jueves, 14 de diciembre de 2023


 

EMI G. CANCHOLA

  

 

Metamorfosis de un rosal (fragmentos)

 

1
en el cuerpo de mamá crecía la maleza                                                                                 
espinas que rasgaban mi sueño                                                                              
abundante plaga

mamá decidió podarse en la noche                                                                                      
a los ojos del viento su piel fue limpia                                                                                  
la luna pintó en ella el primer fruto:

emergí rosal en su jardín

 
2
los sonidos mecánicos son hijos de mi padre                                                                   
blim blam oprime botones                                                                                               
blam blim llora hacia adentro:                                                                                              
fui ensamblado al revés                                                                                                         
el producto más lamentable                                                                                                      
dijo su patrón

papá cerró los ojos                                                                                                       
fundió sus labios con el acero

 
3
él dice que me llamo Orlando                                                                                                              
pero ignora el recorrido de la clorofila                                                                                                             
que hierve debajo de mi piel                                                                                                             
hierve y me dice te llamas rosa el primer amor                                                                                                              
lo encuentro en un espejo:                                                                                               
mejillas rojas y tallo húmedo la lluvia                                                                               
esparce mi néctar en toda la casa                                                                                     
papá me golpea mamá recoge los pétalos                                                                            
los guarda en un cajón

 

De: “Rosa”

 


GUILLERMO MOLINA MORALES

 

  

 

Comunicaciones


Los anuncios para negros están filmados en los Estados Unidos

Promocionan celulares que te mantienen en contacto
Ahora más baratos que antes de ahora

Las guerras del coltán y llamarle a tu abuela
Cómo era que se amasaba el pan
En la tierra del trigo

Toman videos en alta calidad
Democratizan la industria del porno

El coltán de los celulares ha costado
Cinco millones de víctimas en el Congo

No es obligatoria la compra de celulares

Mi abuela responde que lo más importante
Era el momento de estirar la masa

Se alegra mucho de verme

 

KEVIN CUADRADO

   


 

De pronto, la piedra supo que era una casa.
Descubrió a la madera y abrió sus ventanas.
Imaginó una niña, una mesa.
Afuera la luz, a su alrededor el viento.
Los patios salían de sus puertas
y la seguían con la mirada.
La vieron en medio de pueblos solitarios,
de los bosques de tantos sitios perdidos,
de tantas casas deshechas entre los escombros.
Si lloraba, dormía tranquila.
El miedo le cerraba los ojos,
el silencio era una forma de oscuridad
y el sonido le permitía ver.
El murmullo de una hoja cayendo
dibujaba un pájaro sobre su cabeza.
Y los peces cruzaban ríos a su alrededor.
La más triste noche
de un sueño seguido de otro sueño,
empujada a correr, regresaban sus pasos,
detrás de la ventana se detenía la vida
y el tiempo quedaba apresado en sí mismo.
Únicamente la casa existía,
como una niña que mira inmóvil.
Cerró la boca:
el mundo tenía
los límites de la mesa.

 

 

VÍCTOR RUIZ

 

  

 

Cabanga

 

En Papeles falsos Valeria Luiselli comenta la intraducibilidad de la palabra portuguesa saudade. Otros idiomas apenas rozan su significado. No es nostalgia ni melancolía, pero estas palabras acarician las esquinas de ese sustantivo, de ahí que cualquier lector recuerde la trágica condición de Werther, o ese estado sin sosiego de Marcel esperando el beso nocturno de la madre. En Sol negro Julia Kristeva estudia en algunos escritores la depresión y la melancolía como forma de ver la vida, de enfrentarla, o simplemente, eludirla, sin embargo aquí tampoco logra un hueco la palabra saudade. Vemos a Gerard de Nerval paseándose por las calles de París, buscando un rincón en la hormigueante ciudad baudelariana para depositar la sombra de su cuerpo meciéndose en la farola, lo vemos y sabemos que vive la saudade; vemos a Fernando Pessoa sostenido a un vaso de cerveza, desdoblándose, multiplicándose porque afrontar la vida como uno es obsceno, lo vemos y los vemos y sabemos que viven la saudade; las últimas líneas  de Cesare Pavese, el 18 de agosto de 1950, en su oscuro diario El oficio de vivir, nos dice: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”, nueve días más tarde sabemos que no soportó la saudade. Valeria Luiselli recorre algunas lenguas para encontrar equivalencias de la palabra saudade, pero no existe para ese sol negro que se dilata en la primera sílaba y  se hincha en la segunda y tercera mejor sinónimo que nuestra triste cabanga.

 

 

ANTONIA TORRES AGÜERO

 


 

a Javier Bello

 

De hábitos crepusculares y nocturnos
el cangrejo de río no hace del todo honor a su nombre.
Se oculta en intrincadas cavernas bajo tierra
complejas galerías en donde pierde la memoria
mientras teje raíces a tientas
cultiva a ciegas flores imaginarias
entre las cuales divisar alguna vez una estrella.

Allí riega un jardín improbable
cava convencido su centro
y deja colgando un hilillo porfiado de espuma
con el que hallar el camino de regreso.

De este modo, ignorante de su error
se sumerge en el fondo de las cosas
mientras cree estar trepando un árbol
a punto de tocar el cielo de las ideas.

De hábitos crepusculares y nocturnos
el cangrejo de río no reconoce un río cuando está frente a él
no puede recordar la arena quien nunca conoció el mar.
¿Qué es una noche, después de todo? parece preguntarse.

Alguien responde:
la noche es la eternidad a gotas
la carroña apilada a la vera del camino
el vendaval que sopla sobre la huerta
la tormenta que obstruye los cauces de agua.

De hábitos nocturnos
en ese paraíso inverso que es su hogar
el cangrejo de río no conoce el río
pero ha encontrado demasiado cerca de él su hábitat ideal:
donde el mundo se escala al revés
donde todo es un vacío por tallar.

 


LUIS ALBERTO MAYORGA

 

 

 

Un extranjero olvidó todo al escuchar el sonido del tambor

Cada día se suicidan 126 personas en Estados Unidos de Norteamérica.

 

Lo conocí poco,

suficiente el par de ocasiones que conversó conmigo​​ 

buscando sentirse mejor.

Creía tener migraña por las preocupaciones que en su país

lapidaban a su familia.

En este país adoptivo no tenía casa, 

ni cómo pagar una renta; 

logró encontrar un grotesco cuarto con arreglo postpago para el fin de semana.

 

No comía,

a su estómago le provocaba náuseas el exhibicionista y burlesco vacío

aislado en una vieja nevera.

No tenía vehículo,

su único par de zapatos

le aconsejaban no caminar más de 5 millas

en búsqueda de trabajo.

 

El extranjero no enviaba el código del banco a su familia;

su esposa e hijos durante 173 días aprendieron la frase:

“les deposito mañana, hoy no tuve tiempo".

 

El sábado tocaba pagar la renta

y el extranjero decidió no estar hambriento,

no agotarse caminando, no ser mendigo de empleos;

olvidó la serie de números que​​ prometió a​​ su familia,​​ 

regaló Alzheimer a las cuentas por pagar

y se despreocupó​​ por​​ el​​ alojamiento.

 

El extranjero se volvió ladrón.

Robó a su novato arrendador una Smith & Wesson

que dormía sigilosa en el cuarto vecino.

El extranjero se confesó con ella y la enamoró con su acento.

Aprovecharon el último día de alquiler

para escuchar juntos el metálico sonido del tambor.

 

La bestia continúa siendo una gran percusionista.