martes, 7 de marzo de 2023


 

ESTELA PUYUELO

 

 

Sol

  

Me gusta ver el sol cuando se cae
y se corta en el cuchillo de nubes
de sangre naranja
y mata al día
en ese precipitarse lento
hacia algún lugar
que enterrará también
la última luz de hoy.

Volverá mañana a rajarse,
dramático, el mismo
círculo de fuego
que revela su pantomima,
entre algodón de azúcar,
al amanecer.

 

 

JUANA MARÍA NARANJO

 

  

VII


Si el rocío desliza
                               en las hojas
proclamando tu nombre, Señor
elevaré mi grito
a tu corazón de amor,
implorándote la salud.

 

De: “Abedules de luz”

 

MANUEL M. FOREGA

 

 

 

Poesis

  

Signos del tiempo que lo posee todo:
La luz, el aire, el cejo
como vaho del rocío abrasado
por el rayo, por el rayo…
de un sol que tampoco calla su nombre;
signo de tu nombre mismo poblando
el mundo: Las aves,
los aromas, la transparencia azul
de los cálidos cirros;
los pescados, los frutos, las plantas
verdeando contra el viento,
el agua de los nimbos, los mares,
la nieve luminosa, la húmeda selva,
los perfiles de poniente,
los pastos, los caballos y el reptil,
las albas insomnes,
el mármol del horizonte,
los roquedos y las cimas,
el fuego, el viento, el incendio,
el hondo hielo, las larvas,
las semillas, el bosque, el lobo,
los rodenos y el tilo,
la esmeralda y el jazmín,
el león y su presa,
el buitre y la carroña,
la piedra que guarda el tiempo,
la orilla, el páramo, el abismo,
el lecho del río, el río,
los valles y el volcán,
la mosca y la araña,
los cálamos cimbreando, la brisa,
el yodo, el acantilado,
las dunas, la noche, el frío,
el niño, la sangre de su herida…
Incluso tú, misántropo viril,
que, como única arma blandes la eléctrica lámpara,
dispones de un nombre que te diferencia y cita.

  

De: “Ademenos”

 

RENÉ E. RODAS

 

  

La canción de Amnios

  

Una cuerda de embriagadora belleza era yo, doncella y juncal. Y la brisa y el sol vibraban en mí.

Una flauta de fina madera era yo. Y la belleza hacía de mí la canción que seduce al dios del tiempo.

Una promesa hecha de alertas y rumorosas colinas era yo. Y las miradas se llenaban de calor y gratitud al verme.

Y un día llegaste tú. Un impetuoso océano era tu voz. Y me hiciste parte de la fabulosa leyenda del deseo.

Era la hora de la siesta, lo recuerdo. Y me dejé raptar de tus requiebros. Y bebí de tu copa y soñé tus sueños.

Me sacudió tu peso como un campanazo de rebato. Y tu olor desesperado de varón inundó mi piel.

Mi cuerpo se dejó hechizar de la sabia rudeza de tus manos. Y desperté a tu llamado.

Me supe más viva que nunca, habitada por el relámpago y en él despierta. Y en mis entrañas ardió tu palabra.

Desde aquella tarde crece en mí la presunción de una bestia sagrada. Un delgado hilo en la inmensa rueca del tiempo.

Flagelo en que la vida desata su peste. En mí encontró una pródiga nuez en la que construir las armas de su reino.

Espiral extasiada en la expansión de su signo. Para crecer se aferra al tierno mucílago de mis paredes interiores.

Pececillo abrumado por el silencio marino que hay en mí. Bestia amada y extranjera que mi vientre acoge.

Creces incorrupto, como fuera de las horas, obstinado en tu propio provecho. Incrédulo de ti mismo como la obra ante su creador.

Que mi belleza te sea armonía, misterioso huésped. Que mi juventud te dé vigor. Que te sea plácida esta habitación.

Ah, invasor. Hoy sólo somos tú y yo. Mañana te me ha de robar el mundo y ya nadie podrá salvarte.

  

De. “Poemas de Montreal”

 

 

PEDRO LASTRA

  

  

 

Visitante

  

Alguien llama a la puerta, y luego sigue ahí,
más allá de nosotros pero inmóvil
sin gesto alguno,
ni airado ni amistoso,
al modo en que se acercan
las personas de un sueño
a reclamar su sitio y su dominio:
entonces
qué podemos hacer sino invitarlo
a recorrer la casa, y enseguida
caminar junto a él
acordando sus pasos y los nuestros
……. ..uno…….a…….uno

  

De: “Poesía completa”

 

MARIANA BERNÁRDEZ

 


 

Del viaje

 

Y si la encuentras pobre, no creas que Ítaca te ha engañado.
Constantino Kavafis, “Ítaca”,
Poesía completa

  

¿Te conté de los caballos galopando en el reflejo de los vidrios?
No me atreví por aquello de que pensaras que la razón
se me había liado en alguna esquina del pensamiento
Lo cierto es que su esgrima poco puede ante la ausencia
o cuando el sol está alto y calcina las paredes
y su azar semeja un espejismo en el raudal del desierto

La mirada se me pierde y anhelo contemplar Estambul
su Mezquita Azul o el Gran Bazar
¿volverán mis pies a subir la cuesta de Delfos
o serán acariciados por las olas de Larissa?

¿Ha de ser la brevedad la constante que rija los días?

Extenso es tu latido amparado por mi mano
y su retorno suaviza el relieve
donde bien hallado está nuestro nombre

Albea

Yaces junto a mí

El Cuerno de Oro y sus puentes y su olor de especias
son visitantes nocturnos
el Bósforo y su calima
ventisca y brisa alzando su soplo al derredor
En lejanía la Mezquita de Süleyman brilla sobre el crepúsculo
Desde esta ribera la vista no alcanza el Topkapi
Hay una hermosura ríspida y aquietada que adormece los sentidos
Sobre la mesa el pan y unas aceitunas aderezadas con anís
La cabeza de la Medusa en la cisterna de Yerebatan Sarayi
nos apresa con su demasía
y sé de cierto que otros caminos
han sido los andados
aún de que su ocurrir
haya sido un redoble
en el claror del aguacero.

  

De: “Del viaje”