martes, 21 de marzo de 2023


 

ATILIO MILANTA

 

 

 

Conmigo, en mi


El camino llegaba a los pies y hendíanse
de surcos apenas perceptibles
las miradas.

Y en el invierno de este julio el gris
del día
se pierde en el fondo de los ojos.

Espejo de sombras,
duermen esperas de silencios y penumbras.

El camino llegaba y se iba. Y en tanto
quedaba, bebía este aire como una luna
de arenas o cenizas
que busca nombres y los detiene
en el silencio de este cedro.

 

 

ENRIQUE P. MARONI

 

 

 

La quería eternamente

pero ella fue perjura
y llenó de honda amargura
y de pena mi ilusión.
Y es por eso que ahora vivo
siempre a golpes con la suerte
y sólo quiero la muerte
para mi angustiado y pobre corazón.

 


VÍCTOR HUGO LÓPEZ CANCINO

 

  

 

Un beso

  

Regálame un beso de tus labios
que me haga vivir y me emocione,
pero que no sea como el de Judas
que me pueda mentir y me traicione.

Un solo beso yo te pido
con el néctar que brota de tu boca,
que despliegue mi ser y mi sentido
cuando sienta tu piel que a mi me toca.

Que sea un rico beso apasionado
que se una a mis labios suavemente,
que me sepa a turrón azucarado
y me quede gravado eternamente.

 

 

ARTHUR RIMBAUD

 

 

 

Primera velada

  

Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana arrimaban,
pícaros, su fronda pícara.

Asentada en mi sillón,
desnuda, juntó las manos.
Y en el suelo, trepidaban,
de gusto, sus pies, tan parvos.

-Vi cómo, color de cera,
un rayo con luz de fronda
revolaba por su risa
y su pecho -en la flor, mosca ,

-Besé sus finos tobillos.
Y estalló en risa, tan suave,
risa hermosa de cristal.
desgranada en claros trinos…

Bajo el camisón, sus pies
-¡Basta, basta!» -se escondieron.
-¡La risa, falso castigo
del primer atrevimiento!

Trémulos, pobres, sus ojos
mis labios besaron, suaves:
-Echó, cursi, su cabeza
hacia atrás: «Mejor, si cabe…!

Caballero, dos palabras…»»
-Se tragó lo que faltaba
con un beso que le hizo
reírse… ¡qué a gusto estaba!

-Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana asomaban,
pícaros, su fronda pícara.

Versión de Andrés Holguín

 

 

HILDA CONKLING

 

 

 

La isla

 

Volaron mientras el viento nocturno fluía, muy suavemente,
Escucharon dulces cantos que el agua cantaba,
Llegaron a un lugar donde el mar era poco profundo
y vieron tesoros escondidos allí.
Había un álamo
en la isla solitaria,
meciéndose por la tristeza.
Las nubes pasaron sobre sus cabezas
Como una flota de barcos a la deriva.
Y allí se hundieron en el aire
en el sueño.

 

 

ALEJANDRO ROMUALDO

 

 

 

 

Tambor de saudade

  

Bajo la luna y bajo el sol, en la maleza delirante,
Bembo golpea la tierra como si fuera un gran tambor,

y el vuelo de las garzas lleva el aire de los presagios.

Como si fuera un baile, todo el universo se agita:
los viejos flamencos, las hojas, las orquídeas
y el grito de los pájaros es un augurio.

Vestido de gala, sin su collar de blancos dientes,
sin piel de lagarto ni plumas de papagayo,
Bembo toca el tambor oscuro de los delirios.

En la sala de baile, bajo las luces hirientes,
y el saxofón que sopla como un elefante enloquecido,
las trompetas anuncian el juicio final de la tristeza.
Y de su caja de música, que es una caja de sorpresas,
Bembo, el brujo, hace surgir las melodías futuras.

Los tambores del Brasil suenan lentos como la vida que empieza
o como la muerte que empieza su prodigioso nacimiento,
y el mágico tam-tam de su corazón emocionado
llena el pecho del hombre de una palpitación indescriptible
y el vientre de la hembra de un ruido sofocante.