”
ISA NÓVOA NIETO
A mi padre
(In memoriam)
Tu
ausencia es una grieta honda en el alma
que
horada ya una década infinita,
y yo
una niña huérfana que grita
al
ver zarpar tu barco en la mar calma.
La
fe de la que escéptica reniego
naufraga
en la razón que has educado;
no
te hallo en la otra orilla fondeado
ni
creo en el consuelo, aunque lo ruego.
Mi
mesa te reserva una maqueta
que
atónita ante mí extiende su plano,
y yo
sufro tu muerte intensa y quieta.
Inmóvil
y amputado, tu bastón
aguarda
con paciencia asir tu mano,
y
nadie me acaricia el corazón.
JUAN PORTILLO
Guardo
un amanecer
Guardo
un atardecer en la retina
y un
relámpago azul en la tormenta.
Tengo
una sensación absurda y lenta
del
mar rugiendo en olas con sordina.
Sueño
un recuerdo de la arena fina
que
de las blancas playas se alimenta.
Me
obsesiona en la noche hacer la cuenta de cada estrella que nos ilumina.
Temo
el silencio de la marejada,
el
graznido local de la gaviota
y el
incierto destino en que sucumbo.
Amo
el viento del sur de madrugada,
la
mecha del cañón mientras explota
y
llevar el timón, marcando el rumbo.
LUIS RAMIRO
Viaje
a ninguna parte
Escribe
un periodista que no entiende
por
qué yo no he llegado hasta la cima,
por
qué no soy un músico que vende:
mi
música ante el éxito no rima.
La
suerte siempre ha sido como un duende,
me
mira pero nunca se aproxima;
a
mí, a estas alturas, no me ofende
ni
voy a permitir que me deprima.
No
pienso “soy un genio incomprendido”
o
“el tiempo hará justicia con mi arte”
(consuelos
para hacerse el ofendido).
Anónimo
y feliz es mi estandarte,
mi
público es mi amor correspondido,
mi
viaje siempre fue a ninguna parte.
