"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 28 de febrero de 2026
RAFAEL CAMPOS LOZANO
Voces
alaridas
Primero
se oyeron las voces
en formas diversas salieron
hasta ser estruendo
Algunas decían plegarias
a gritos
furias de palabras a los viejos dioses
los viejos dioses que ya antes habían oído plegarias
tan iguales a estas plegarias
La voz de la furia creció hasta ser grito
anunció la llegada del rito del odio
de los rezos de amor a los rezos del odio
se conoce muy bien el camino
el camino del odio
la sangre no borra el camino
la sangre no llega a borrar el camino de los viejos odios
Entre una guerra y la siguiente guerra
la sangre y el odio y la pena
son caminos hondos
no se llenan nunca de perdón ni de tierra
La voz que era rezo
fue de repente voz de odio
y encontró muchas voces del color del odio
70Se escucharon las voces antiguas del tiempo
sus ecos lejanos en los calendarios
los calendarios de cenizas de tiempo
guardan las voces antiguas
todas juntas ya no se distinguen
todas llaman a la sangre nueva
a la rabia nueva
a la nueva furia y a la nueva venganza
La misma salmodia
sin música
solo el latir de la pena acompaña
el lamento de la letanía
Y así cubre el manto de sangre la tierra
Y así cubre el manto de dolor la tierra
Y así cubre el manto de pena la tierra
Y así cubre el manto de estruendo la tierra
Y así cubre el manto de gritos la tierra
Y así cubre el manto de muerte la tierra
Y así cubre el manto de traición la tierra
Y así cubre el manto de terror la tierra
Y así cubre el manto de horrores la tierra
Y así cubre el manto de espanto la tierra
Y así cubre el manto de luto la tierra
Y así cubre el manto de crimen la tierra
Y así cubre el manto de impiedad la tierra
Y así cubre el manto de infamias la tierra
La tierra del hombre
la tierra del fracaso del hombre
De: “Inusitaciones”
LUIS CHAVES
Ringside
Fue
la mejor pelea de Alí
o de Cassius Clay, como él lo llamaba,
negándose a aceptar
su recién adquirido nombre musulmán.
Ese
negro levantaba los guantes
y convertía el cuadrilátero
en una pista de baile.
Años después comprendí
que ese fue mi encuentro inicial con la poesía.
Entre
el quinto y sexto round
papá bajó su guardia por primera y última vez,
sin dejar de ver la tv dijo:
no me iba a casar con su mama
aunque usted ya había nacido,
estaba enamorado de otra.
En
el álbum familiar
tengo un viejo fotoposter de Alí
justo cuando noqueaba a Foreman en Zaire.
Es mi foto preferida de mamá.
JESÚS RAMOS DÍEZ
He
aquí tu espuma como luz
que irradia entre chispazos de licor
los efluvios más íntimos de tus caderas;
descarga de relámpagos que rodea tu cintura
para alcanzar el delirio del acto de amor
más bello hacia uno mismo;
catarsis de fluidos, líquidos secretos
que aguardan en la orilla de tus labios
el paso arrollador de la ola más salvaje;
cascada de lava, flor abierta y entornada,
desgarro desnudo del alma, océano de vida,
esa vida que indefectiblemente
siempre dejaremos a medias.
La
vida que dejamos a medias
Mujer…
de
trazos ovalados,
de contornos ocres,
de vértices rosados,
de sentidos efervescentes
que levantan el barniz
de cada pliegue mojado;
piel
que se rompe a jirones mordaces
en el delirio preciso de tu nombre.
Herida
de luz, barro primero,
hendidura de ámbar que se revela
a sangre y fuego de pétalos tuyos
en las noches soñadas del ocaso;
dúctil
ensambladura, muéreme
en la urgencia del tiempo que se escapa.
Tu
voz, audible apenas,
se diluye como leve gemido
entre los anclajes derramados
de tu verdad desnuda;
acuario
de sal, manantial sediento
de efluvios consumados.
