He
aquí tu espuma como luz
que irradia entre chispazos de licor
los efluvios más íntimos de tus caderas;
descarga de relámpagos que rodea tu cintura
para alcanzar el delirio del acto de amor
más bello hacia uno mismo;
catarsis de fluidos, líquidos secretos
que aguardan en la orilla de tus labios
el paso arrollador de la ola más salvaje;
cascada de lava, flor abierta y entornada,
desgarro desnudo del alma, océano de vida,
esa vida que indefectiblemente
siempre dejaremos a medias.
La
vida que dejamos a medias
Mujer…
de
trazos ovalados,
de contornos ocres,
de vértices rosados,
de sentidos efervescentes
que levantan el barniz
de cada pliegue mojado;
piel
que se rompe a jirones mordaces
en el delirio preciso de tu nombre.
Herida
de luz, barro primero,
hendidura de ámbar que se revela
a sangre y fuego de pétalos tuyos
en las noches soñadas del ocaso;
dúctil
ensambladura, muéreme
en la urgencia del tiempo que se escapa.
Tu
voz, audible apenas,
se diluye como leve gemido
entre los anclajes derramados
de tu verdad desnuda;
acuario
de sal, manantial sediento
de efluvios consumados.
Mi
boca, ávida de ti,
se despeña en vuelo
por los arrecifes anegados
de tu pubis abierto;
ánfora
críptica de lluvia,
resumen candente de tu estirpe
donde
habita el beso
que guardo entre tus muslos
que me invitan a compartir
tu mismo ritmo acompasado…
la
vida que una vez
dejamos a medias.
De:
“Tu ofensiva belleza”
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