"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 31 de julio de 2026
VERA RICH
Si
yo FUERA tú…
Si
yo FUERA tú, clamaría
por estudiar gramática inglesa,
y ocultaría mi faz, que ardía,
hasta dominar bien su sutileza.
DANIEL ALCÁZAR
Bajo
un árbol
Irena
Sendler
Escribo
nombres
que no me pertenecen.
Los doblo hasta que caben
en la respiración del vidrio.
La tierra aprende a guardar secretos.
Sobre ella un manzano
ensaya la memoria.
De:
“La memoria encendida”
ZUZANNA GINCZANKA
Non omnis
moriar — mis espléndidas posesiones,
Prados de manteles, fortalezas de armarios,
Sábanas extensas, preciosas lencerías
Y mis vestidos, vestidos claros me sobrevivirán.
No dejo aquí a herederos,
Que tu mano hurgue entre mis cosas judías,
Señora Chominowa, de Lvov, valiente consorte de un soplón,
Delatora diligente, madre de un Volksdeutscher.
Que te sirvan ahora a ti, a los tuyos, ¿por qué dejarlas a extraños?
Oh, queridos — no es una lisonja ni palabras vanas.
Me acuerdo bien de vosotros, como también vosotros de mí
Os acordasteis cuando llegó la Schupo.
Como les recordasteis quien era yo.
Que levanten la copa, pues, estos amigos
Y brinden por mi entierro y por su riqueza:
Alfombras y tapices, fuentes y candelabros —
Que beban toda la noche, y cuando llegue el alba
Que empiece la caza de alhajas, gemas y oros
En sofás, colchones, edredones y sábanas.
¡Oh, cómo cundirá la faena en sus manos!
Bucles de crines equinos y de heno marino,
Nubes de plumón de almohadas rajadas
Se les pegarán a las manos, tornándolas alas;
Será mi sangre que pegará la estopa con el plumón ligero
Y alados de pronto los convertirá en ángeles.
1942
De:
“El ave de fuego”
Versión
de Elzbieta Bortkiewicz
FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL
El
sonido del timbre, en qué punto de la vida suceden las cosas.
líquido
Qué
habrá después del sueño,
geografía
La
vida es una mentira por la que pasamos de puntillas para que no despierte.
tesis
Nada
es real
subterráneo
Después
permanece nuestro encuentro, el vuelco de este mundo.
lugar
El
amor un vaho que se dispersa con la mano.
lugar
No
es el libro, es el polvo que se posa en los libros.
De:
“El libro de la sed”
RONNY RAMÍREZ
La
bella durmiente
A una niña que se acurrucaba y dormía a un lado de la
acera
El
sol asomaba, lento y rasante,
entre las infinitas sábanas
y la niña se plegaba
al seno de una nube
como Venus recién nacida
en un lecho de blancas rompientes.
Yo iba apresurado,
impelido por el viento largo y frío,
cuando me volví sobre la pequeña diosa,
tendida y regocijada en su sueño.
Soñaba, quizás, sin advertir
a los íncubos y roedores que se escabullían
en su sombra,
sin sospechar del sátiro que resoplaba
y seguía su rastro.
Apenas pude entrever
cuán apacible se hallaba entre sus velos,
cobijada, la princesa,
por edredones de islas mágicas y remotas.
Las pisadas raudas y errantes
que cruzaban de cerca
debían tener pluma de ángel,
el humo que ascendía y rondaba
el ámbito del cielo
debía tener el aroma de un buen desayuno,
porque la niña se acurrucaba y sonreía
como si aguardara un regalo.
Pero no era un príncipe quien se acercaba,
sino un animal hambriento.
En pleno bullicio de la calle,
el mundo que se sacudía y despertaba
no tenía el hechizo de las viejas historias
ni del pájaro trovador.
Había furiosos carros
que no eran tirados por corceles de sedosa crin,
multitudes que carecían de brillo
para hacer de valerosos personajes,
edificios altos y lóbregos
que nada tenían que ver
con palacios o castillos.
Parecería que de aquellos cuentos dorados
solo sobrevivieron los monstruos
que jadean y se arrastran a la superficie
en busca de criaturas pequeñas y perdidas.
Yo seguía viendo a la bella durmiente
desde un autobús que estaba por partir,
y su figura me pareció de repente
la de un polluelo que se llena de hormigas.
Era un gran lienzo echado a perder,
un cuadro trágico y hermoso sin firmar,
y yo me llevaba su recuerdo
como la hoja de un árbol
que se tragaría el concreto.
Seguía amaneciendo en torno
a la pequeña diosa que se tendía sobre el abismo,
y el destello de su poder se desvanecía
como el murmullo del mar por la carretera.
La princesa que se aferraba
a su canción de cuna
como a un barquito de papel.
La niña que reía y soñaba con sábanas limpias
hasta llegara el camión de la basura.
De:
“Condeno la noche y sus perros de caza”