Mi
boca, ávida de ti,
se despeña en vuelo
por los arrecifes anegados
de tu pubis abierto;
ánfora
críptica de lluvia,
resumen candente de tu estirpe
donde
habita el beso
que guardo entre tus muslos
que me invitan a compartir
tu mismo ritmo acompasado…
la
vida que una vez
dejamos a medias.
De:
“Tu ofensiva belleza”
BENJAMÍN PRADO
Dedicatorias
Me
da pena mirar los libros dedicados,
porque
llevan
las
firmas
de
las mujeres y hombres que me hicieron quien soy:
si
yo creyese en santos,
les
rezaría a ellos.
Recuerdo
bien el día que les pedí el autógrafo:
me
parecían seres caídos de una nube,
inclinados
sobre el papel,
tan
dignos,
como
si ya posaran para este poema;
y
que al escribir mi nombre junto al suyo
eran
el capitán que me alistaba
en
la tripulación
de
su barco hacia Ítaca.
Si
he llegado a algún sitio fue siguiendo sus huellas.
Bien
mirados,
no
parecían héroes,
criaturas
románticas, ni personajes épicos
—Byron
sólo quería buscar una belleza
que
le hiciera erigir y arrasar otra Troya—
sino
gente normal que tenía sus dudas
—no
hay peor jeroglífico que la página en blanco—,
más
que magia hacía artesanía
y a
veces fracasaba —aunque ya saben: sólo
puede
ser derrotado quien trata de vencer.
En
muchos casos eran figuras literarias,
nombres
cuyo pasado
tal
vez
les
condenase
a
pelear contra sus propias obras
sabiendo
que esa guerra la tenían perdida:
en
la era del vértigo,
nadie
mira atrás.
Me
he dejado los ojos en su prosa y sus versos
y a
unos cuantos les quise
cuando
el azar
los
puso en mi camino,
como
la noche ofrece a quien va a la deriva
y
con la tempestad dentro del corazón,
el
faro de la luna.
Vuelvo
a mirar sus letras —parece que se mueven
como
ríos de tinta— y les veo las manos,
con
sus venas azules, sus anillos de oro,
el
tiempo que avanzaba
despacio
y a la vez deprisa en su reloj.
Y
mientras me pregunto
qué
va a ser de estos libros,
dónde
irán a parar, quién eres tú y qué buscas,
me
ha perecido oír en la corriente
dos
voces que decían: oh muerte, pan de todos,
quién
vive aquí y quién es el que ya no está.
De: “La
edad de los fantasmas”
RAQUEL JADUSZLIWER
Las
tardes son tan arduas,
una
figura nueva de la soledad
se
encarama en el tiempo.
Así
como se vive la luz en el declive,
así
todo se ve.
Talentos
y tormentos, correntada.
Pasaje
del gran descentramiento
al
punto cero.
De:
“Espiga de los días”
MANUEL ILLANES
Los
españoles fueron lo suficientemente astutos para conservar ciertos restos de la
arquitectura inca en el Cuzco; arrasaron los edificios, conservando sus
fundamentos, con independencia de razones prácticas concretas (reutilizar el
material para la construcción de sus propios templos) conscientes de que
algunos lugares dentro de la ciudad poseían el prestigio de lo sagrado,
prestigio que se remontaba con seguridad hasta los orígenes de la ocupación del
valle por los incas, fundiéndose por tanto con el mito. Sobre estos fundamentos
erigieron sus catedrales, buscando traspasar el aura sobrenatural de los
primeros edificios a sus construcciones. Hábil maniobra de mercaderes; sin
embargo, la majestad de las iglesias cristianas palidece frente a la
perfección, a la monumentalidad de estas plataformas. El contraste es demasiado
evidente. Las iglesias son meras excrecencias, se podría pensar, musgo
acumulado sobre la cabeza de un jayán que yace profundamente dormido.
De:
“Las puertas del Edén”
