Mostrando entradas con la etiqueta SALVATORE QUASIMODO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SALVATORE QUASIMODO. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de junio de 2023

SALVATORE QUASIMODO

 


 

Cada uno está solo…

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol
y de pronto la noche.

 

domingo, 26 de junio de 2022

SALVATORE QUASIMODO

 

 

 

Imitación de la alegría

 

 

Donde los árboles aún
más desolada hacen la tarde,
al tiempo que indolente
se ha desvanecido tu último paso,
aparece la flor
en los tilos y persiste en su suerte.

Buscas una explicación a los afectos,
pruebas el silencio en tu vida.
Otra ventura me revela
el tiempo reflejado. Aflige
como la muerte, la belleza
ya en otros rostros fulmínea.
He perdido toda cosa inocente,
incluso en esta voz, que sobrevive
para imitar la alegría.

 

Versión de Carlo Fabretti

 

 

lunes, 20 de junio de 2022

SALVATORE QUASIMODO

 

  

Lamento por el sur

 

 

La luna roja, el viento, tu color
de mujer del Norte, la llanura de nieve…
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.

Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .

Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.

 

Versión de Carlo Fabretti

 

martes, 14 de junio de 2022

SALVATORE QUASIMODO

 

 


De tierna mujer echada entre las flores



Se adivinaba la estación oculta
por el ansia de las lluvias nocturnas,
por los cambios de las nubes en el cielo,
undosas leves cunas;
y yo estaba muerto.

Una ciudad suspendida en el aire
era mi último exilio,
y en torno me llamaban
las suaves mujeres de otros tiempos,
y la madre, renovada por los años,
con su dulce mano escogía entre las rosas
y con las más blancas ceñía mi cabeza.

Afuera era de noche
y los astros precisos seguían
ignotos caminos en curvas de oro
y las cosas vueltas fugitivas
me llevaban a rincones secretos
para hablarme de jardines abiertos de par en par
y del sentido de la vida;
pero a mí me dolía la última sonrisa

de tierna mujer echada entre las flores.

 

Versión de Carlo Fabretti

 

 

miércoles, 8 de junio de 2022

SALVATORE QUASIMODO

 

 

En el preciso tiempo humano



Yace en el viento de profunda luz
la amada del tiempo de las palomas.
De mí de aguas de hojas,
sola entre los vivos, oh dilecta,
hablas; y la desnuda noche
tu voz consuela
de lucientes ardores y leticias.

Nos decepcionó la belleza, y la desaparición
de toda forma y memoria,
el lábil movimiento revelado a los afectos
a imagen de los internos fulgores.

Pero de tu sangre profunda,
en el preciso tiempo humano,
renaceremos sin dolor.

 

Versión de Carlo Fabretti

 

jueves, 2 de junio de 2022

SALVATORE QUASIMODO

 

  

El alto velero

 

 

Cuando vinieron los pájaros a mover las hojas
de los árboles amargos junto a mi casa
(eran ciegos volátiles nocturnos
que horadaban sus nidos en las cortezas),
alcé la frente hacia la luna
y vi un alto velero.

Al borde de la isla el mar era sal;
y se había tendido la tierra y antiguas
conchas relucían pegadas a las rocas
en la rada de enanos limoneros.

Y le dije a mi amada, que en sí llevaba un hijo mío
y por él tenía siempre el mar en el alma:
«Estoy cansado de estas olas que baten
con ritmo de remos, y de las lechuzas
que imitan el lamento de los perros
cuando hay viento de luna en los cañaverales.
Quiero partir, quiero dejar esta isla.»
Y ella: «Querido, ya es tarde: quedémonos.»

Entonces me puse a contar lentamente
los vivos reflejos de agua marina
que el aire me traía a los ojos
desde la mole del alto velero.

 

Versión de Carlo Fabretti