sábado, 28 de febrero de 2026

JESÚS RAMOS DÍEZ

 

 

 

He aquí tu espuma como luz
que irradia entre chispazos de licor
los efluvios más íntimos de tus caderas;
descarga de relámpagos que rodea tu cintura
para alcanzar el delirio del acto de amor
más bello hacia uno mismo;
catarsis de fluidos, líquidos secretos
que aguardan en la orilla de tus labios
el paso arrollador de la ola más salvaje;
cascada de lava, flor abierta y entornada,
desgarro desnudo del alma, océano de vida,
esa vida que indefectiblemente
siempre dejaremos a medias.

La vida que dejamos a medias

Mujer…

de trazos ovalados,
de contornos ocres,
de vértices rosados,
de sentidos efervescentes
que levantan el barniz
de cada pliegue mojado;

piel que se rompe a jirones mordaces
en el delirio preciso de tu nombre.

Herida de luz, barro primero,
hendidura de ámbar que se revela
a sangre y fuego de pétalos tuyos
en las noches soñadas del ocaso;

dúctil ensambladura, muéreme
en la urgencia del tiempo que se escapa.

Tu voz, audible apenas,
se diluye como leve gemido
entre los anclajes derramados
de tu verdad desnuda;

acuario de sal, manantial sediento
de efluvios consumados.

Mi boca, ávida de ti,
se despeña en vuelo
por los arrecifes anegados
de tu pubis abierto;

ánfora críptica de lluvia,
resumen candente de tu estirpe

donde habita el beso
que guardo entre tus muslos
que me invitan a compartir
tu mismo ritmo acompasado…

la vida que una vez
dejamos a medias.

 

De: “Tu ofensiva belleza”

 

 

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